domingo, julio 12, 2026
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Castillos españoles singulares: Belalcázar

Aureliano Sáinz

Me imagino que cuando escuchamos la expresión de “castillo singular” tendemos a pensar en alguna de las famosas fortalezas que hay en nuestro país; sin embargo, al iniciar esta sección, me he guiado básicamente en dos razones: por un lado, el estado de conservación o de restauración de ese castillo seleccionado y, también, por el hecho de presentar algún rasgo especial que lo diferencie del resto de los castillos españoles.

En esta ocasión quisiera hablar brevemente de un castillo recientemente restaurado, obra que, en cierto modo, considero ejemplar. Fue la que se llevó a cabo en el de Belalcázar, localidad situada en el norte de la provincia de Córdoba, con algo más de tres mil habitantes y colindante con la de Badajoz.

La singularidad de esta fortaleza radica en que su Torre del Homenaje es la más alta de todas las que se encuentran dentro de nuestro país. Su restauración dio lugar a que saliera de la lista roja, que habitualmente elabora Hispania Nostra, después de que la Junta de Andalucía abordara las obras de consolidación y rehabilitación necesarias para que fuera visitada.

Deseo apuntar que el castillo, también llamado de los Sotomayor, fue adquirido por la Junta de Andalucía en 2008, administración pública que ha llevado adelante el proyecto de consolidación de las murallas y torres circundantes. Aunque su mayor intervención se encuentra en la restauración del interior y del exterior de su espléndida Torre del Homenaje, lo que posibilita que ahora se pueda acceder a los adarves y a la terraza de la cubierta de la propia torre.

Tal como indico, si algo de singular tiene este castillo, construido sobre restos romanos y árabes, es su Torre del Homenaje, de tipo cuadrado, con cinco plantas y una altura de 45 metros, lo que, a partir de la vista aérea que se muestra en la fotografía anterior, nos da una idea de su grandiosidad.

Pero no es solamente su altura, sino también la belleza que muestra dentro de un estilo arquitectónico renacentista, con el que Francisco de Zúñiga, quinto duque de Béjar y sexto de Sotomayor, aborda su construcción en 1546.

De este modo, nos encontramos con una torre sólida y sobria en más de su mitad inferior, ya que está formada por muros macizos sin apenas huecos. Será, aproximadamente, a partir del tercio superior cuando muestre su aspecto palaciego, puesto que aparecen diversos adornamientos de piedra junto a fajas jaqueladas cubriendo las escaraguaitas, es decir, las pequeñas torres que la coronan realizadas con fines ornamentales.

Como dato anecdótico, y mirando hacia atrás, quisiera apuntar que la torre de hormigón armado que se había previsto construir para aquella hospedería de lujo, que transformaría radicalmente el Castillo de Luna, tenía una altura similar a la del castillo de Belalcázar, lo que era indicio del enorme disparate pactado entre el Ayuntamiento y la Junta de Extremadura. Finalmente, como bien sabemos, por la firme lucha llevada a cabo se dio marcha atrás ante tamaño despropósito.

Cierro este escrito con una breve reflexión: los castillos que son propiedad de las Comunidades Autónomas deben de estar bien conservados y rehabilitados según las Normas de Protección del Patrimonio Arquitectónico, evitando el deterioro que sufren por el paso del tiempo y restaurados según los mejores criterios de los especialistas. De este modo, se refuerza el valor de la localidad en la que están ubicados, dando lugar a que sean motivo de numerosas visitas, tal como ahora acontece con el pequeño pueblo de Belalcázar, que ha visto el cambio producido con las actuaciones llevadas a cabo en su mayor edificio de corte renacentista.

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