Aureliano Sáinz
Hace unos días publiqué en Azagala digital el artículo Furriola o forriola, con la intención de abrir debate acerca de cuál de las dos formas era la más frecuente en Alburquerque, puesto que, tal como apuntaba, fuera del pueblo yo no la había escuchado, por lo que deducía que era una palabra aún viva en nuestra tierra.
Por las respuestas que se daban, parece que la primera era la más empleada, al tiempo que algunos lectores indicaban que también se usa en San Vicente y en Valencia de Alcántara.
Pero una pregunta que nos hacíamos era la procedencia de esta palabra, pues es bien sabido que todas tienen unos orígenes, aunque muchas de muchas de ellas no se los conozcan o tengan unas raíces imprecisas.
Dado que, una vez metidos en este debate, me intrigaba su procedencia, y sabiendo que consultando por internet las aclaraciones eran diversas, opté por acudir a los fondos de la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicología, donde trabajo, y pedí ayuda a los compañeros bibliotecarios para aclarar esta duda.
Fue necesario acudir a la magna obra de Joan Corominas (1905-1997), que fue catedrático de Filología Románica en la Universidad de Chicago, por lo que nos encontrábamos ante el que posiblemente sea el filólogo español más relevante en el estudio de los orígenes del léxico en nuestro idioma. Así pues, consultamos en el volumen de su Diccionario crítico y etimológico castellano e hispánico correspondiente a la letra F.
No existía una entrada específica para “furriola”; sin embargo, aparece relacionada con otras dos palabras: farra y furnia.
Como bien sabemos, farra es sinónimo de juerga, jarana, parranda, es decir, a pasárselo bien en grupo.
La otra palabra, furnia, poco conocida, tiene el significado de bodega que está bajo tierra, al tiempo que se usa para referirse a una sima. De esta palabra en el diccionario se hace un estudio muy extenso de sus raíces y de la trayectoria que ha tenido. Al final de ese estudio, relacionados con furnia se encontraban las siguientes: furona, furor, furia, furriel, furriera, furriela, furriola, furriona, furundungo, etcétera.
No me extiendo más, pues lo habitual es que, a partir de algunas palabras usadas en el habla cotidiana de algunas zonas, empiecen a crearse otras nuevas que acaban formando parte del lenguaje común de la gente.
De todas las derivaciones que se indican de furnia en el diccionario de Joan Corominas (o Coromines, que es su apellido en catalán), la que más gracia me hace es la de “furundungo”, que es una manera de llamar a las personas que están muy obesas.
Queda pendiente por averiguar de dónde procede otra que salió en los comentarios: chirrichofla, que, tal como apunté, sí aparece en el Diccionario extremeño de Antonio Viudas Caramasa, haciendo referencia a Alburquerque como el lugar en el que él escuchó esta palabra…, pero esto lo veremos más adelante.
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