EUGENIO LÓPEZ CANO
En Alburquerque las molinolas se distribuían por los ríos Albarragena y Sansustre, en el arroyo Las Aguas y sobre todo a lo largo de la rivera izquierda del río Gévora, afluente del Guadiana. Se instalaban junto al cauce, más o menos cercano al mismo según la disposición del terreno, y se utilizaban para moler sobre todo trigo y cebada, además de otros productos que servían para pienso del ganado como altramuces, algarrobas, bellotas, etc. Junto a éstos el dueño solían construirse una casita o choza, según los medios económicos de los que dispusiera, así como una huerta para aprovechar el agua sobrante de la molienda.
Se tenía ya constancia en el último tercio del siglo XIII, época en la que sabemos que el Señor de la Villa concedía, entre otros favores, franquicias para “sacar Muelas para los Molinos y Aceñas”.
En un manuscrito de 1635 titulado “Fundación de la Noble Villa de Alburquerque con los hechos valerosos de los Ilustres Señores que la han poseído…”, redactado por el historiador local Pedro de Tormes del Pilar Montero, se nos asegura en aquella fecha que en este término existían “veintitrés molinos” que “dan harina a la dicha villa y los vecinos de Badajoz”.
PORTADA: Molino de las Lobas.
Para información más detallada ver el reportaje de nuestro colaborador José Narciso Robles Orantos:
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