EUGENIO LÓPEZ CANO
En lo que se refiere a la cultura, el mal sigue siendo el mismo. Políticos y educadores, igual da el signo o la categoría social o familiar a la que pertenezcan, hacen poco o nada por interesarse por nuestro patrimonio. Por tanto nadie se crea la necesidad de asociarse para difundir la historia y costumbres, y menos para defenderlas ante las agresiones por parte de políticos y particulares.
Como el resto de los españoles –por qué habríamos de ser distintos- somos rencorosos, egoístas, envidiosos…, y como el común de los extremeños, murmuradores, recelosos, abúlicos y faltos de interés, incluso para aquellos asuntos que más nos conciernen. Entre las virtudes destacaríamos las de la amistad, el trabajo, la lealtad, la agudeza, el apego a la familia… Tendemos a la inocencia, la ilusión, la fantasía, la pasión… Somos, a fin de cuentas, en su conjunto, un pueblo, diríamos, lleno de vida como tantos otros, con sus luces y sombras.

Hoy, respecto a otras generaciones, somos distintos, sin lugar a duda. Ni mejores ni peores. Ello se debe a diversas causas positivas que han repercutido de forma favorable en nuestra forma de ser, de pensar y de sentir. La apertura a una sociedad más abierta, la universalidad de la educación, el acceso a la cultura, la mejoría de la paz social, la subida del nivel de vida, la creación de unas capas sociales más igualitarias, otras perspectivas distintas de futuro, la mejor habitabilidad de las casas, etc., han hecho todas ellas que el alburquerqueño de hoy, a falta de un verdadero compromiso como persona y ciudadano, tenga en mayor o menor medida un carácter mucho más abierto, más participativo, menos aislado, etc. Incluso hasta se observa, por una mayor información y un mejor nivel de vida, un compromiso más importante con la sociedad, una preparación más acertada ante los nuevos retos, una mejora del cuidado físico, tanto en la salud como en el vestir, etc., etc.
En la siguiente entrega entraremos en el capítulo denominado “El curso de la vida”, centrándonos como siempre en Alburquerque. Varios son los hitos que vienen a marcar el ciclo vital de una persona: el nacimiento, el bautismo, la confirmación, la primera comunión, la profesión, el noviazgo, el matrimonio, la viudez.
FOTOGRAFÍAS: En la portada, alburquerqueños de antaño, en la imagen interior, alburquerqueños en la actualidad.
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