Aureliano Sáinz
Tal como apunté en la primera entrega, la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón, conocida popularmente como Orden del Temple, fue creada en Francia tras la primera Cruzada. Se extendió a distintos países europeos, entre los que se encontraban algunos reinos de la Península. Siguiendo la estela de las órdenes monásticas-militares, al poco tiempo, en el siglo XIII se formaron en los reinos de León y de Castilla las de Calatrava, Santiago y Alcántara, y, en la corona de Aragón, la Orden de Montesa, que serían las cuatro más conocidas de los reinos hispanos.
De entre las indicadas, las que tuvieron fortalezas en las tierras extremeñas fueron la de los templarios, la de Santiago y la de Alcántara.
Aparte de los fines para los que fueron creadas, uno de los rasgos que las diferenciaban era el ropaje y los símbolos con los que vestían. Así, los caballeros templarios, como podemos ver en la fotografía de la siguiente representación escénica, portaban túnicas blancas con capuchas, al tiempo que su símbolo distintivo era el de una cruz ancorada roja, como símbolo del recuerdo de la sangre vertida por Cristo.

Los templarios, tal como indiqué, poseyeron 18 castillos en Extremadura, por lo que, tras haber descrito los nueve de la provincia de Badajoz, paso ahora a describir los otros nueve de la provincia de Cáceres. Por orden alfabético serían los de Alconétar (en Garrovillas), Cabezas del Esparragal, Coria, Hervás, Jarandilla de la Vera, Monfragüe, Portezuelo, Santibáñez el Alto y Trevejo. Pero antes, debo indicar que algunos de estos castillos, una vez disuelta la Orden del Temple, pasaron a manos de la Orden de Alcántara.
Comenzaré por el de Coria, dado que el castillo de Alconétar desapareció bajo las aguas del pantano que se había proyectado, por lo que únicamente asoma la torre del homenaje de esas aguas. Del de Cabezas del Esparragal solamente se conservan algunos bajos de las murallas, dado el estado de total ruina al que ha llegado.

En la actualidad, Coria, situada al noroeste de la provincia de Cáceres, cuenta con 12.531 habitantes. Nos encontramos en una localidad cargada de enorme relevancia histórica, ya que fue capital de la tribu celta de los vetones, siendo conquistada por el cartaginés Aníbal en el año 237 a.C. Posteriormente, sufrió un duro acoso por las fuerzas romanas, de ahí que se crea que Viriato, tras la traición sufrida, se encuentra enterrado en esta legendaria ciudad.
Coria, más tarde, fue musulmana hasta1142, año de la conquista por Alfonso VII, quien la convirtió en sede episcopal. Casi tres décadas más tarde, en 1168, el monarca leonés Fernando II la entregó a la Orden del Temple. (La brevedad del artículo me impide extenderme más; solamente apuntar que Coria bien merece una visita detenida.)
Algo más al norte de la provincia, en la Alta Extremadura, colindante con la provincia de Salamanca, se encuentra Hervás, con una población de 4.100 habitantes. Allí, convivieron las tres grandes culturas de la España medieval: judíos, musulmanes y cristianos, por lo que la riqueza que atesora este bello pueblo es enorme.

La razón de esta convivencia se debe a los orígenes de la villa que se remontan a finales del siglo XII, al ser el resultado de la repoblación de estos territorios por Alfonso VIII de Castilla, quien la entregó a la Orden del Temple, de modo que fue esta orden la que se encargó de la alcazaba andalusí, situada en la parte más alta de la villa.

Pasamos a la comarca de la Vera, con el fin de detenernos en una de las villas que llevan ese sobrenombre: Jarandilla de la Vera. Al igual que acontece con Coria, se sabe que, antes de que el territorio fuera ocupado por los romanos, los celtas tenían en el lugar un estratégico castro. En Jarandilla, la huella de los templarios en la villa es muy grande, dado, que tras la entrega a la Orden del Temple por Alfonso VIII, esta se encargó de la construcción de la iglesia parroquial, de la abadía y del castillo, actualmente convertido en parador de turismo.

Como bien sabemos, Monfragüe, con 17.852 hectáreas, y atravesado por los ríos Tajo y Tiétar, es uno de los quince Parques Nacionales de España, siendo el primero de Extremadura. Pues bien, en este pequeño paraíso natural, y en una cresta montañosa, se encuentra el castillo de Monfragüe, al que pertenece la atalaya que acabamos de ver. Aquí se estableció, inicialmente, la Orden de Monsfrag, fundada por Monte Gaudio. A finales del siglo XIII pasaría a ser templaria, al fusionarse la Orden de Monsfrag con la del Temple.

En este caso seré muy breve, ya que hace unos meses escribí en este mismo medio un artículo titulado Restauraciones en Extremadura: el castillo de Portezuelo, por lo que no conviene que me repita en lo que allí indiqué. Solamente quisiera apuntar que la construcción original almohade se remonta al siglo XII, y que, al igual que sucedió con otras fortalezas, fue entregada por Fernando II en 1168 a los templarios.

En la Sierra de Gata y a 37 kilómetros de Coria, se encuentra el pueblecito de Santibáñez el Alto, con 370 habitantes, que ha sabido conservar su ambiente medieval, puesto que, como podemos apreciar, las casas se encuentran rodeadas por las murallas que, aunque su estado no es del todo bueno, conservan la fisionomía original. Su historia es bastante curiosa, por lo que hago un extracto breve de lo que aparece en Los castillos templarios de España de Jesús Ávila. Dice así:
“El origen del pueblo se remonta al siglo IX. Debe su fundación a la condesa Teudosinda, esposa del conde Grimaldo, de ascendencia francesa, huido de la persecución de Carlos Martel, que buscó refugio en la zona de la Alta Extremadura. Teudosinda escogió esta singular montaña, de difícil acceso, en cuya altiplanicie mandó levantar un convento, que puso bajo la advocación de San Juan Bautista, para que reposaran en su capilla los restos de su esposo el conde de Grimaldo”.

Cierro este recorrido con el castillo de Trevejo, aldea perteneciente el municipio cacereño de Villamiel, que se encuentra habitado por tan solo 407 vecinos. El castillo, inicialmente, fue una alcazaba andalusí, posteriormente, convertida en convento templario cuando Fernando II de León se lo entregó a la Orden del Temple.
Para cerrar, quisiera apuntar que tras este recorrido en dos entregas por los castillos templarios que hay en Extremadura, iniciaré, más adelante, otros artículos para que conozcamos los que pertenecieron a las órdenes de Santiago y de Alcántara.
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