EUGENIO LÓPEZ CANO
Al margen de los vehículos, existían personas, al menos hasta finales del siglo XIX y principios del siguiente, que se dedicaban a recoger y llevar recados o encargos de poco peso (medicinas, cartas, documentos, etc.) a otras localidades, sin más ayuda que sus propias piernas. Una de ellas fue El Andarín, que tenía por costumbre hacer el recorrido de Alburquerque a Badajoz. Salía de madrugada y llegaba a la capital con los primeros rayos del sol, atrochando por el Camino Real de Badajoz. A lo largo de la jornada descansaba en la capital, para regresar al día siguiente.
En esa misma época, un hombre más, esta vez a lomos de un burro, se dedicaba a llevar el correo hasta La Codosera, tomando los antiguos caminos, alejado de la carretera.
Hasta mediados del siglo pasado funcionaban en Alburquerque dos talleres de navegones o constructores de carros: uno, en las inmediaciones de la plaza de toros, fundado por don Juan Cano Gallardo, abuelo materno de quien suscribe, oficio que después seguirían sus hijos Vicente -padre de Julián Cano Izquierdo-, Andrés y Pablo hasta finales de la década de los cincuenta, y otro más, éste en la avenida Aurelio Cabrera, regentado por los hermanos Pablo, Andrés y Juan, conocidos por los navegones, talleres éstos que al venir a menos estuvieron durante bastante tiempo sobreviviendo con trabajos de carpintería en general, reparaciones e incluso, las menos veces, fabricando por encargo repuestos o piezas de recambio para carros.

Hacia finales del siglo XIX, cuando aún funcionaban estos vehículos, el automóvil irrumpió en la sociedad, primero con los de motor de petróleo, que hicieron posible aplicarlos a la tracción de los coches por caminos ordinarios; después llegarían para ser utilizados en carretera, los vehículos de motor a vapor (locomóvil) y los de explosión (automóvil, camiones, motocicletas y tractores), para más tarde aparecer los primeros ómnibus, con cabida para nueve personas.
En Alburquerque pasarían todavía varias décadas para ver los primeros coches de tracción mecánica recorriendo nuestras calles, honor que me supongo le correspondería a las clases más pudientes, al menos al principio. En 1924 tenemos conocimiento documental de la existencia de estos tipos de vehículos por la revista de feria de ese mismo año donde don Luis Cruz, (a) Charlot, se anunciaba en la misma de la forma siguiente: «Servicio reducido de taxis y alquiler de autos, motos y bicicletas».
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PORTADA: Navegones construyendo carros en el Juego de la Bola. Familiares de Julián Cano Izquierdo, junto a la plaza de toros. FOTO ARCHIVO AZAGALA
FOTO 2: Tractor de vapor.
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