sábado, mayo 9, 2026
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Tiene más cuento que Calleja

Aureliano Sáinz

Me imagino que muchos de los que ahora me leen desconocen qué quiere decir y de dónde procede el título de este artículo. Y lo comprendo bien, dado que nos encontramos en el mundo digital en el que muchas las expresiones tradicionales han desaparecido, siendo sustituidas por un argot con abundantes términos procedentes del inglés.

Para confirmar si lo que yo pensaba era cierto, en una de las reuniones de la Tertulia que mantenemos en la Facultad, lancé la pregunta a los que se encontraban en ella: ¿Habéis escuchado alguna vez la expresión “Tiene más cuento que Calleja”?

Para mí sorpresa, todos la habían escuchado y sabían lo que quería decir, pero, en su mayoría, desconocían de dónde procedía. Hubo un caso, bastante curioso, que me indicó que él siempre la había relacionado con Calleja, antiguo jugador del Atlético de Madrid que en su época era  de los que “se tiraban a la piscina” a la primera de cambio.

Otros, los que tenían más edad, sabían relacionarla con Saturnino Calleja (1853-1915), el escritor y pedagogo burgalés que creó en Madrid una editorial que llevaba su nombre, en la que, aparte de los libros escolares, publicaba cuentos de pequeño formato, muy populares y económicos, destinados a fomentar la lectura de los niños.

Estos cuentos yo los conocí de pequeño, pues la editorial que llevaba su nombre continuó editando libros una vez que su autor falleciera a principios del siglo pasado. De ahí que la frase la conociera y es posible que la utiliza para aplicársela a quienes inventaban historias que no había modo de creerlas o exageraban hechos para darse importancia.

Lo que nunca llegué a saber hasta fechas recientes es que también era el nombre de una editorial que publicaba libros escolares que competían con los de otras editoriales de mayor renombre o más conocidas entre los críos de mi generación.

Esto lo entendí hace unos años cuando en mi Facultad se llevó a cabo una exposición antológica del libro escolar a partir de los numerosos ejemplares que se conservan en el Archivo Histórico de la biblioteca. Allí se mostraban ejemplares de finales del siglo XIX hasta comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Sería la denominada Ley General de Educación, de 1970, la que supuso la disolución del modelo de enciclopedia general o temática para pasar a los libros como unidades didácticas y de áreas específicas.

Tal como he indicado, una de las editoriales que se destacan dentro de los libros escolares es la de Saturnino Calleja, que comenzó a publicar a finales del siglo XIX y se mantuvo activa hasta el cambio introducido en la década de los setenta.

Para recordar a este conocido autor de cuentos para niños, he seleccionado las portadas de cuatro de sus libros que nos sirven de ejemplo de esta editorial. El primero de ellos, referido a la “Historia de España”, se publicó el 6 de enero de 1887. Como puede apreciarse, la portada tiene la estética denominada modernista tan en boga en aquellos años. Le acompaña “Geografía para niños” que vio la luz el 16 de abril de ese mismo año.

En gran medida, las figuras de los niños y  niñas solían protagonizar los libros escolares, siguiendo los gustos estéticos de cada época. Esto lo podemos comprobar en las dos portadas que acabamos de ver: la primera corresponde a “Lectura de versos y manuscritos” de 1916, en la que continua con imágenes y textos muy recargados; la segunda, sorprendentemente, es de fecha anterior, es decir, de 1888, con un dibujo mucho más sencillo y simplificado.

Quiero cerrar este escrito volviendo al punto inicial. Para comprobar si la frase del título de este escrito sigue teniendo vigencia, a mis alumnos de segundo curso les pregunté en clase si la habían escuchado alguna vez. La respuesta, para mi sorpresa, fue que la mayoría la conocía e, incluso, algunos de ellos la utilizaban, a pesar de que pertenecen a una generación en la que la comunicación por los móviles se ha impuesto de manera contundente. Tras debatir con ellos, compruebo que hay frases generadas dentro del habla presencial que no desaparecen tan fácilmente, más aún si las han escuchado de sus mayores, que suelen ser fuente de conocimiento de expresiones y dichos ancestrales.

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