UNA ENTREVISTA DE FRANCIS NEGRETE/ AZAGALA
-Para quienes solo te conozcan por tus artículos creativos de AZAGALA, cuenta cómo fue tu relación con Alburquerque.
Pues yo llegué a Alburquerque siendo muy niño, más o menos en 1983. Viví en el Cuartel de la Guardia Civil durante nueve maravillosos años.
Aunque queda ya muy lejos en el tiempo y son recuerdos de infancia, aquellos años fueron enormemente intensos. La vida en el cuartel, donde cerca de veinte familias convivíamos con una cercanía que hoy resulta difícil de explicar, y mis años en el colegio, junto a mi querida generación del 79, hicieron que disfrutara de una infancia muy feliz.
Esos nueve años dejaron en mi un sentimiento profundo de pertenencia a Alburquerque que ya, a estas alturas de la vida, creo que nunca voy a perder. Como les ocurre a muchos hijos de guardias civiles, siempre tenemos la sensación de no ser de un único lugar. A cambio, sentimos como nuestros muchos pueblos, uno por cada destino en el que hemos vivido. Solo con el paso de los años llegas a comprender la enorme riqueza personal y cultural que eso te aporta.
En mi caso, Alburquerque es, sin ninguna duda, uno de esos pueblos. Además, el primero. Y, por muchas veces que vuelva, siempre me emociona. Siento un cosquilleo especial cuando aparece en el horizonte la silueta del castillo, cuando me detengo frente al cuartel y recuerdo todo lo que significó, cuando recorro las mismas calles por las que corría de niño o me asomo al patio de lo que fue el colegio Pedro Márquez.
Lo que lloré el día que nos marchamos, sentado en un banco de la Alameda, una mañana de junio recién terminado el curso escolar… eso no está en los escritos. Creo que esa imagen resume mejor que ninguna otra cuál ha sido siempre mi relación con Alburquerque.

-¿Qué recuerdos conservas de aquellos años?
Todos o, al menos, casi todos. En general tengo bastante mala memoria, pero de aquella época me sorprendo recordando detalles increíblemente precisos de personas, lugares y situaciones.
Podría describir con bastante detalle cómo era la vida en el cuartel. El bullicio constante de los niños jugando por todos los rincones, los partidos interminables en el campo de fútbol, el ir y venir de los guardias civiles durante el servicio mientras las madres hacían la vida cotidiana. Recuerdo perfectamente los pabellones, los pasillos, los alrededores del cuartel repletos de eucaliptos sobre los que construíamos unas cabañas increíbles…
También recuerdo las aventuras en el risco de la Cruz de San Blas, nos sabíamos de memoria cada sendero de subida y cada roca en la que poner un mano o el pie.
Aquellos veranos calurosos, antes de que existiera la piscina, cuando nos refrescábamos a base de polos de hielo de casera de limón congelados y manguerazos de agua en una pista de cemento que había detrás del cuartel.
En invierno esperábamos bien abrigados al autobús de Aníbal, que nos recogía junto al silo para llevarnos al colegio. Allí aparecen nombres que todavía recuerdo con mucho cariño: Doña Fani, Don José, Don Ángel… Y, por supuesto, mis compañeros de clase. Los recreos siempre acababan igual: apurando hasta el último segundo jugando al fútbol con Álvaro, Antonio, Tomás… los sospechosos habituales.
Podría seguir durante bastante rato, pero tampoco quiero aburrir a nadie.
-¿Sigues teniendo contacto con algunos de tus amigos de entonces?
Pues menos del que me gustaría. La vida va llevando a cada uno por su camino y no siempre es fácil mantener el contacto.
Con quien más relación he conservado ha sido con Álvaro Píriz. Pero lo bonito es que, pase el tiempo que pase, cuando volvemos a hablar todo resulta natural. Es como si la última conversación hubiera sido ayer por la tarde.
Y luego, con algunos otros de mi generación seguimos en contacto en mediante Whatsapp.
-¿Cuándo te marchaste de Alburquerque y con qué destino?
Me marché en el verano de 1992. Ese año mi padre ascendió a sargento y fue destinado a Fuente del Maestre, otro pueblo en el que también viví casi una década.
Como curiosidad, a finales de los noventa Alburquerque y el Gran Maestre -el equipo de fútbol de Fuente del Maestre-, se jugaron el ascenso a Tercera División en una eliminatoria directa. Lo viví con cierto sufrimiento porque tenía muy buenos amigos en ambos equipos y, pasara lo que pasara, unos u otros iban a quedarse con la tristeza de perder. En aquella ocasión ascendió el Gran Maestre, aunque Alburquerque también consiguió el ascenso merecidamente poco tiempo después.
-¿Sueles venir al pueblo? En caso afirmativo, qué haces o a dónde sueles ir cuando regresas.
Pues suelo ir en ocasiones especiales como en el festival medieval o en alguna que otra fiesta. Suele ser más común pasar por allí, por cualquier otro motivo, y hacer una visita express al pueblo.
Cuando tengo tiempo suelo repetir casi siempre el mismo recorrido. Dejo el coche junto al cuartel, subo por la calle San Blas, atravieso el centro del pueblo y continúo hasta la calle San Antón. Después regreso pasando por lo que fue el colegio Pedro Márquez, recorriendo, en cierto modo, el mismo camino que hacíamos cada día con el autobús cuando íbamos a clase. Si dispongo de más tiempo, subo hasta el castillo, la Cruz de San Blas o aprovecho para alargar un poco más el paseo visitando otros rincones.

-¿Qué estudiaste, a qué te dedicas en la actualidad y dónde vives?
Estudié Ingeniería Técnica en Informática de Sistemas en la Escuela Politécnica de Cáceres. Además, me quedan un par de asignaturas de un Máster de Postgrado en Ingeniería Informática que voy estudiando poco a poco y también inicié, hace años, aunque de esta sí que me queda bastante, Antropología Social y Cultural en la UNED. Habrá que tener paciencia.
Trabajo por mi cuenta, soy autónomo y me dedico a desarrollar aplicaciones informáticas especializadas para empresas. El propósito es que mis aplicaciones ayuden a sus usuarios a hacerles más fácil el día a día ahorrando tiempo en sus tareas diarias, organizando información, automatizando procesos, etc. La informática la entiendo como una herramienta que debe ayudar a las personas en cualquier ámbito de su vida.
Además de proyectos para clientes, también busco hueco para proyectos tecnológicos con una clara visión social y, por supuesto, sin ánimo de lucro. He creado proyectos orientados a favorecer la movilidad de personas discapacitadas, proyectos para ayudar a buscar información oficial en boletines oficiales de España y hacerla accesible a todas las personas y un prototipo de bastón para ayudar a personas con discapacidad visual a detectar objetos con cierta antelación.
Actualmente vivo en Cáceres. Llegué a finales de los noventa para estudiar …y aquí me quedé.
–Hemos podido observar que, aparte de manejar bien los montajes con IA, redactas muy bien, y nos preguntamos si, como es habitual ahora, también la usas para la redacción de escritos.
Sí, utilizo la inteligencia artificial para mejorar algunos textos, pero normalmente entra en juego cuando el trabajo principal ya está hecho: cuando ya he pensado, investigado y escrito una primera versión de forma absolutamente manual y personal.
Crear imágenes con inteligencia artificial hoy no tiene demasiado misterio. Basta con utilizar un modelo potente, saber explicar bien qué necesitas y revisar el resultado. En la escritura, sin embargo, creo que la cuestión es más compleja e importante, porque escribir no consiste únicamente en construir frases correctas: también implica pensar, ordenar ideas, encontrar una voz propia, decidir qué se quiere transmitir y darle un sentido correcto y ordenado. Escribir es una habilidad humana transversal tan absolutamente importante que, en mi opinión, no hay que dejarla en manos o, mejor dicho en chips, de inteligencias artificiales. Si la comunicación es humana, su esencia, debe seguir perteneciendo al ser humano.

Personalmente, escribo desde hace muchos años. Tengo un blog, accesible en la dirección web https://mandev.es/blog.php en el que, desde 2014 hasta hace relativamente poco, estuvo centrado en programación, tecnología y emprendimiento. En los últimos meses también he empezado a escribir sobre asuntos más personales y filosóficos. Por tanto, en mi caso, parto de cierta práctica, aunque sigo considerando la escritura un ejercicio de mejora continua.
Como he comentado anteriormente, con el paso de los años he dado cada vez más importancia a la comunicación. Saber expresar una idea, tanto oralmente como por escrito, me parece una de las capacidades más poderosas del ser humano. No basta con conocer un tema: también hay que saber explicarlo y adaptarlo a las personas que van a escucharlo o leerlo.
Por ejemplo, cada artículo con el que he colaborado en Azagala implica un proceso de construcción que, al menos para mí, no me resulta sencillo y, precisamente ahí, en ese proceso, es dónde está parte del interés y el aprendizaje. A continuación, lo explico para entender cómo se relaciona la escritura manual con la inteligencia artificial y cómo creo que deberían entrar en juego.
Normalmente comienzo con una idea y una hoja en blanco en la pantalla del ordenador. Primero anoto una especie de guion: frases, temas o líneas sueltas que podrían resultar interesantes. No siempre aparecen todas de inmediato, a veces el proceso dura unas horas y otras veces varios días.
Después voy desarrollando cada una de esas ideas en ratos libres, descansos o momentos concretos. Busco un hilo conductor que una los distintos argumentos y, sobre todo, pienso de qué manera puedo relacionar el tema con Alburquerque para hacerlo más cercano y accesible.
Dedico muchas horas a cada artículo. Hay artículos que parecen escribirse en una tarde, pero realmente llevan semanas dando vueltas en la cabeza. Lo releo y lo reescribo numerosas veces hasta obtener una primera versión que considero razonablemente completa.
Es entonces, después de haber realizado el ejercicio de pensar, investigar, ordenar las ideas y escribir, cuando me permito poder utilizar la inteligencia artificial para mejorar determinados pasajes.
Por ejemplo, puedo pasarle un párrafo que no termina de convencerme y preguntarle: “Cuando leo este fragmento no me suena bien. No consigo enlazar correctamente las frases o puntuarlo con claridad. Propón una alternativa y explícame por qué crees que lo mejora”… y dependiendo de su propuesta, aplico…o no.
Para mí, esa es la clave. No se trata de pedirle que haga el trabajo, sino de mostrarle el trabajo que ya has hecho y utilizarla para revisarlo, cuestionarlo o mejorarlo.
En definitiva, intento usar la inteligencia artificial como un profesor particular: “No me lo hagas… explícame cómo hacerlo”. “No pienses por mí… dime si lo que yo he pensado tiene sentido”.

–Leemos que eres muy crítico con el abuso de los teléfonos móviles y que lo explicas con razones de peso. ¿Tú dedicas mucho tiempo a las TICs fuera del ámbito laboral?
Muy poco. La tecnología me gusta como medio para solucionar problemas reales y estas soluciones las aplico mayormente en el ámbito laboral. Fuera de este ámbito, mi relación con las TICs es muy reducida y procuro mantenerme lo más alejado de ellas.
Por ejemplo, en mi teléfono móvil no tengo juegos ni tengo redes sociales y, salvo casos muy puntuales, apenas compro por internet. Si no fuera porque necesito Whatsapp, principalmente por motivos laborales, podría arreglarme perfectamente en mi día a día con un Nokia 3310 de esos indestructibles de principios de siglo. No me gusta dedicar mi tiempo y atención a lo que ocurre en una pantalla de teléfono móvil y la vida real, la que en mi opinión más importa, ocurre fuera de esa pantalla.
No obstante, no creo que la tecnología sea el problema. El problema aparece cuando dejamos que sea ella quien decida en qué empleamos nuestro tiempo y nuestra atención y permitimos que una herramienta dirija y controle nuestra vida.
-¿Hacía donde nos lleva la IA? ¿Crees que será positiva para el mundo laboral en el futuro o que destruirá muchos puestos de trabajo?
Esta es una pregunta muy difícil de responder porque es algo que todavía no lo sabe nadie a ciencia cierta. Predecir el futuro ante un cambio de paradigma en nuestro modelo de sociedad es algo bastante aventurado.
Hay varias visiones encontradas, voy a intentar resumir algunas de ellas.
Por un lado están las visiones más optimistas, aquellas en las que a pesar de que se destruirán muchos puestos de trabajo en algunas, al mismo tiempo, se crearán muchos otros en otras áreas. Básicamente, se trata de un trasvase de empleos en el que el saldo neto no tiene por qué ser negativo. Pero esto tiene sus implicaciones, esfuerzos y sacrificios y no es algo inmediato de llevar a cabo. No puedes cambiar la ocupación de miles de personas en un país de un día para otro. No puedes reconvertir sectores enteros. Es algo que requiere planificación de años comenzando por la formación desde muy jóvenes. Esta es la versión optimista.

Por otro lado, las visiones más pesimistas hablan de destrucción de millones de empleos en todo el mundo a medio y largo plazo. No será algo de hoy para mañana, pero esas previsiones apuntan a que tarde o temprano habrá algún tipo de masacre laboral que, de algún modo, habrá que paliar o amortiguar. ¿Qué medidas se proponen? Pues principalmente dos, que son de un calado social amplísimo y dan para un debate largo y tendido. Yo solo las dejo caer: Una de las propuestas está orientada a favorecer rentas básicas universales. No son pocos los CEO’s de grandes corporaciones y otras instituciones que han insinuado que vamos a llegar al día en el que cada persona tenga un dinero disponible solo por existir (no voy a entrar por no alargarme mucho en la cantidad, duración, de dónde saldría ese dinero, etc.). Se puede buscar por internet información referente a este asunto. Lo tienen más o menos pensado. Otra de las propuestas es que trabajemos menos y tener más tiempo libre. Hace cien años, por decir algo, lo normal era trabajar gran parte del día. Hoy en día, se nos hace impensable contratos laborales de más de ocho horas… ¿y si dentro de unos años lo normal y legal fueran contratos de 4 horas laborales por día? Si no hay trabajo para todos, igual donde hoy trabaja uno mañana tienen que trabajar dos…o tres.
Por último, cabe preguntarse ¿a qué empleos afectará la llegada? Pues actualmente los empleos con mayor riesgo son aquellos que se hacen en una pantalla de ordenador y al mismo tiempo son trabajos repetitivos. Si tu trabajo tiene un cierto grado de automatización, es susceptible de ser finalmente reemplazado por una inteligencia artificial. Como hemos dicho, no significa que sea pronto, pero probablemente lo haga en un futuro. Por el contrario, los empleos que están más a salvo de la inteligencia artificial son los más manuales y los más humanos. Por ejemplo, queda bastante lejos en el tiempo que un robot fontanero vaya a tu casa a arreglarte una tubería o es difícil imaginar un robot que sustituya a un enfermero poniéndote una vía en el hospital.
Para finalizar, solo decir que estamos entrando en una nueva era de la humanidad. Apenas llevamos dos o tres años del uso masivo de inteligencia artificial y el crecimiento es exponencial. Hay personas que asemejan este cambio a la Revolución Industrial, pero hay grandes diferencias, comenzando por el factor temporal. La Revolución Industrial fue un período de muchos años con una transición más o menos lenta y crecimiento lineal. La inteligencia artificial tiene un desarrollo y un crecimiento exponencial, muchísimo más acelerado. Lo que se preveía que iba a ocurrir en años, ocurre en meses, lo que se preveía que iba a ocurrir en meses, ocurre en semanas. La capacidad de adaptación de las personas a esta nueva era se ve reducida porque no hay tiempo material para ello.
En cualquier caso, creo que el verdadero reto no será la inteligencia artificial, sino nuestra capacidad para adaptarnos a ella. Cada gran revolución tecnológica ha obligado a la sociedad a aprender cosas nuevas y a reorganizarse, y esta no será una excepción. No sabemos exactamente cómo será el mercado laboral dentro de diez o veinte años, pero sí sabemos que aprender de forma continua, desarrollar el pensamiento crítico y potenciar aquellas habilidades más humanas como la creatividad, la comunicación o la empatía, va a ser cada vez más importante.
En general yo soy moderadamente optimista.

¿Qué intentas transmitir con tus artículos en AZAGALA?
Más que hablar de tecnología por sí misma, intento utilizarla como punto de partida para despertar la curiosidad y reflexionar sobre asuntos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Me interesa explicar cómo funcionan las cosas, pero también preguntarme cómo nos afectan como personas individuales y como sociedad.
Siempre procuro, además, relacionar esos temas con Alburquerque. Creo que hablar de cuestiones generales desde un lugar concreto las pueden hace más cercanas y comprensibles.
Si después de leer uno de mis artículos alguien observa algo de otra manera, se hace una pregunta que nunca se había planteado o siente curiosidad por seguir investigando, para mí el artículo ya ha cumplido su propósito. Aunque ese alguien solo sea una persona.
-Háblanos de ti, de tus aficiones, tus preferencias musicales, tus viajes…
Pues soy una persona bastante sencilla, tranquila y austera. No necesito demasiado para estar bien. Siempre me ha gustado una frase que suele atribuirse a San Francisco de Asís: “Necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito poco”. Resume bastante bien la forma de vida que intento llevar.
Me gusta leer (siempre llevo un libro de papel en la mochila y un lápiz para subrayar todo lo que me parece importante), caminar, hacer deporte, escribir y, en general, aprender cómo funcionan las cosas. Mis padres me regalaron siendo muy niño un libro que se llamaba “El porqué de las cosas” y, desde entonces, siempre he sido muy de preguntarme los porqués de todo. Eso me ha llevado a ser bastante curioso y suelo interesarme por temas muy distintos: desde la programación, tecnología o la astronomía hasta la filosofía, la salud o el desarrollo personal. Soy más de dato que de relato, es decir, me gustan que las historias tengan detrás algo que me ayude a comprender mejor la realidad, que me enseñe y pueda poner en práctica o me aporten conocimientos que ayudan a comprender o actuar.
En cuanto al deporte, practico calistenia desde hace varios años. Esto no es más que hacer ejercicio con el peso del propio cuerpo, sin aparatos, sin más artificios, sin más historias.
Musicalmente no soy nada exquisito. Es verdad que tiendo a escuchar más rock o heavy-rock en español, pero también puedo pasar horas escuchando obras de autores como Hans Zimmer o Ludovico Einaudi.
Como curiosidad, de vez en cuando, y sin tener la más absoluta idea de composición musical y ni siquiera saber cómo se pone la nota do en un pentagrama, uso plataformas de inteligencia artificial para crear composiciones musicales de estilo “épico con tintes medievales o celtas” que escucho sobre todo cuando hago deporte como inspiración, activación y motivación. En mi opinión, las bandas sonoras resultantes son espectaculares.
En cuanto a los viajes, recomendaría encarecidamente el Camino de Santiago. Lo he hecho cinco veces, por distintas variantes, solo y acompañado. Eso sí, siempre en bici. Estoy deseando volver y hacerlo a pie.

El Camino de Santiago es una experiencia personal que recomiendo a todo el mundo realizar al menos una vez en la vida. Durante unos días todo se vuelve muy sencillo: avanzar, comer, descansar y volver a empezar siguiendo las flechas del camino: Ultreia et suseia. Y por eso, una de las cosas que te enseña el Camino de Santiago es que uno termina comprendiendo que no necesita tantas cosas como pensaba.
Por último, agradecer a la revista Azagala la oportunidad que me brinda de poder colaborar con ellos y contar historias sobre tecnología a través de Alburquerque.
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PORTADA: Manuel Pijierro, en una imagen actual.
IMAGEN 2: Mi hermano Javi (de rojo, vestido de Gordillo) y yo (de portero, vestido de Arconada), jugando al fútbol en el campo de fútbol del Cuartel en el verano de 1985.
IMAGEN 3: Presentando mi proyecto Zahoribo, premiado en 2022 como «Startup Ganadora de la primera edición de Cáceres Startups» dentro del Proyecto Cáceres Impulsa, liderado por la Diputación Provincial de Cáceres y la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Cáceres.
IMAGEN 4: Último artículo de Manuel Pijierro, en su blog.
IMAGEN 5: Imagen creada por Pijierro con IA para uno de sus artículos en AZAGALA.
IMAGEN 6: Imagen de internet acerca de un supuesto futuro laboral.
IMAGEN 7: Portada de un artículo de Manuel en AZAGALA.
IMAGEN 8: Llegada a la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela en su primer Camino de Santiago, en 2009.
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