Aureliano Sáinz
No hace mucho salió un debate en Azagala digital acerca del origen y uso de la palabra “sapalipanda”, que el diario El Confidencial atribuía a Alburquerque. Tras consultar el Diccionario extremeño del profesor Antonio Viudas Camarasa, escribí un artículo titulado Las palabras olvidadas de Alburquerque en el que aportaba lo que decía este afamado lingüista experto en las palabras del dialecto extremeño.
Ahora quisiera abordar la duda que me surgió cuando llamé a Esteban Santos para charlar un rato con él y con el deseo que me informara de las novedades del pueblo. Me respondió que se encontraba en el campo, ya que con unos amigos tenían preparada una “forriola”. Por mi parte le indiqué que yo había escuchado “furriola”, pero que de todas formas consultaría.
Tengo que apuntar que fuera de Alburquerque nunca he escuchado esta palabra, por lo que imagino que es uno de los localismos que perviven en el lenguaje del pueblo, a pesar de los grandes cambios que se han producido con la aparición de internet. Lo cierto es que mientras se conserve esta tradición la palabra seguirá viva; no sucede lo mismo con otras que solamente las personas muy mayores las recuerdan, ya que las escucharon en sus años de infancia o juventud.
También es verdad que salir al campo para disfrutar de una comida compartida es una tradición que se mantiene en muchos lugares. Es común la palabra “barbacoa” para estos encuentros culinarios. En el caso de Córdoba, lugar en el que resido, se emplea “perol” o “ir de perol” para referirse a las degustaciones colectivas en las que la paella con carne tiene el mayor protagonismo.
Tal como he apuntado, desde mis años de adolescente, yo había escuchado “furriola” para referirse tanto a esas comidas campestres como para aludir a algunas fiestas o juergas, lógicamente, en esta segunda acepción con un cierto tono jocoso.
Para salir de dudas, acudí de nuevo al diccionario de Viudas Camarasa para aclararme. En él solo aparecía “furriola”. Pero lo más curioso es que allí se hiciera referencia a Badajoz y a Mérida como las localidades extremeñas en las que se usa esta palabra.
Me llamó la atención que no citara Alburquerque, por lo que llamé a Emiliano y a Diego, dos amigos que desde hace muchos años residen en Badajoz y en Mérida, respectivamente. Ambos me indicaron que en esas localidades nunca habían escuchado esta palabra, que solamente la habían oído cuando se habían visto con alburquerqueños.
Seguí indagando. He podido averiguar que su origen se encuentra en la lengua árabe. También que las furriolas eran frecuentes entre los cazadores extremeños cuando al terminar la jornada de caza acababan comiendo juntos al tiempo que celebraban las piezas logradas en ese día.
Esta es la razón por la que he incluido como portada de este breve escrito la imagen del lienzo “El retorno de la montería” de Adelardo Covarsí, conocido pintor extremeño de tipo costumbrista, en el que aparece un grupo de cazadores con sus escopetas acompañados de un par de perros, al tiempo que, detrás de ellos, se muestra un caballo portando un ciervo.
Cierro, preguntándome si en la actualidad es más frecuente en Alburquerque el uso de “furriola” o el de “forriola”; o si ambas palabras conviven en buena armonía.
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