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¿Existe realmente el castillo de Alburquerque?

El castillo de Alburquerque y el dilema de Teseo: ¿Qué es lo que realmente permanece?

MANU PIJIERRO

El Castillo de Alburquerque y el dilema de Teseo: ¿Qué es lo que realmente permanece? Siempre me han fascinado las paradojas como una de esas situaciones que ponen a prueba nuestro razonamiento. Hay una paradoja en particular que siempre me viene a la cabeza cada vez que veo un monumento histórico: la Paradoja del barco de Teseo.

  Cuenta la leyenda que el barco con el que Teseo regresó a Atenas se conservó durante siglos. Para mantenerlo «vivo», los atenienses reemplazaban cada tabla de madera que se estropeaba por una nueva. Con el tiempo, no quedó ni una sola pieza del barco original.

  Este mantenimiento generó un debate eterno entre los filósofos: si cada una de las partes de un objeto ha sido sustituida, ¿podemos afirmar que seguimos ante el mismo objeto?

 El dilema se vuelve aún más complejo si imaginamos que alguien hubiera almacenado cada tabla vieja. Si con ese material desechado se reconstruyera un segundo barco, ¿cuál de los dos sería el original? ¿El que nunca dejó de flotar pero cambió todas sus piezas, o el que se reconstruyó un tiempo después con la madera original?

  La cuestión, lejos de ser una mera disputa filosófica iniciada hace miles de años, adquiere cierta dimensión cuando miramos hacia el Castillo de Luna en Alburquerque, dado el enorme parecido entre ambas situaciones.

  Nuestro castillo está en constante cambio. Se arreglan murallas, se sustituyen piedras que ya no pueden con el peso de los siglos, se refuerzan estructuras, se cambian suelos y techos… En definitiva, se interviene para que no se caiga (aunque en los últimos años, y con razón, podemos pensar que es justamente al contrario…pero eso es otra película).

  Como digo, es en ese cambio constante donde aparece la misma pregunta que se hacían esos filósofos griegos: si dentro de unos años gran parte de lo que vemos ya no es lo que pusieron allí los constructores medievales, ¿seguirá siendo el Castillo de Alburquerque?

  Por un lado, nos sale decir que sí porque está en el mismo risco, mantiene su silueta y sigue siendo el alma de la villa, es decir, lo consideramos el mismo porque le asignamos una identidad en base al espacio que lleva ocupando siglos. Pero, por otro lado, nos puede generar cierta duda y decir que no, que no es el mismo, si en este caso le asignamos una identidad en base al material original ya que si todas sus partes han cambiado no hay nada del original y, por tanto, no es el mismo.

 Ahora, volvamos al ejemplo inicial del barco de Teseo pero con el castillo de Alburquerque. Supongamos que alguien hubiera ido guardando cada piedra retirada y, con el tiempo, decidiera reconstruir el castillo en otro lugar. Entonces, ahora tendríamos dos castillos: uno que nunca se movió de su lugar, pero cuyas piedras son nuevas; y otro hecho con las piedras originales, pero que acaba de nacer en otro sitio. ¿Cuál de los dos sería el «verdadero»? ¿El que tiene la historia o el que tiene la materia?

 A lo largo de la historia, se han dado muchas respuestas a este dilema. Algunas más técnicas y otras más humanas.

  Para Aristóteles, por ejemplo, el castillo sigue siendo el mismo si conserva su forma icónica y su finalidad histórica, priorizando su silueta sobre el risco por encima de los materiales que lo componen. Es decir, antepone la persistencia del diseño y el propósito. Aristóteles explicó esto en su “Teoría de las Cuatro Causas”.

 Desde una perspectiva más moderna, la corriente filosófica del funcionalismo diría que su esencia permanece intacta mientras siga funcionando como símbolo cultural y punto de referencia para la comunidad, independientemente de si sus piedras son medievales o actuales, valorando la identidad del castillo a través del uso.

 Existen más razonamientos pero estos dos son relevantes porque el primero, Aristóteles, pone de relieve lo físico, lo que vemos, mientras que el segundo, el funcionalismo, hace referencia a la esencia, al símbolo, a lo que sentimos. Dos justificaciones muy distintas por las que considerar que nuestro castillo es el mismo…aunque cambie con el paso del tiempo.

 Para mí, la palabra clave, además de bonita, es esencia. La RAE la define como aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Ahora, nos podemos preguntar: ¿y qué sería lo permanente e invariable del castillo? Seguramente, no sea nada material ni tenga nada que ver con planos ni con piedras, sino más bien con el símbolo de unión que ha representado para todo el pueblo de Alburquerque a lo largo de su historia. De forma particular, las piedras son solo un recordatorio de lo que representa el castillo y Antoine de Saint-Exupéry, de forma general, ya lo intuyó en su cuento “El Principito”: ‘Lo esencial es invisible a los ojos’.

 Pero ahora, lo más importante es saber, ¿qué piensas tú? La próxima vez que vayas o mires al castillo, ¿estás ante la historia real o ante una versión editada de la misma…y por qué?

_______

No me gustaría terminar sin recordar la importancia de cuidar y conservar el castillo de Alburquerque para que siga siendo, con independencia de sus piedras, el monumento histórico que Alburquerque y Extremadura se merecen.

Escrito por Manuel Pijierro, 4 de abril de 2026.

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