JOSÉ NARCISO ROBLES ORANTOS

Normalizando
Año 1773. Aún habrá de pasar un cuarto de siglo para que los franceses, de la mano de su Revolución de 1799, nos traigan, entre otras cosas, el sistema métrico decimal. Mientras tanto, y hasta su adopción definitiva en todo el país, cada región se ha venido apañando con los pesos y medidas al uso, heredados de su antiguo reino de pertenencia o de aquel que, por proximidad, intercambio comercial o afinidad cultural, mayor influencia ha ejercido sobre la misma.

Interrogatorio de la Real Audiencia. 7 de abril de 1791.
Tal desarreglo obligaba a la búsqueda de una imprescindible homogeneidad en estas magnitudes que facilitase cualquier actividad cotidiana que de ellas dependiera. Fueron, en nuestro caso, las del reino de Castilla, y en el asunto que nos ocupa, su mítica vara castellana.
…Les di medida del alto y ancho que deben tener cada ladrillo que es lo acostumbrado, tercio de largo y media de ancho con también su grueso…
Así lo hace constar el comisionado del ayuntamiento, Nicolás García de Thomas, en la exposición tercera del informe que le remite. Sin embargo, poco, o nada, dice tal aserto a nuestra actual concepción decimal de las dimensiones. Para desfacer tal oscuridad y en consecuencia con lo hasta aquí afirmado, vamos a echar mano de los 83,5 cm de la vara castellana, cuyo tercio equivaldría a 27,8 cm o, lo que es lo mismo, un pie castellano, que tendría de largo nuestro ladrillo, y para el ancho una media –lógicamente, del largo–, es decir, 13,9 cm. Dimensiones que coinciden con las medidas que el arqueólogo, Alejandro Jiménez Hernández, en su artículo: “La metrología histórica como herramienta para la Arqueología de la Arquitectura. La experiencia en los Reales Alcázares de Sevilla”, ofrece para los ladrillos fabricados en siglo XVIII.
Completa, García de Thomas, tal exposición tercera, afirmando que:
…con esta disposición hicieron todos sus gradillas gruesas y delgadas, a quienes previne pasarán a marcarlas, casa del cerrajero, con el marco que se acostumbra en esta villa, y que dicho marco se imprimiera a un lado y otro de dicha gradilla contra el borde para que cuando se gasten hagan otras y no tenga perjuicio el común porque saldrán entonces más delgados…
Es evidente que el asunto de la fabricación de ladrillos ha ido degenerando hasta suponer un importante quebranto para el ayuntamiento, que se ha visto en la necesidad de nombrar a un perito en procura del necesario orden y uniformidad entre los maestros alarifes. La disparidad de medidas con las que unos y otros trabajan, aparte de complicar la tarea de otros actores y proveedores en las construcciones y minorar la consistencia y solidez de tales obras, supone una dificultad al cabildo para establecer, de una manera precisa, las tasas y tributos con los que grabar tal industria. Al mismo tiempo, se pretende también evitar una sisa encubierta o disimulada en la cantidad de material con el que están confeccionados, de ahí la obligación de grabar, en los bordes de las gradillas que sirven de moldes, un marco o testigo a ambos lados de las mismas para controlar, fundamentalmente, el grosor de tales piezas. Desgraciadamente no hemos podido localizar ninguno de estos marcos en los museos etnográficos visitados, pero si una gradilla, en el de Olivenza, que mostramos a lo largo de este análisis del documento. Accedamos, tras esta introducción, al mismo para seguir comentando el resto de su valiosísima información.




“…Comisión que me dio esta Ilustre Villa en ayuntamiento de día 16 de abril de 1773 = para el arreglamento de teja y ladrillo y baldosa que deben observar los maestros de esta villa y de esta obra=
Primeramente, pase a ver los hornos y están acondicionados.
2ª Convoqué a todos los maestros y les previne que la clase de ladrillo que se debían hacer solo han de ser de dos: unos del grueso y otros del solar, y esta disposición fue por el motivo de haberme aconsejado con todos los maestros de albañilería, y estos decirme que el común, con dicho ladrillo grueso, siempre que hagan obra, (como lo tengo experimentado) se ahorra la mitad del trabajo y otra mitad de material de mezcla, y el que no quiera usar del grueso puede trabajar con el delgado como usaban anteriormente.
3ª Les di medida del alto y ancho que deben tener cada ladrillo que es lo acostumbrado, tercio de largo y media de ancho con también su grueso; y con esta disposición hicieron todos sus gradillas gruesas y delgadas, a quienes previne pasaran a marcarlas, casa del cerrajero, con el marco que se acostumbra en esta villa, y que dicho marco se imprimiera a un lado y otro de dicha gradilla contra el borde para que cuando se gasten hagan otras y no tenga perjuicio el común porque saldrán entonces más delgados.
4ª Les previne a dichos maestros no alegaran ignorancia en lo prevenido, que serán multados, pena de dos ducados siempre que se les encuentre la gradilla sin marcar o gastado el sello.
5ª Con el motivo de no tener esta villa padrones para cotejar dichos ladrillos y baldosas, por si se quiere en su visita y para que esta disposición sea permanente en lo sucesivo, he mandado hacerlos de hierro y marcados por la misma medida que está dada.

Con la condición que ha de ser más gruesa y mejor cocida que la que están haciendo y este padrón no lo ha hecho el cerrajero por no tener hierro como lo necesita, su altura y ancho no tendrá variación.
Con el motivo de estar bien informado de algunos maestros como del ingeniero, por haber este mandado hacer a jornal algunas jornadas de ladrillo y teja, se les ha regulado a cada millar los precios arriba expresados y en mi conciencia son justos…”
Nicolas García de Thomas.
Título: Comisión que me dio esta Ilustre Villa en ayuntamiento de día 16 de abril de 1773 para el arreglamento de teja y ladrillo y baldosa que deben observar los maestros de esta villa y de esta obra.
Autor: Ayuntamiento de Alburquerque.
Publicación: 1773, abril.
Procedencia: Archivo Histórico Municipal de Alburquerque.
Tipo de publicación: Actas de sesión de ayuntamiento.
Materia / geográfico: Alburquerque (Badajoz) -Historia.
Autores secundarios: Nicolás García de Thomas.

Gradilla para fabricar ladrillos. Museo Etnográfico de Olivenza.
Volviendo al comentario del documento, se completa la exposición tercera con una advertencia legal, en la cuarta, donde se hace constar que, tras la reunión mantenida, no podrá ser alegada ignorancia por parte de los maestros si se detectan gradillas sin marcar o con el sello gastado, lo que nos confirma la existencia, por parte del municipio, de una supervisión técnico-normativa, pero, sin duda, con un trasfondo también fiscal.
Para facilitar el control que se pretende, del mismo modo que se venía haciendo, mucho tiempo atrás, con los alimentos en los mercados, para los que existía un patrón de pesos y medidas a disposición, primeramente, del concejal designado y, posteriormente de los propios vecinos, encarga el perito la fabricación de un modelo en hierro con las medidas acordadas con el gremio, lo que queda recogida en la quinta y última exposición de su informe.
“…Primeramente, pase a ver los hornos y están acondicionados…”
“…2ª. Convoqué a todos los maestros y les previne que la clase de ladrillo que se debían hacer solo han de ser de dos: unos del grueso y otros del solar…”
Interesantísimos comentarios que nos induce a pensar que eran los propios maestros alarifes quienes dirigían y ordenaban la fabricación de sus ladrillos, bien en hornos de su propiedad o, mediante el arriendo, de alguno de los muchos que se levantaron junto a las canteras proveedoras de la arcilla necesaria para su fabricación. Como todos sabemos, tal industria se concentró en la llanada donde acaba la calleja del Prao y que da nombre a la misma. Aún hoy son visibles, invadidas de maleza, las grandes hondonadas que, a modo de cicatriz, una ingente y prolongada actividad extractiva, dejó sobre la piel del terreno.

Asímismo hai en este término quattro Hornos de Teja, y Ladrillo, uno propio de Nª Señora de Carrión= otro de Juan Muñoz = otro de Domingo Suazo = y el otro de D. Fco. Pardo Guardabrazo, Presbítero. Catastro de Ensenada. Alburquerque, 11 de junio de 1753.
Deja claro el documento que son dos los tipos de ladrillos que se han de utilizar: el grueso –con mayor o menor altura entre los distintos maestros, circunstancia a la que ha venido a poner fin el comisionado perito – y el delgado, que coindice en grosor con el de solar, aunque difieren en los tiempos de cocción, como veremos más adelante. También les advierte de las ventajas de utilizar el de mayor calibre.
Para finalizar se incluye un esquema con las alturas y los precios del millar de unidades para ladrillos, baldosas y tejas, que han sido fijados tras la observación directa, por parte del ingeniero, de la laboriosidad del trabajo. El mayor precio de las baldosas obedece a un más prolongado tiempo de cocción en busca de la dureza necesaria.
Sobre las tejas que de común se emplean en la villa, se exige un mayor grosor y tiempo de cocción para las mismas. Nos topamos de nuevo con la secular búsqueda del ahorro de costes en la producción, mediante la reducción, en este caso, de la cantidad de material y el tiempo de permanencia en el horno, prácticas que la normalización pretende corregir. La carencia de un hierro moldeable que reproduzca la curvatura de la teja impide al herrero la confección de utilísimo patrón.

Catastro de Ensenada. Alburquerque, 11 de junio de 1753.
Finalmente, un breve apunte sobre el comisionado, Nicolas García de Thomas. Su oficio, que no desvelaremos en este documento –lo haremos en el siguiente–, nos va a sorprender a todos por su total desconexión con el asunto para el que ha sido designado. Volveremos a saber de él, años más tarde, gracias a un manuscrito que no se conserva en nuestro ayuntamiento, pero donde se nos revelará su verdadera ocupación, en un sorprendente y felicísimo hallazgo.
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