martes, mayo 26, 2026
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Entre un mar de pizarras y un océano de aguas interiores

TEXTO: FRANCIS NEGRETE/// FOTOS: ALFONSO GONZÁLEZ ALMUIÑA

El programa del Colectivo Cultural Tres Castillos  “Conocer Portugal con Moisés Cayetano” nos llevó ayer al bonito pueblo de Monsaraz, pero no es lo mismo una visita por libre que hacerla de la mano de Moisés, porque las explicaciones de este historiador extremeño, al que incomprensiblemente aún no le han otorgado la Medalla de Extremadura, hace que te sumerjas en la historia de cada elemento contemplado, ya sea un castillo amplio y poderoso, o la mínima pieza de una puerta, o un monumento en ruinas.

  Ayer pasó de cincuenta el número de expedicionarios y no es fácil manejar un grupo tan grande, por ello, Moisés Cayetano hace un resumen previo de la jornada dentro del autobús, donde coge el micrófono y facilita que el viaje sea ameno y apasionante.

  Por cada pueblo que pasamos, este guía de lujo iba incidiendo en sus entrañas, explicando el poderío de los templarios que conquistaron toda esa zona de la raya, porque su poder estaba por encima del de los mismos reyes.

  Monsaraz, villa encaramada -como tantas en la frontera- en lo alto de un vistoso montículo, a los pies del Guadiana, conserva vestigios desde la más remota prehistoria, abundando en los alrededores buen número de megalitos que merecen una visita. Pasó por ella la civilización romana, a la que siguieron los visigodos, llegando en el siglo IX a ser tomada por los moros y formar parte enseguida del reino de Badajoz. Moisés habló de Geraldo Sem Pavor (una especie de Cid Campeador de la Raya extremeño-alentejana) quien la conquistaría en 1167, aunque los almohades la recuperan en 1173.

  Cuando en 1252 es reconquistada por don Sancho II, fue entregada a los Templarios, obteniendo once años después carta foral. Desde esa fecha hasta el final de las guerras de Restauración contra España, a mediados del siglo XVII, vivió su época de esplendor, pues constituyó una plaza fuerte de vital importancia. De ahí su extraordinario legado arquitectónico militar, tanto en fortificación medieval como abaluartada, que le recubren como un doble caparazón de tortuga inexpugnable. Y lo sorprendente, para los que venimos acostumbrados a visitar fortalezas de granito, caliza o piedra arenisca, es la casi exclusividad de piedra pizarrosa en los enormes paredones, torres, castillo, e incluso iglesias, casas y hasta empedrado de las calles.

  Moisés explica que todo se conserva, tras sabias y oportunas restauraciones, en un grado óptimo, admirable. “Da un poco de sana envidia, pues no es fácil que una población que pierde su importancia estratégico-militar y económica, y que queda fuera de ruta (para acceder a ella hay que ir intencionadamente a ella y sólo a ella), esté tan vital, habitada, activa y sabiamente rehabilitada, sin el mal gusto de la especulación rápida o de las torpes actuaciones oficiales, corrientes en otros ámbitos”.

  Pero antes de entrar en esta villa museo, muy turística, Moisés condujo a la expedición a las afueras de la Monsaraz, al convento de Orada, convertido en lujoso hotel que ahora va a recibir casi cinco millones de euros para nuevas instalaciones; y tras esta visita fuimos al cromlech de Xerez. Este es un monumento megalítico prehistórico formado por grandes piedras verticales o menhires dispuestos en este caso de forma casi cuadrada. Cayetano desveló que ese monumento se salvó de quedar enterrado como otros megalitos bajo las aguas del pantano de Alqueva al trasladarlo piedra a piedra hasta un lugar a donde no llegan las agua por mucho que suba el nivel, y ahora éste está a tope, y su vista es realmente espectacular. Por ello, antes de subir a Monsaraz, el guía nos llevó a las instalaciones turísticas ubicadas junto a su playa fluvial.

  Fue una maravilla el paseo de acercamiento al pueblo, porque mientras contemplábamos las distintas construcciones, de diferentes épocas, perfectamente armonizadas, íbamos los detalles de cada una de las partes adelantadas a la muralla de boca de este experto en el patrimonio y la historia de Portugal que con tanta entrega y desinterés nos está facilitando el conocimiento de un país inmenso en maravillas. Y Monsaraz es una de ellas; no en vano, en 2017, ganó la categoría «Aldeas Monumentales» en el concurso 7 Maravilhas de Portugal.

 Tras entrar en la villa, atravesamos las callejas estrechísimas pobladas de restaurantes, miradores y tiendas de artesanía, y Moisés Cayetano condujo al grupo hasta la Iglesia Matriz (Nuestra Señora de la Lagoa), de los siglos XVI al XVIII, de airosas torres y columnas poderosas de pizarra, con cabecera de estilo góticorromano. Y de ahí al castillo, con la placita de toros entre sus muros.

 Subiendo a la Torre del Homenaje, se divisa un mar de lagos y encinares de una gran belleza.

  Extasiados por el paisaje y rendido ante los encantos de la villa, llegó la hora de la pausa para reponer fuerzas. Y tras ella, un pequeño grupo nos dirigimos a la ermita de Santa Catarina, de la que ya hablaremos más despacio. Y, por el camino, salió a relucir la vena esparraguera de algunos Combatientes, con Esteban Santos al frente. Un buen manojo cogimos entre unos cuantos. Pero no dejamos que los espárragos nos impidieran ver la joya templaria, casi recóndita, que nos recordó a la ermita de los Santiagos, en la dehesa alburquerqueña.

(PRÓXIMAMENTE AMPLIAREMOS EL ALBUM DE FOTOS DE ALFONSO GONZÁLEZ)

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