EUGENIO LÓPEZ CANO
El medio más utilizado por el hombre para transporte y desplazamiento fue la caballería, a cuya grupa solían y suelen acomodarse no sólo las personas sino que, para mayor aprovechamiento, se les aplica sobre la misma diversos artefactos como serones o aguaderas de dos o cuatro cestas o departamentos para acarreo de materiales, hasta la aparición del carro/carreta, uno de los vehículos de tracción animal que más ha influido sin duda en el desarrollo de los pueblos.
El carro más primitivo que se recuerda en Alburquerque consistía en un vehículo de dos ruedas, con bolsas de esparto bajo el tablero, tirado por una, dos o tres parejas de caballos o mulas. A veces en la parte delantera se colocaba un burro, como guía, llamado canario. Los había de dos clases: carro de varas y de lubio o yugo. Servía indistintamente para transporte de carga y traslado de viajeros, un servicio éste último, como veremos, muy activo en la vida de nuestro pueblo.

Hasta finales del siglo XVIII los caminos se reducían a cordeles, carriles y veredas estrechas. En el «Interrogatorio formado de Orden del Consejo para la Visita de la Provincia de Extremadura…», realizado en 1791 (Archivo Histórico Provincial de Cáceres), se dice, referido nada menos que al Camino Real de Badajoz que luego comentaremos, en comparación al resto de los demás caminos, que «hay algunas quebradas o repechos que no son peligrosos para Ruedas, pero sí penosa, con más de dos Leguas de Monte pardo, que sería muy útil Rosar y quemar a alguna distancia de un lado y otro del camino para el Libre tránsito de los pasajeros».
Señala más adelante que en el «intermedio a Badajoz, a distancia de dos leguas de ésta, separa el mismo río (se refiere al Gévora), sin Puente, y en tiempo de aguas no es vadeable. Conviene que se le hiciese para la comunicación de ambas Plazas, conducción de aceite y vino y tránsito de las carretas que conducen madera de Castilla y esta Provincia a la Plaza de Badajoz. Cosa lastimosa es que entre estas dos Plazas no hay pueblo ni una sola casa, sino es Bosque espeso y bajo, que solo sirve de abrigo de fieras y ladrones (…)

Correos y diligencias: se recibe la correspondencia pública en la administración de Badajoz por medio de valijero; llega los domingos, martes y viernes; y sale para el mismo punto los lunes, miércoles y sábados».
A propósito de la utilidad del carro para servicios fuera de la Villa, don Pascual Madoz en su «Diccionario histórico-geográfico de Extremadura», escrito en 1842, nos cuenta que Alburquerque gozaba entonces de «una Administración de Correo, sin oficial alguno, que dirige éste para las villas de Valencia de Alcántara, San Vicente y principalmente para la Ciudad de Badajoz, de la que reciben las cartas Domingo y miércoles por la mañana y sale los Lunes y Viernes a las ocho de la mañana, esto es, en tiempo de invierno, y en el verano se reciben las cartas miércoles y sábado por la mañana y sale Jueves y Domingo a las cinco de la tarde».
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