JOSÉ NARCISO ROBLES ORANTOS
Introducción
Por fortuna se conserva –y hemos tenido acceso al mismo– el repertorio de la banda atesorado a lo largo de su historia. Lo primero que sorprende es la impensable cantidad de obras y canciones que lo componen. Cuando imaginamos una banda de música de pueblo se tiende a pensar en varias docenas de canciones que, con irremediable frecuencia, habrían de repetirse ante la resignación de la concurrencia, pero nuestros músicos podrían haber tocado, entre festivas y solemnes, más de una canción diaria a lo largo de un año sin repetirse.
Otro aspecto que llama la atención es su capacidad de adaptarse a los gustos y modas de cada momento y, aquí, volvemos a caer en un nuevo prejuicio. Se podría pensar que bastaría con un selecto grupo de socorridos pasodobles, igual de apañados para un baile que para un festejo taurino, algún sencillo vals para ocasiones más solemnes, completados con divertidos y animosos pasacalles y, afortunadamente, nos volvemos a equivocar: fox, tango, chotis, bolero, danzón, corrido, polka, habanera, mambo, zambra, rumba, cha cha cha… son solo algunos de los variadísimos estilos que cultivaban y ejecutaban con aplaudido virtuosismo dada su demanda dentro y fuera de la villa.

Conviven con este género festivo marchas de pasacalles, pero no cualesquiera. Vamos a enumerar algunas porque se comentan por sí mismas: Abisinia, Triunfador, Queremos el Peñón, Los voluntarios, Invicto, Capitán de fragata, Himno a los alcaldes de España, Castilla hidalga, Siempre adelante, Bajo la doble águila, Marcialidad, Grandeza, Amparito Roca…
Hasta 57 obras distintas constituyen el apartado de marchas procesionales, muchas de autores populares, pero, algunas, incluso de famosos compositores como la titulada Escipión, de Händel, o la Marcha fúnebre de Chopin. Hay una en especial, que posiblemente solo haya sido conocida en Alburquerque: El Cristo de las canojas [cañas] sobre la que debemos llamar la atención porque fue compuesta por el propio maestro Pola, añadiendo de este modo, la menos conocida disciplina de compositor a las de músico y director.
Los himnos y dianas que aparecen en su repertorio nos permiten hacer una nueva reflexión, si comentábamos anteriormente que la banda supo adaptarse a los gustos musicales de cada momento, también se las arregló para convivir con los distintos regímenes que pasaron por el pueblo. Así, en los listados del año 1931 aparecen títulos como La marsellesa, el Himno de Riego, La internacional y el Himno socialista, mientras que en el año 1963, guardadas o destruidas esas partituras, son sustituidas por las del Himno Nacional, de la Guardia civil, del Tercio, de Falange, los himnos italianos, alemán y portugués, así como unas brigadeiras de este último país, en un claro guiño a las dictaduras y gobiernos totalitarios de los que habían recibido apoyos. Tampoco faltaba, entre otros, el de Fátima subrayando la religiosidad del alzamiento.

Finalmente aparecen recogidas 92 piezas en el apartado de obras de concierto, en su mayoría operetas y zarzuelas de autores nacionales, destinadas a un público más selecto y a ser representadas en escenarios más acordes y recogidos como nuestro añorado cine la Torre, donde también sirvieron de acompañamiento musical para alguna de las representaciones que allí se dieron.
Verla aparecer, uniformada, por un extremo de la calle, precedida del acompasado ruido de sus pasas, escucharla, solemne, interpretando un fervoroso himno, disfrutar sus conciertos en soleadas mañanas de domingo… ¡Gozos que no han de volver!
(Archivo Histórico Municipal de Alburquerque. Registros de centros culturales. Caja 1883)
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PORTADA: Banda de Alburquerque, con el alcalde, en 1929.
FOTO 2: Músicos de la Banda.
FOTO 3: Partitura del Himno de Riego.
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