domingo, mayo 17, 2026
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¿LOCALIZABA DON ÁNGEL SANTOS MEJOR QUE UN GPS?

Sobre la vigilancia, hábitos, privacidad, algoritmos y monetización de datos

Por MANUEL PIJIERRO

Pasada la mitad de la década de los ochenta me dio por escaparme del colegio Pedro Márquez. Etapas de la vida por las que uno va pasando, supongo. No era nada personal contra nadie ni traumas infantiles extraños; simplemente prefería estar en mi casa. ¿Cómo lo hacía? Os cuento.

 Cuando intuía que el recreo estaba a punto de terminar, comenzaba a revolotear disimuladamente cerca de la puerta metálica del colegio esperando el momento exacto en el que el caos de niños entrando al edificio me permitiera escapar sin llamar demasiado la atención. Entonces comenzaba siempre el mismo recorrido: calle Santiago y, después, giro rápido a la derecha por la calle Mesta. Era el camino inverso al que cada mañana recorríamos en el autobús de Aníbal los niños del cuartel camino del colegio.

 Recuerdo que, con más miedo que vergüenza, caminaba deprisa mirando hacia atrás de vez en cuando. La aventura nunca duraba demasiado. En esos cinco o diez minutos que tardaba en alcanzar aproximadamente la mitad de la calle Mesta, Doña Fani ya habría detectado la ausencia del sospechoso habitual y avisado a Don Ángel Santos, el director del colegio, para que fuera a buscarme. Y me encontraba. Don Ángel siempre aparecía en su coche blanco, me recogía y me llevaba otra vez al colegio. Solo una única vez, recuerdo, una señora mayor al verme llorar, me metió en su casa, llamó a mi padre y él me llevó a casa.

 Como digo, Don ángel siempre me encontraba. Y lo hacía sin teléfonos móviles, sin GPS, sin cámaras, sin aplicaciones y sin satélites. Simplemente conocía mis costumbres, intuía mis movimientos y entendía cómo pensaba aquel niño que intentaba escapar del colegio utilizando siempre las mismas rutas y horarios.

 Años después comprendí que toda aquella forma de pensar y actuar era, en cierto modo, una forma rudimentaria de geolocalización personalizada. La geolocalización no consiste únicamente en saber dónde está una persona en un momento determinado. Lo realmente importante es otra cosa: detectar patrones, comprender hábitos. y anticipar movimientos. Don Ángel me conocía personalmente para lograrlo mientras que a los modernos sistemas tecnológicos de hoy día ya no les hace falta ese conocimiento. Ahora basta un teléfono móvil en el bolsillo y una cantidad suficiente de datos acumulados para que algoritmos y empresas puedan inferir quiénes somos, con una precisión que hubiera hecho las delicias de cualquier servicio de inteligencia hace solo treinta años. Y gratis, además.

¿Qué es la geolocalización?

La geolocalización es la capacidad de determinar la ubicación geográfica real de un objeto (como un teléfono, vehículo o computadora) en tiempo real mediante tecnología. Un objeto, no una persona. Ahora bien, si tú llevas ese objeto en el bolsillo todo el santo día pues… también determina tu localización. La geolocalización utiliza sistemas como GPS, redes Wi-Fi, antenas de telefonía o direcciones IP para triangular coordenadas precisas en un mapa.

La geolocalización no indica únicamente el lugar sino que, a lo largo del tiempo, es capaz de definir exactamente quién eres y cuál es tu vida personal y profesional con una claridad y exactitud que, probablemente, te asustaría. Todas tus costumbres, hábitos y rutinas diarias están representadas por el lugar en el que te encuentras.

Geolocalización y dinero

¿Y para qué quieren conocer nuestra geolocalización? ¿Qué valor puede aportar? La respuesta la podemos resumir en una sola palabra: Dinero. “Follow the money” (sigue el dinero), dicen los estadounidenses cuando quieren explicar el verdadero motivo que hay detrás de casi cualquier movimiento importante. Y, en el caso de la geolocalización, el dinero vuelve a ser la respuesta. Las empresas no quieren saber únicamente dónde estamos, sino quiénes somos a partir de nuestros movimientos. Es decir, lo que importa realmente es el significado de tu posición y que dice ese lugar sobre ti.

 Esto, además de servir para mostrar publicidad más precisa, sirve también para construir perfiles comerciales, predecir futuras compras, ajustar precios, evaluar riesgos o vender esos datos a terceros interesados. La geolocalización es, en realidad, una herramienta de predicción del comportamiento humano y además tiene un valor económico para alguien en el 100% de los casos.

Deducir tu vida a través de tu geolocalización

Posteriormente, veremos más ejemplos, pero uno bastante sencillo para que nos hagamos una idea de las implicaciones y derivadas que puede tener el conocer la localización de una persona tiene que ver con el lugar en el que vive: edificio, calle, barrio, población…

 El lugar de tu residencia habitual sirve a las empresas para inferir, por ejemplo, tu nivel socioeconómico y saber si vives en un barrio pudiente o en uno más humilde. Además, es posible conocer tu lugar de trabajo, saber si te desplazas andando, en bici o en coche. ¿Lo haces en coche? Vale, pues entonces, cómo podemos estimar la distancia que recorres cada día, se podría hacer un cálculo orientativo de los kilómetros que puede tener tu vehículo y, con el tiempo, comenzar a ofrecerte publicidad para renovarlo. Como hemos comentado anteriormente, recuerda que es posible conocer tu nivel socioeconómico, así que probablemente las marcas de coches sepan si deben mostrarte publicidad de un Mercedes de gama alta o un utilitario más corriente.

 La casuística es enorme y los datos inferidos pueden ser muchos y de muy diversa índole.

 A continuación, veremos otros aspectos de nuestra vida que pueden quedar al descubierto a través del registro histórico de nuestra geolocalización. Ten en cuenta que todo lo siguiente ocurre sin leer un solo mensaje de tu teléfono móvil ni escuchar una sola conversación, únicamente conociendo dónde estás.

Geolocalización y salud

● Una persona acude todos los martes a una clínica de oncología → posible tratamiento contra el cáncer.

● Visitas frecuentes a una clínica de fertilidad → problemas reproductivos o búsqueda de embarazo.

● Presencia semanal en un centro de salud mental → posible tratamiento psicológico o psiquiátrico.

● Estancias largas en hospitales durante la noche → familiar hospitalizado o enfermedad grave.

● Rutas recurrentes de running a las 7:00 → hábitos deportivos y, además, por la hora, podríamos deducir que se trata de una persona con bastante disciplina.

● Presencia habitual en bares de madrugada → hábitos nocturnos o consumo frecuente de alcohol. Los datos relacionados con la salud son especialmente valiosos.

 Saber que alguien acude regularmente a un hospital, una clínica de fertilidad, un centro de salud mental o un gimnasio permite inferir preocupaciones, necesidades o intereses muy concretos. Eso puede utilizarse para dirigir campañas publicitarias extremadamente precisas, desde seguros médicos hasta productos farmacéuticos u otros tipos de servicios.

Estilo de vida y hábitos

● Una persona alterna restaurantes de lujo, campos de golf y puertos deportivos → perfil económico alto.

● Visitas constantes a librerías, teatros o museos → perfil cultural determinado.

● Presencia recurrente en iglesias, mezquitas o templos → inferencia religiosa, es posible saber la religión que practica una persona.

● Asistencia habitual a manifestaciones o sedes políticas → afinidad ideológica. Incluso en una manifestación, es posible saber en base a tu geolocalización si estás en la cabecera de la misma y tu posible nivel de relación con los organizadores o estás en otras zonas más distantes y menos “problemáticas”.

● Viajes frecuentes a parques, zonas rurales o montaña → afinidad con naturaleza y actividades al aire libre.

● Horas enteras en centros comerciales durante fines de semana → hábitos de ocio y consumo muy concretos.

La geolocalización permite observar cómo vive una persona incluso aunque jamás publique nada en redes sociales. Da igual que subas una foto selfie de tu excursión a la red social de turno…a quién de verdad interesa tu localización sabe perfectamente dónde y cuándo has estado, independientemente de la sonrisa que tengas en la foto.

Perfil profesional

● Entrada diaria en un polígono industrial a las 6:00 o en horas determinadas → trabajo físico o logístico o trabajo en turnos.

● Presencia constante en hospitales o educativos → personal sanitario o enseñanza.

● Acceso frecuente a aeropuertos y hoteles → consultoría, dirección comercial o ejecutiva.

● Horarios extremadamente regulares → trabajo tradicional de oficina.

● Movimientos impredecibles y urgentes → trabajos operativos o de emergencias. Como hemos comentado, combinando varias posiciones, se puede inferir el nivel salarial aproximado combinando zonas laborales, vivienda y hábitos de consumo.

Relaciones personales

● Dos teléfonos coinciden cada noche en el mismo domicilio → relación sentimental.

● Dos teléfonos que coinciden noches muy puntuales en hoteles, apartamentos u otro domicilio particular → ¿relación extra sentimental? …aquí ya lo dejaremos a la imaginación de cada uno.

● Coincidencias repetidas en colegios → hijos en común o relación familiar.

● Reuniones recurrentes en cafeterías o gimnasios → amistades o relaciones profesionales, además de posibles hábitos saludables.

● Cambios bruscos en las rutinas compartidas → rupturas, separaciones o cambios familiares.

● Frecuencia de visitas a personas mayores → posibles familiares dependientes.

Con suficientes datos, puede reconstruirse una red social real mucho más fiable que Instagram o Facebook. Da igual lo que escribas en redes, tu geolocalización nos dice realmente quién eres, qué representas y con quién te relacionas.

Comportamiento y personalidad

● Rutinas idénticas cada día → personalidad estructurada y predecible.

● Cambios constantes de ubicación y horarios → impulsividad o vida inestable.

● Actividad nocturna recurrente → hábitos alterados o determinados estilos de vida.

● Uso constante de rutas idénticas → alta previsibilidad conductual.

● Escasa movilidad → posible sedentarismo, aislamiento o teletrabajo. En el fondo, los patrones de movimiento terminan funcionando casi como una huella psicológica que pueden determinar exactamente el tipo de persona que eres.

Riesgos y vulnerabilidades

● Saber exactamente cuándo una persona no está en casa → riesgo evidente de robos.

● Detectar rutas fijas y horarios constantes → facilidad para seguimiento físico.

● Presencia frecuente en casinos o casas de apuestas → vulnerabilidad económica o adicciones.

● Viajes repetidos en solitario → identificación de momentos de vulnerabilidad.

● Permanencia en determinadas zonas conflictivas → evaluación automática de “riesgo”.

 Lo más inquietante es que muchas de estas inferencias no necesitan ser exactas al 100 %. Basta con que sean suficientemente probables para resultar rentables a las empresas y entidades que las gestionan.

El precio invisible de la comodidad

Aceptamos permisos, términos y condiciones casi sin mirar. Instalamos aplicaciones para cualquier cosa -una linterna, una calculadora extravagante, un juego absurdo- y muchas de ellas piden acceso a nuestra ubicación sin que realmente lo necesiten. Y nosotros, por comodidad o costumbre, aceptamos. ¿Para qué necesita una aplicación de ese tipo tu geolocalización? Ya te lo digo yo: para vender tus datos al mejor postor…y al peor, a cualquiera, el caso es venderlos.

 La tecnología moderna ha perfeccionado muy bien este intercambio invisible: servicios aparentemente gratuitos a cambio de datos. Muchas veces el producto no es la aplicación que utilizamos, sino la información que obtiene sobre nosotros mientras la usamos y entre todos esos datos, la geolocalización ocupa un lugar privilegiado. Hay una frase muy manida y comercial que suele utilizarse en estos casos con productos: Si un producto es gratis entonces el producto eres tú.

 Nuestros movimientos diarios revelan rutinas, horarios, relaciones, hábitos, creencias e incluso aspectos ideológicos o religiosos. Saber dónde dormimos, dónde trabajamos, qué lugares frecuentamos o con quién coincidimos permite construir perfiles extremadamente precisos sobre nuestra vida. Dónde estamos es lo de menos, lo que importa es cómo vivimos. Y esa información tiene un enorme valor económico, se compra.

 En algunos casos compartir la ubicación tiene sentido. Una aplicación del tiempo necesita saber dónde estamos para mostrar la previsión local. Un GPS para guiarnos. Una aplicación de reparto para traer comida a casa. En casos de emergencia, por supuesto. El problema aparece cuando entregamos esos permisos de forma automática, sin revisar, sin conocer dónde pueden ir a parar o a quién se pueden vender. En caso de duda, lo mejor es negarse o buscar alternativas.

 Como idea final, solo añadir que quizá la cuestión no sea vivir con miedo ni desconectarse del mundo digital, sino recuperar cierta consciencia sobre el valor de nuestros datos. Entender que cada “permitir acceso a ubicación” no entrega únicamente unas coordenadas, sino pequeñas piezas de nuestra vida porque la geolocalización no revela solo dónde estamos: revela quiénes somos.

 Por Manuel Pijierro Sa

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