JOSÉ NARCISO ROBLES ORANTOS

El Llano de las monjas, o Plazuela del Espíritu Santo, como en un tiempo, ya lejano, fue conocido, constituye, sin duda alguna, el rincón con mayor carga de espiritualidad, trascendencia y magnetismo que podemos encontrar en Alburquerque. Un beaterio, —convento después—, dos iglesias, dos hospitales y dos cementerios encontraron allí, pared con pared, propicio acomodo, llenando el espacio, a lo largo de los siglos, de oración, dolor y esperanza. Desaparecidos unos, arruinados otros, olvidados todos, conformaron, durante el tiempo de su existencia, un espacio en el que confluyeron los más grandes propósitos que mueven la voluntad de los hombres: dinero, que construye y levanta; fe y oración, que consuelan; hospitalidad que acoge y repara; tierra, que reclama a la tierra, la que una vez fuimos y a la que el tiempo nos devuelve. Se entenderá, así, que en cada piedra aún en pie, en cada rincón, flotando en el aire, puedan percibirse todavía, si escuchamos con el alma, las voces, afanes y desvelos de quienes lo hicieron posible.
Tan singular acumulación de méritos exigía —y exige— que su memoria sea rescatada con la justicia y el rigor que se les debe. Hoy, casi ocho siglos después de que todo comenzase, humildes y emocionados, vamos a recomponer otro capítulo más de nuestra inédita y asombrosa historia.
Año 1248. Fundación de la Cofradía del Espíritu Santo.
“…Y por lo tocante a esta Cofradía y Hospitalidad del Espíritu Santo, se encuentran unas piadosas ordenanzas en pergamino de letra antigua y como gótica, de difícil lectura, correspondientes a la Cofradía del Espíritu Santo, en la que se expresa que el rey fue confirmador de esta cofradía por remisión de sus pecados, en nombre de muchas personas y demás hombres buenos y cristianos, y que fue hecho el traslado de esta confirmación en el mes de mayo, era de mil doscientos y ochenta y seis, que corresponde al del nacimiento de Nuestro Señor Redentor Jesucristo al de mil doscientos cuarenta y ocho, y es el más antiguo instrumento que se ha encontrado de esta cofradía y no consta del nombre del rey…”
Cofradías de la provincia de Extremadura. AHN.Consejos,7091. Exp.8 N.2 (DOC. 1)
Este documento estaba constituido por la información contenida en los archivos de las distintas cofradías y hermandades que las autoridades locales se vieron obligadas a enviar al presidente del Consejo de Castilla, D. Pedro Pablo Abarca de Bolea, IX Conde de Aranda, en un intento de racionalizar el estado eclesiástico y sus excesivos gastos a la hacienda de los pueblos. En el caso de Alburquerque correspondió tal comisión al licenciado don Carlos Pérez Mexes, quien lo remitiría en 1771.
Acabamos de acceder al acta fundacional de la cofradía más antigua de las que, a lo largo de los siglos, van a surgir en Alburquerque, confirmada, —como ya sabemos—, por el mismísimo rey Fernando III el Santo, que ese mismo año de 1248 coquista al Islam la ciudad de Sevilla. Dada su antigüedad, y para ponerlo en un contexto temporal, podemos afirmar, con escaso o nulo yerro, que sus cofrades vieron levantar los primeros cimientos de Santa María en sus dos advocaciones: del Castillo y del Mercado.
Por otra parte, su remotísima y real confirmación acabaría infundiéndole la preeminencia suficiente como para erigirse en la congregación de referencia a la que estarían supeditadas, durante siglos, el resto de las que fueron surgiendo. Mas de doscientos años transcurren, desde su creación, en los que el Espíritu Santo peregrina, posiblemente al abrigo de las murallas, de acomodo en acomodo, sin contar con iglesia propia. Será el documento citado, el que también nos aporte la fecha en que el Espíritu Santo da comienzo a las obras del que será su templo titular.
De 1462 a 1575. Iglesia del Espíritu Santo, en la plazuela de su nombre.
“…Ytem consta la obligación y fianzas para hacer la iglesia, capilla, y retablo del Espíritu Santo y su hospital, año de mil cuatrocientos sesenta y dos…”
“…Ytem tres bulas en pergamino de diferentes sumos pontífices conteniendo Indulgencias y Gracias a esta cofradía del Espíritu Santo desde el año de mil quinientos setenta cinco…”
“…Y hay prueba de que la plazuela del llano del Espíritu Santo era suyo, y el cementerio de su iglesia desde el año de mil quinientos ochenta y ocho hasta el de mil setecientos veinte…”
Así rezaban sendos ítems referidos a esta cofradía encontrados en DOC. 1
Llegado, pues, el año 1462, y eligiendo para ello el llano que a partir de entonces llevará su nombre, se otorgan las correspondientes escrituras de obligación y fianzas, e inician las obras de su templo titular. Con escasa variación, sobre el solar que ocupó el vetusto edificio, se levantan hoy una guardiera infantil y unas casas aledañas, en el extremo más occidental de la llanada.
Por otra parte, era común que la consagración y dedicación de un templo, concluida la obra, llevase aparejado el otorgamiento de gracias jubilares e indulgencias a la congregación titular del mismo, quien estaba facultada para hacerlas extensibles a los fieles que acudiesen a tales ritos y a todos aquellos que hubieran contribuido a su edificación y sostenimiento. El hecho de contar, desde 1575, con tales bulas, gracias e indulgencias papales nos hace proponer esta fecha como la de su terminación. Parece dilatado el periodo constructivo, pero la fecha en que se dota de su correspondiente cementerio,1588, y la lógica constructiva de esperar a la terminación del templo principal para el levantamiento de tal anexo, contribuye a reafirmarnos en nuestra datación.

De 1503 a 1524. Beaterio y Monasterio de Nuestra Señora de la Anunciación.
Año de1503. Bajo el magisterio de don Alonso Manrique de Lara y Solís, la Comunidad de las hijas de la Encarnación de Alburquerque, con licencia de su Ilustrísima, se asienta sobre unas humildes casas, en una plazuela que, por entonces, lleva el nombre del Espíritu Santo, homónimo de la iglesia que allí se construye. No son monjas, ni han fundado aún un convento. Se trata de beatas sin clausura, sujetas a los padres descalzos de San Francisco que aún se encuentran en el lugar de su primera fundación, al sitio de Torregena o Laguna vinagre.
“…Tomaron después mejor acuerdo y resolvieron votar clausura y guardar la Regla de Terçeras de Santa Ysabel, con que ya era convento formado y sujeto a la obediencia de nuestros prelados en tiempo del obispo D. Diego de la Madriz…”
Tal aseveración la hacía don Juan Solano de Figueroa y Altamirano en su obra “Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz”. Sabemos que de la Madriz inicia su magisterio en 1578 (y lo concluye 1601), un plazo de tiempo excesivamente largo para el rigor que pretendemos. ¿En qué momento, entonces, dan el paso necesario nuestras beatas hasta convertirse en monjas?
Viene de nuevo el documento anterior —DOC.1— a ofrecernos la respuesta que estamos buscando y, al mismo tiempo, permitirnos continuar con la cronología de los hechos con esta doble aseveración:
“…Ytem una provisión de su Señoría y Señores del Supremo Consejo, en tiempos del Señor D. Carlos (V) Rey de Romanos, Emperador Semper Augusto y Rey de Castilla, mandando que el eclesiástico de la ciudad de Badajoz otorgara la apelación que había interpuesto la Cofradía del Espíritu Santo por que se le impedía hacer Hospital para recoger y curar pobres junto a una casa de mujeres recogidas que se decían monjas, año de mil quinientos veinticuatro…”
Dice así una de ellas:
“…Junto a una casa de mujeres recogidas que se decían monjas, año de mil quinientos veinticuatro…”.
La expresión de la fecha es inequívocay la ambigüedad que pudiera derivarse del enunciado “que se decían monjas” contiene un feliz e impagable matiz temporal, tal inseguridad no puede interpretarse de otro modo que no sea la reciente finalización de un proceso o, encontrarse inmersas en el mismo, –en este caso la transición de beatas a monjas y el paso, consecuente, de beaterio a monasterio– circunstancia que hizo dudar a nuestro relator en el modo de referirse a la congregación próxima al lugar donde se ha de levantar el hospital, pero que a nosotros nos proporciona una connotación temporal que solo tiene encaje en un hecho reciente.
No cabe duda, por tanto, o así lo experimentamos nosotros, que la fundación del convento de Nuestra Señora de la Anunciación se produjo en 1524 bajo el episcopado de Bernardo de Mesa que se extendió entre los años1470 y 1524.

Año 1524. Hospital del Espíritu Santo.
Otra de las aseveraciones contenidas en el documento que venimos utilizando nos permite colocar el siguiente de los elementos para ir dando forma y carácter a nuestra plazuela. Reza así:
“…Una provisión mandando que el eclesiástico de la ciudad de Badajoz otorgara la apelación que había interpuesto la Cofradía del Espíritu Santo por que se le impedía hacer Hospital. Año de mil quinientos veinticuatro…”.
Sabemos ya, desde 1462, que el Espíritu Santo no solo quiere construir iglesia, sino que para poder ejercer uno de los carismas de su instituto, cual es el cuidado y asistencia de enfermos, también otorga escritura de obligación y fianza para levantar su hospital.
Si la edificación del templo no encuentra obstáculo alguno, aunque su construcción se dilate a lo largo de un siglo, no ocurrirá lo mismo con la institución de caridad, pues no será hasta el año 1524, y con la citada provisión de Su Señoría y Señores del Supremo Consejo, cuando se demande al eclesiástico de la ciudad de Badajoz el otorgamiento a la apelación que había interpuesto dicha cofradía “por la que se le impedía hacer Hospital para recoger y curar pobres” Desconociendo los motivos que retrasaron tan piadosa iniciativa, estamos en disposición de ubicar y datar al tercero de los edificios de este mágico espacio; el Hospital del Espíritu Santo —del que aún existente gran parte de su fábrica—. Se encuentra, como todos sabemos, colindante, por el costado derecho, según miramos su fachada, al conjunto de las antiguas casas que conforman otro emblema de nuestro pueblo, la querida, añorada y resiliente Tahona. Anotad tal año de 1524 como el de su nacimiento o, al menos, concepción.

Año 1550. Iglesia del convento de Nuestra Señora de la Anunciación

Tras su conversión en convento, en torno a 1524, la edificación de su iglesia aún tendría que esperar algunos años. La escasez de recursos con los que la comunidad religiosa inició su andadura a principios de siglo —las propias monjas así lo reconocen en su correspondencia con quien sería uno de sus patrones, el duque de Alburquerque— hizo que la construcción del complejo se llevase a cabo a un ritmo muy por debajo del que hubiese deseado y siempre al albur de algún patrono o benefactor, como iremos viendo a largo de las páginas.
Para datar, aproximadamente, el inicio de la construcción de dicho templo, haremos uso de otro documento procedente del Archivo Histórico Nacional correspondiente a una escritura otorgada por el vecino de la villa, Juan Sánchez Bejarano el Viejo, en la que se ajusta con el pintor, retablista y clérigo, Hernán Gómez Román, para encargarle un retablo que sirviese de ornamento al, aún desnudo, altar de la iglesia del convento (DOC. 2)
Este documentado encargo nos está diciendo que en 1576 la iglesia del, ya convento de la Anunciación, estaba en disposición de albergar y recibir un digno retablo a semejanza del que lucía en el cenobio de los hermanos franciscanos y que su benefactor, andaba en tratos con un retablista que le construyese tal ornamento para su desnudo altar.
Por todo ello debemos fijar, con la necesaria humildad, pero, al mismo tiempo, con la firmeza de los hechos, el comienzo de tales obras en torno al año 1550.

Año 1641. Ampliación del Convento de Nuestra Señora de la Anunciación
Levantada, con mayor o menor acierto la primera fase del enclave religioso, nos encontramos llegado el año 1641, con la necesidad de acometer importantes obras de mantenimiento y ampliación que quedaron recogidas en la escritura que la abadesa y la procuradora del cenobio firmaron con los maestros alarifes y de cantería. —AHN. Convento de Nuestra Señora de la Anunciación de Alburquerque (Badajoz). Terciarias Regulares Franciscanas ES. /13— (DOC.3)
Entre las distintas actuaciones que se detallan, dirigidas fundamentalmente a la iglesia del convento, que ya sufría graves deficiencias, hay una de relevante importancia para trazar la historia de este edificio. En la condición cuarta a cumplir por los maestros se dice:
“…En la capilla mayor, al lado del evangelio, se ha de romper la pared para hacer una sacristía en una calleja que linda con la dicha iglesia y la del Espíritu Santo, que dicho maestro haya de erigir esta sacristía con todo el sitio que hallare entre los estribos y formar sus paredes de una vara de grueso, y en la altura que más convenga cerrará una capilla de luneta o de arista porque así conviene a buena obra…”
Analicemos: en 1641 aún había una calleja en el lugar donde se levantó dicha sacristía, que separaba el convento de la Anunciación, a la derecha, de la iglesia del Espíritu Santo, a la izquierda (Img.4). Por lo tanto, podemos concluir que el anexo o ampliación del convento, destinado a sustituir, por inhabitables, las originales celdas que desde 1503 venían sirviendo de acomodo a la congregación religiosa, debió ser, necesariamente, posterior a 1641, y no muy alejado de esta fecha, aprovechando la rotura del muro del evangelio para la construcción descrita.

Año 1721, el Hospital Real. Cuando el espacio cambia de nombre.
A inicios del siglo XVIII van a concurrir dos circunstancias que acabarán precipitando la conversión del antiguo convento —ya ampliado— en hospital. Por una parte, la propagación de estos centros de beneficencia en España, que empezarían a ser atendidos por las comunidades religiosas quienes, a sus votos de pobreza, obediencia y castidad, acabarían añadiendo el de la hospitalidad y la docencia. Y por otra, las continuas guerras que demandan, de manera constante y perentoria, este tipo de instalaciones donde atender a heridos y enfermos. El inicio de la Guerra de Sucesión, entre Austrias y Borbones, y nuestra situación fronteriza con Portugal —un actor más en el teatro global— harán que secretarios y comisarios reales de guerra busquen espacios que, con escasa inversión y en poco tiempo, puedan ser reconvertidos en instituciones sanitarias. Nuestro vetusto convento, ampliado y con una comunidad dispuesta a la hospitalidad, tenía todas las papeletas para ser elegido. Y así ocurrió. Un recién proclamado Felipe V otorga el título de real al nuevo espacio sanitario.
Para poder aproximarnos a la fecha de tal transición vamos a hacer uso de un nuevo documento. Se trata de la escritura de remate y adjudicación de las obras del convento otorgada en 1721. En este año se sacan a licitación unas importantes obras de adecuación destinadas a tal fin.
“…En la villa de Alburquerque, a veinte y dos días del mes de diciembre de mil setecientos veinte y uno, ante mí, el escribano público y testigos, parecieron presentes José Sánchez Vicioso, que así dijo llamarse, y vecino que dijo ser de la villa de Valencia del orden de Alcántara y maestro de carpintero en ella y estante al presente en esta de Alburquerque como principal, y Juan Fernández, vecino de esta villa de Alburquerque y maestro herrero en ella, como su fiador principal y pagador, y estando así mismo presente el señor D. Blas Antonio de Badillo, secretario de Su Majestad y comisario real de guerra de sus ejércitos, asistente en esta de Alburquerque, dijeron que de orden de su señoría el señor D. Diego Merino de Rosas, intendente general de esta provincia, se han publicado diferentes obras en el Hospital Real de esta villa las cuales habían andado en los carteles de las paredes más públicas de ella…”
Escritura de remate y adjudicación de las obras del convento. Archivo Histórico Provincial de Badajoz. Protocolos Notariales. Año 1721. Escribano Manuel Diaz Lucio. (DOC.4)
Aún se tiene memoria en nuestro pueblo del antiguo hospital, bajo sus distintas acepciones, real primero, militar después, así como los usos que el devenir del tiempo y sus necesidades le fueron otorgando. Sin embargo, por total desconocimiento de su existencia, jamás se ha mencionado a la iglesia del Espíritu Santo, cuyo origen y construcción hemos documentado sobradamente. Si sus inicios se ocultan en la oscuridad de los tiempos, su final lo hace en la necesidad y la dureza de unos años de hierro. ¿Qué pasó con ella? Leamos algunas condiciones facultativas de DOC. 4:
“…Primera condición es que han de ser obligados a enladrillar de nuevo la iglesia de dicho hospital enlucirla y retecharla con vigas y tablazón nueva de castaño y todas las tejas asentadas con cal…”
“…Segunda condición es que han de ser obligados a tapiar la puerta principal de dicha iglesia, abriendo en su lugar una ventana con sus puertas, arcos y encerados de vara de alto y del ancho a proporción…”
“…Tercera que han de ser obligados a deshacer los cuatro altares y los poyos que hay en dicha iglesia para darle mayor anchura a las camas…”
“…Cuarta que han de ser obligados a dar ms abertura a las dos claraboyas que están de los dos lados del altar mayor de dicha iglesia poniéndolas a sí mismo sus marcos y encerados…”
“…Quinta que han de ser obligados a componer el doblado de la sacristía de dicha iglesia con lo mejor del maderaje del desecho de dicha iglesia como también una ventana pequeña de la enfermería que cae al camposanto y hacer una puerta para la entrada de la referida iglesia …”
Resulta evidente que se está actuando sobre una iglesia completa, con todos los elementos que le son propios —altar, sacristía, camposanto… — y un acceso directo desde el exterior, no sobre una pequeña capilla que las monjas pudieran erigir, de manera adicional para su propio servicio, al margen de su iglesia de referencia. Y que este templo no es el de la Anunciación. Se trata, en efecto, del Espíritu Santo, que quedó contiguo al convento en alguna de las fases constructivas que supusieron su ampliación y, tras estas actuaciones, formando parte del reciente hospital.
“…Y hay prueba que la plazuela del llano del Espíritu Santo era suyo, y el cementerio de su iglesia desde el año de mil quinientos ochenta y ocho hasta el de mil setecientos veinte…”
Así rezaba otro de los manuscritos encontrados en el revelador archivo de esta cofradía por el licenciado Pérez Mexes, que pone fecha a la nueva denominación de la llanada. Perdida la iglesia del Espíritu Santo dentro del nuevo edificio, lo hace también la plazuela que lleva su nombre, para convertirse, desde 1720 hasta el presente, en el queridísimo y mágico Llano de las monjas.

Avanzando en el tiempo llegamos a 1761, fecha en la que el catastro de la riqueza pública adjudica su propiedad a las cofradías de Nuestra Señora de la O y la Santa Misericordia, confirmándolo así varias sentencias dadas a su favor desde las reales Chancillerías, a las que, sin duda, acudieron todos aquellos que pretendieron derecho sobre tal sanatorio. El rey, a la sazón Carlos III, pagaba en estas fechas 250 reales anuales a las referidas cofradías por el alquiler del edificio al carecer Badajoz de una instalación similar. Con tal dinero las hermandades socorrían a pobres, enfermos y heridos. En 1800 ya albergaba un hospital militarantes que la Junta Suprema, en 1810, con motivo de la Guerra de la Independencia, lo declararse sanatorio de referencia y lo dotase de personal –médicos, practicantes, enfermeros…– instrumental para intervenciones y remedios para curas. El resto de la historia, sabida por tradición oral y narrar su destrucción, la obviamos.
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