JUAN CARLOS RODRÍGUEZ IBARRA (EX PRESIDENTE DE LA JUNTA DE EXTREMADURA)
La ‘ordinalidad’ (palabra que no existe en castellano) se aplica en los Estados Federales. En uno de ellos, en Estados Unidos, California ocupa el puesto 38º en el ranking federal de ingresos per capita, mientras que su aportación per capita la sitúa en el puesto 9º. Connecticut, que resulta ser el mayor contribuyente per capita de Estados Unidos, puesto 1º, pasa a ocupar el puesto número 13º en ingresos federales. Alaska que ocupa el último puesto en aportación per cápita, se sitúa en primera posición por ingresos recibidos. Con el acuerdo entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, California se situaría en el puesto noveno en el ranking federal de ingresos; Connecticut, en el puesto número uno en ese mismo ranking de ingresos y Alaska, en última posición. Menos mal que en Estados Unidos el gobierno no de pende de ningún independentista.

Con el principio de ‘ordinalidad’ nos estamos jugando el único instrumento del que dispone la izquierda para llevar adelante un proyecto socialdemócrata. Siempre sufren los más débiles cuando el Estado se debilita. Los nacionalistas independentistas permanecen políticamente anclados en la frustración de la ambición nacional y estatal, por lo que seguirán alimentando la ilusión de la desaparición del Estado español. ¿Y cómo se puede cumplir ese objetivo? Separándose drásticamente, como ocurrió con la antigua URSS y con la antigua Yugoslavia, o debilitando el Estado del que forman parte en función de la coyuntura política y midiendo la fortaleza en sus convicciones de quien tiene la responsabilidad del Gobierno de España.
En 2017 probaron a separarse drásticamente. Ese camino condujo a la cárcel a sus promotores. Ahora están en el proceso de debilitamiento del Estado. Sospechan que un Estado débil será incapaz de hacer frente a la independencia de parte de su territorio.

No sé si Pedro Sánchez y el grupo acrítico que le alimenta son del todo conscientes del roto que pretenden hacer. Me temo que se están guiando por el principio de «el fin justifica los medios». Se valen de terceros para realizar una política que llenaría de vergüenza a quienes se pararan solo unos minutos para pensar. Mi temor viene por el hecho de que a algunos presidentes socialistas les acompaña la vergüenza cuando se trata de obtener medidas que van claramente contra los principios que animan históricamente al PSOE.
Salvador Illa no tiene inconveniente en enviar como negociador a un independentista para obtener esas medidas que, lejos de avergonzarse, se siente en su salsa cuando se trata de romper la espina dorsal del socialismo. Illa no ha sentido ni exteriorizado el más mínimo pudor al permitir que Oriol Junqueras, líder de ERC, haya negociado con el presidente del Gobierno la financiación ‘singular’ para Cataluña. O bien Junqueras era el enviado de Illa (vaya papelón para el inhabilitado) o fue motu proprio a esa negociación (vaya papelón para el president). Ya tuvimos en 2023 otro ejemplo similar al vivido esta semana. Bildu negoció con el Gobierno de España la retirada de Navarra de la Guardia Civil de Tráfico. La presidenta de esa comunidad, otra socialista, aceptó sin rechistar que una negociación, que afectaba directamente a la región que ella preside, la realizara un partido que no gobierna la Comunidad Foral. O bien Bildu era el enviado de la presidenta navarra (vaya papelón el de Bildu) o bien Bildu fue motu proprio a esa negociación (vaya papelón el de la presidenta).

He ocupado durante seis legislaturas, 24 años, la presidencia de la Junta de Extremadura. Si a algún partido de la oposición se le hubiera ocurrido negociar algo a las espaldas del gobierno que yo presidía, habría ocurrido lo siguiente: habría rechazado una negociación que supusiera una falta de respeto al legítimo Gobierno extremeño o los extremeños me habrían puesto de patitas en la calle por incompetente y cantamañanas. En Cataluña y en Navarra parece que tienen otro sistema de medida para evaluar la indolencia de sus presidentes. Pedro Sánchez ni debe ni puede autorizar ese ataque a la Constitución y a la igualdad de los españoles.
Contra esa política es contra la que nos rebelamos los socialistas que seguimos manteniendo la lealtad al PSOE. Ser leal a ese partido no implica lealtad ciega a su secretario general cuando se observa que la organización socialista se está desangrando éticamente. El legado ético del PSOE transciende a las personas y nuestra obligación es evitar que el mercadeo con la igualdad quede en evidencia y malherido por el mantenimiento del poder gubernamental.

Postdata: Recuerden los pronunciamientos de estos días de los nacionalistas catalanes (ERC y PSC) sobre el nuevo sistema de financiación: «bueno para Cataluña y bueno para España». En todos los sistemas habidos hasta ahora siempre dijeron lo mismo. Cuatro o cinco años después echarán pestes del sistema bendecido por ellos. No pararán hasta conseguir el cupo vasco.
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