AZAGALA
En este mes de enero se han cumplido cinco años del “chispazo” que terminó con la voladura del régimen vadillista algunos meses después. Así narramos en la edición impresa de AZAGALA aquel mes vital para el cambio en Alburquerque.
Desde las 8 de la mañana del día 4 de enero, en que se sentó en una sillita humilde, cobijado como podía del frío intenso, Juan Pedro Pulido, el funcionario municipal que inició una huelga de hambre por el impago de las nóminas, se vio arropado por compañeros de trabajo, policías la mayoría que “se tuvieron que marchar de Alburquerque porque ellos o sus familias no podían resistir las condiciones laborales”, pero también por los concejales de Ipal que llegaron a primera hora, otras personas que se solidarizaron con su causa y algunos funcionarios y personal laboral, además de Juan Antonio García, delegado de USO, sindicato que representa a los funcionarios locales.

Juan Pedro habló de que él ha “perdido el miedo” y tenía que hacer algo para que esta situación dramática sensibilice a quienes tienen en su mano la solución: intervenir el ayuntamiento, algo en lo que coincidieron absolutamente todos los intervinientes. ¡Basta ya!, gritó Pulido.
Juan Antonio García calificó de “cobardes” a la alcaldesa y a “su asesor y quien maneja los hilos del gobierno, Ángel Vadillo” por “no dar la cara ni explicaciones a los trabajadores” y señaló que la única solución es la intervención del consistorio por parte de Hacienda, dado que está en bancarrota “porque se ha sobredimensionado la contratación para obtener votos”.
Manuel Gutiérrez, portavoz de Ipal, habló de una deuda superior a los 11 millones de euros y de una situación irreversible por la “quiebra del ayuntamiento que afecta a todo el pueblo”, mientras Víctor Píriz, diputado nacional popular, que acompañó también a Pulido, aseguró que han pedido en varias ocasiones al Ministerio de Hacienda la intervención de las cuentas del consistorio.

Días antes de la huelga de hambre, la alcaldesa salió en los medios para dar su discurso navideño y hay que tener muy poca sensibilidad y escasa o ninguna vergüenza para ponerse ante los micrófonos para dirigirse a todo el pueblo sin citar a los trabajadores municipales que estaban pasando unas fiestas duras porque se les debían varias nóminas y porque algunos habían sido ya despedidos y otros aún no sabían si lo serían.
El día 6 de enero, Juan Pedro trasladó su protesta a la puerta de la Diputación, en Badajoz, y allí se demostró que en estas causas no importan las ideologías sino la humanidad, la razón y la justicia. Allí se juntaron personas de la izquierda con otras de la derecha, y faltaron precisamente quienes se llaman “progresistas” y nos gobiernan ahora.

Gabriel Montesinos, último alcalde socialista de Badajoz y encargado por el PCE para que resolviera la situación causada en Alburquerque durante la alcaldía de Juan Viera, señaló a los micrófonos de la RCA que “no se puede estar repartiendo migaja y miseria por parte de un ayuntamiento llamado de izquierdas”, al que acusó de “tener a la gente aborregada y utilizar el clientelismo”. Pidió a todos los trabajadores que digan “basta y vivan con dignidad”, y que “coja cada uno una pancarta y se ponga al lado de Juan Pedro”.
Montesinos dijo no entender el miedo en “hombres y mujeres hechos y derechos”. “Es mejor morir de pie que vivir de rodillas y en Alburquerque se está viviendo de rodillas, sin dignidad”.
Gabriel añadió que el presidente de la Diputación tiene algo que decir porque la alcaldesa es diputada y Vara “no debe olvidar que es secretario general del PSOE y como tal debe actuar, y si no lo hace incumple ideas básicas del socialismo como son la justicia y la solidaridad”.

Por su parte, Moisés Cayetano, que fuera portavoz del PSOE en el ayuntamiento pacense, dijo que se sentía “afectado porque al principio apoyé a Vadillo y di mítines con él y me siento en parte responsable de que este ahí”. Añadió que “si yo fuera Gallardo o Vara habría estado aquí para mostrar el apoyo a un trabajador que solo está pidiendo sus derechos”.
Dos trabajadores municipales señalaron que “pedimos lo que es nuestro”. “He tenido que pedir dinero prestado y en seis meses no hemos cobrado casi nada. Trabajamos para comer”, dijo uno. Otro explicaba que ambos han salido a trabajar por un año con una subvención de la Junta, pero, aseguró, “se han cogido el dinero y no nos han pagado. Nos deben cuatro meses y si vas a exigir el pago te echan cuatro mentiras y si vuelves ya te miran mal”. En el pueblo hay “muchísimo miedo”, añadía.
Al día siguiente, la alcaldesa, que hasta entonces había entrado siempre por la puerta de atrás para no ver a Juan Pedro, entró por la principal y pasó junto a él, sin mirarle ni siquiera, gesto de desprecio y prepotencia que retrata a una mujer sin sensibilidad ni escrúpulos.

Juan Pedro abandonó su huelga de hambre tras seis días en la puerta del ayuntamiento y varias concentraciones en su apoyo a las que cada vez acudía más gente.
En la mañana del 9 de enero, con temperaturas bajo cero y cayendo nieve, se dieron cita en la plaza de España unas 200 personas. En aquel acto estuvieron los que siempre acompañaron al valiente policía local y se sumó Ignacio Gragera en representación de Ciudadanos. Desde Barcelona se desplazó José Manuel Leal, presidente del Colectivo Cultural Tres Castillos.
Habló primero Juan Antonio García, quien citó a dos “históricos socialistas en Extremadura”, Moisés Cayetano y Gabriel Montesinos, porque han “dado la cara y reclamado a su partido que intercediera en este problema y diera una solución a los trabajadores”.

Poco después cayó el bombazo: “Una alcaldesa que no paga a los trabajadores no puede estar al frente de la delegación de Bienestar Social de la Diputación de Badajoz”. Ese es el argumento que dio su presidente, Miguel Ángel Gallardo, el 11 de enero, para retirarle las competencias provinciales a Marisa Murillo, y pedirle que abandone la institución. Esta fue la forma de expresar públicamente la retirada de confianza del PSOE en la regidora. Posteriormente, el secretario provincial del partido, Rafael Lemus, respaldó a Gallardo y dijo esperar que Murillo entregue su acta de diputada. Es decir, que abandone la institución. Lemus explicó que el siguiente paso será analizar si procede la expulsión de Marisa Murillo del partido. Sobre Vadillo, al que ya expulsaron del PSOE, dicen que no pueden actuar porque ni es militante ni ostenta un cargo público. El PSOE admite que estudia pedir la intervención del Ayuntamiento al Gobierno por su mala gestión, como ya ocurrió en su día con Marbella. Esta es una petición que habían formulado en los últimos días el PP, Ciudadanos y Podemos.
Ipal pidió la dimisión de la alcaldesa porque “el problema principal no está en la Diputación sino en el ayuntamiento de Alburquerque, así como el cese de Vadillo como asesor de Murillo. Su portavoz, Manuel Gutiérrez, calificó de “impecable” la actuación de Gallardo al cesar a Murillo y desveló que la “gestión del ayuntamiento de los fondos de la Diputación ya levantaba sospechas”, y este organismo “no podía soportar que se malversaran sus fondos y se desviarán”. Además, aseguró que “la Diputación ha exigido la devolución de muchas subvenciones”.
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PORTADA: Juan Pedro Pulido, en huelga de hambre en la puerta del ayuntamiento, junto a su esposa.
FOTO 2: Concentración un día de enero de intenso frío en la plaza de España.
FOTO 3: Juan Pedro Pulido y Palomo, en la puerta de la Diputación de Badajoz.
FOTO 4: Moisés y Gabriel, entrevistados por la RCA en la puerta de la Diputación.
FOTO 5: Juan Pedro, entrevistado por numerosos medios de comunicación.
FOTO 6: Algunos de los asistentes a una concentración con claveles delante del ayuntamiento.
FOTO 7: Concentración de personas mientras se celebraba un pleno de la corporación.
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