Aureliano Sáinz
Cuando recibí el último libro Microrrelatos y aforismos, publicado por Daniel Guerrero, amigo y compañero de Andalucía Digital, debo confesar que inmediatamente pasé a leer la segunda parte del trabajo, es decir, la de los aforismos que el autor esparce en las últimas páginas y en los que, en gran medida, queda su mundo íntimo expuesto a la mirada de los lectores.
A estas alturas, ya tengo también leídos esos 79 microrrelatos de la primera parte. Pero, para este artículo quisiera destacar algunos de sus aforismos para después comentarlos brevemente.
– Desde que lo abandoné de niño, siempre he tenido deseos de visitar el país en el que había nacido, del que recordaba vivamente calles de mi pueblo y momentos luminosos de mi infancia. Pero cuando al fin pude hacerlo, me sentí extraño, distante de lo que veía, fueran paisajes o personas. Me embargaba una sensación de exiliado tanto de mi país natal como del de acogida. Comprendí entonces que era apátrida.
Esos sentimientos quedaban bien expresados por el gran autor uruguayo Mario Benedetti en su obra El desexilio y otras conjeturas, de modo quea la nostalgia de regresar al lugar en el que uno nació, tras muchos años de ausencia (Puerto Rico, caso de Daniel), se le añade la extrañeza que surge de los lugares y las personas que ahora se ven ajenas, distintas. Como ejemplo palpable de la suma de esa nostalgia y extrañeza, tenemos la letra del viejo tango Volver que tantas veces hemos escuchado…
– La felicidad es una ilusión coyuntural de la existencia, que es estructuralmente trágica.
– Temo más a la vida que a la muerte. La muerte no te engaña, la vida te embauca.
– Somos tan frágiles y vulnerables que la muerte siempre nos sorprende y, lo que es peor, nos vence.
– ¿Qué es el ser? La nada consciente.
Las cuatro breves frases anteriores nos sugieren que el autor, muy cercano al mundo existencial del escritor rumano-francés Emil Cioran -al que cita tres veces en este conjunto de aforismos- está muy próximo al escepticismo, cuando manifiesta su idea de la vacuidad de la existencia, del absurdo de la vida, por mucho que otros nos esforcemos en encontrarle un sentido en el que apoyarnos.
– Solo dormido, disuelto en las tinieblas de la noche, logro abrigar certezas, superar incapacidades y resolver misterios insoldables. Pero cuando despierto vuelvo a estar dominado por las incertidumbres, debilidades e incapacidades para enfrentarme a un mero problema de álgebra. Soy un ser dotado para soñar.
– Nunca he estado conforme conmigo mismo. Querría ser cualquier otro que considerase mejor que yo, desde un bombero hasta un astronauta o un bohemio. Esa manía de ser distinto me ha llevado a ser, en realidad, nada, alguien que no ha podido emanciparse de la mediocridad.

La aplastante sinceridad con la que se manifiesta el autor de estos aforismos (que se encuentra a mi lado en la fotografía acabamos de ver) verdaderamente sorprende. No es habitual que quienes escriben sobre sí mismo lleguen a expresarse de tal modo, pues siempre se intenta contrarrestar o a limitar los fallos, las carencias o los defectos atribuyendo la responsabilidad a otros o a las circunstancias adversas que se han vivido.
– Soy apóstata de todas las religiones, incluso de la no religión, puesto que no he sido bautizado en ninguna de ellas. Por ello soy el más laico de los ateos.
– Dios no es una realidad, es un concepto o, si se quiere, un consuelo. Pero sobre Él se ha erigido toda una estructura humana de poder para reinar en este mundo, precisamente, y no en el más allá. Es lo que conocemos como religión. Y son tan humanas que incluso ha habido guerras de religión entre y por ellas, sin que intervenga ninguna deidad para poner orden.
Es habitual que quienes reflexionan y se preguntan por las causas de los fenómenos, naturales o humanos, se adentren en la idea de Dios y el sentido de todas las religiones. No es de extrañar, pues, que en el libro también se penetre en el campo de las creencias que se transmiten de generación en generación: algunos las aceptan tal como las recibieron, sin cuestionarlas, aunque otros llegan a tener sus propias visiones de la complejidad de la existencia de todo lo real.

Cierro indicando que leer Microrrelatos y aforismos es un verdadero placer, que las dos partes de las que se compone, aunque la primera entra en el campo de la ficción y la segunda en la de la reflexión, están expuestas con una escritura pulcra y amena, como corresponde a alguien que lo hace con el deseo de dar a conocer una parte de su mundo, de sus sueños o quimeras.
Y como pequeño homenaje a este cordial compañero de columna de Andalucía Digital, que firma sus artículos con el título genérico de Mirada crepuscular, me he permitido acudir a dos magníficas fotografías de Mari Carmen Martín en las que, por un lado, se nos muestra un rojizo y tenue sol crepuscular entre el cielo y el mar, y, por el otro, una carretera orientada hacia el horizonte del atardecer. Ambas me parecen magníficas metáforas de las propias incertidumbres humanas de las que nos habla Daniel Guerrero.
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