Aureliano Sáinz
Como bien saben quiénes siguen los artículos que regularmente publico en la edición digital de Azagala, con cierta frecuencia he hablado de los trabajos de Almudena, una chica adolescente con autismo y con una capacidad para maravillarnos con sus dibujos de animalitos humanizados que llenan sus diseños.
De todos modos, no son siempre esos animalitos los que protagonizan la mayor parte de sus trabajos, ya que también, desde pequeña, había realizado versiones personales de obras de artistas de renombre. Y como muestra de su imaginación y capacidad de interpretación de cuadros muy conocidos por todos, muestro como ejemplo la ejecución que recientemente ha llevado a cabo de La chiquita piconera de Julio Romero de Torres. (Por cierto, Julio Romero de Torres tiene un museo dedicado a su figura en el casco histórico de Córdoba, en un antiguo palacete que merece la pena ser visitado por aquellos que acuden a visitar la ciudad de los califas.)

Puesto que Almudena usa el ordenador para realizar estos trabajos, se aprecia que acude a lo que llamamos el color plano o liso con ciertas matizaciones para lograr el volumen de los objetos y figuras. Y dado que los niños y niñas autistas suelen tener una gran memoria visual, ella no tiene delante el cuadro que desea interpretar pictóricamente, sino que acude a ese portentoso archivo de imágenes almacenados en su mente para construir con toda libertad y espontaneidad lo que desca dejar plasmado en la pantalla con la que trabaja.

Aunque ya conocemos el enorme talento que tiene Almudena a la hora de trabajar con las pequeñas figuras, no me resisto a presentar dos de los tres diseños para que fueran mostrados en el inolvidable homenaje que se me hizo por parte del Colectivo Cultural Tres Castillos a finales del mes de agosto en Alburquerque.
Acabamos de ver el cuadro en el que mostraba el Castillo de Luna y en el que aparecen nada menos que ¡173! figuras, y todo ello realizado en tres tardes, empleando unas cinco o seis horas en total. Tal como me indica Rubén, su padre, trabaja con una rapidez pasmosa, de modo que es capaz de trazar todas esas figuras siendo distintas o realizando actividades diferentes en tan corto tiempo.
Lo cierto es que ambos dos se lo pasaban fenomenal, puesto que Rubén le había sugerido seguir la estrategia de aquellos libros titulados “¿Dónde está Wally?”, en los que había que localizar a un joven con camiseta a rayas blancas y rojas y gorro con el mismo diseño en medio de una multitud abigarrada.

También Almudena quiso homenajearme realizando una interpretación del cartel en que se anunciaba el evento, junto a otro del Festival Medieval en el que aparezco en primer término en la figura de un lince leyendo un ejemplar de nuestra revista Azagala.
Desde estas líneas quiero expresar que el avance de Almudena en todos los aspectos, y de modo especial en el campo del diseño gráfico, se debe a esos dos magníficos progenitores, Maricarmen y Rubén, que desde muy pronto han estado totalmente entregados a sus dos hijas, y con especial atención a quien tiene autismo, para que puedan llegar a realizarse como personas según sus potenciales capacidades.
Visitas: 1
