JOSÉ NARCISO ROBLES ORANTOS
PRECIOS DE LAS LOCALIDADES: Palcos de sombra sin asiento, 6 reales. Tendido de sombra 4 reales. Tendido de sol 3. Las sillas para los palcos serán admitidas hasta la una de la tarde. La Empresa dispone de dos caballos para cada corrida y muertos estos no podrán el público exigir más, aunque queden toros por picar.
NOTAS: Caso de inutilizarse alguno de los lidiadores no podrá el público exigir más. Una vez empezada la corrida no se devolverá el importe de las entradas si un por caso imprevisto de lluvia u otro accidente hubiera que suspender la función. De orden de la autoridad no se permite bajar ala redondel ni arrojar objetos que pudiesen perjudicar a los lidiadores ni a las reses.
Todo el cartel es un extraordinario documento sobre el antiguo reglamento de la lidia, el alcance de los bolsillos y las costumbres de la época. También su proximidad a la inauguración de la plaza, dos años antes, lo hacen excepcional. Él mismo se explica y él mismo se vende. Añadir únicamente que llegó al Archivo Provincial de Badajoz, según cuenta su restauradora, envolviendo un hatillo de legajos procedentes del Ministerio de Hacienda donde debió recalar hace mucho tiempo. Alguien, con escasa sensibilidad, le dio ese trato. Tan excepcional es, que formó parte de una exposición de carteles singulares en el año 2008, al poco tiempo de ser recompuesto. De Salerito, a parte de lo que se dice de él en el papel –torero sevillano que atendía al nombre de Juan García– poco más sabemos. Dos años más tarde, en 1884, lo encontramos toreando, con no muy buen resultado, en Alcalá de Henares. Por su Juzgado de Primera Instancia conocemos que en un edicto …se cita, y emplaza, a los toreros, cuyos nombres y domicilios se ignoran, que en unión de José Hernández y Juan García, alias Salerito, lidiaron los toros que se corrieron en la plaza de esta población en la tarde del 12 de junio último, para que en el término de ocho días, a contar desde su publicación en el Boletín Oficial y La Gaceta de Madrid, comparezcan en este Juzgado y Escribanía a prestar declaración en la causa que se instruye con motivo de las lesiones sufridas por el Juan García por la cogida de uno de dichos toros; apercibidos que de no comparecer les parará el perjuicio a que haya lugar en derecho…

Inmemorial afición y gusto por los toros y su tauromaquia
Son números los registros en los libros de fábrica de Santa María, iglesia matriz de la villa, donde se consignan partidas destinadas al pago del toro, o toros, y a los vaqueros que los conducían hasta improvisadas plazas hechas con carros y vallas o aprovechando algún recinto, medio cerrado por casas, que se completaba del modo anterior. Hablamos del S.XVI, fecha a la que se remontan los libros de cuentas más antiguos, pero, con toda certeza, la costumbre es anterior. Fueron las iglesias, también las cofradías y hermandades más pudientes, los primeros promotores de tales encierros en aquellos remotos tiempos. Con la evolución del arte de la lidia y el gusto creciente por estos espectáculos surge la necesidad de establecer recintos permanentes y dotados de una mayor seguridad. Alburquerque tuvo que esperar hasta finales del S. XIX para tener el suyo. Así, en 1880, se concluye una modesta pero coqueta plaza con capacidad para unos dos mil espectadores. Hecha de fábrica, queda compuesta de dos pisos; en el primero van dispuestos los tendidos, en el segundo, a la sombra, doce elegantes palcos más el correspondiente a autoridades y presidencia. Ha nacido La Bonita, sobrenombre con el que fue conocida en el ambiente taurino por lo resultona que salió…
No podía La Bonita permitirse una inauguración que la desmereciera, por eso se hizo traer para tan señalado día, al diestro Francisco Sánchez “Frascuelo” hermano del mítico y legendario Salvador, que lidió y dio muerte a tres toros de la ganadería de Trespalacios. A lo largo de sus años de existencia, el coso alburquerqueño fue testigo de dos cogidas mortales. El 9 de septiembre de 1883, el matador pacense Juan Cuervo, viejo y un tanto achacoso por aquella fecha, en la que contaba con 56 años, fallece en el Hospital Civil de Badajoz el 24 de ese mismo mes a consecuencia de las graves contusiones que le produjese un toro cornalón y de mucho poder de la vacada de Escolástico Rubio, de Herrera del Duque. Tres años más tarde, la víctima fue el banderillero, de Zafra, Eloy Moreno Fernández, “Morenito”, al ser cogido por “Ligero”, novillo del hierro de Filiberto Mira, que lo empitonó por la ingle, asomando el asta por el vientre.

A lo largo de todo este recorrido han sido los toros un espectáculo que no ha hecho distingo del estrato social. Exceptuando a los pobres de solemnidad, toda familia, por humilde que fuese, se las apañaba para ir juntando unas monedas y, llegadas las fiestas, acudir, representada por el cabeza de familia, eso sí, o, a lo sumo, acompañado del primogénito, a ese ancestral y mágico mundo del toro. Humildes y blancas camisas reservadas para la ocasión. Juego de luces y sombras con los que el sol se entretiene cuando asoma por encima de los muros, separando, sin quererlo, las cunas que han de ocuparlos. La música, y el color, y el olor de la plaza a las cinco. Pisadas salvajes sobre la arena en pos del rojo trapo que busca quebrarlas, primitivos sentimientos … y luego a contarlo, con regusto, a los que quedaron en casa, estirando así los seis reales que costó la función.
Fueron pues Frascuelo hermano y Salerito, diestros no menores, los que derramaron su arte sobre la arena del coso alburquerqueño durante sus primeros años de vida. Esto nos da una idea de la entidad que tuvo la plaza y su impacto en los alrededores incluida la próxima y taurina Portugal. Hemos hecho también un sucinto recorrido por la tradición torística de la villa a lo largo de cuatro siglos, sin embargo, nada se ha dicho del promotor de tal edificio y la sociedad que se constituyó para llevarlo a cabo, ni de la fecha en que se concibió su construcción, tampoco de los maestros albañiles que la levantaron y el modo en que se sufragaron las obras y cuanto se tardó en concluirlas, ni de las vicisitudes por las que pasó, que fueron muchas. Llegado es el momento de arrojar luz sobre todas estas cuestiones, y para ello nos vamos a servir, una vez más, de las actas del diario de sesiones donde, con meticulosidad y celo, quedaron recogidos muchos de los jirones que componen nuestra historia, y también del archivo municipal y su generosa caja 429. La respuesta a la primera de las cuestiones que nos planteamos nos la da el acta celebrada el 22 de septiembre de 1778. Vamos a dejar que hable por sí misma:
Sesión ordinaria del 22 de septiembre de 1878
En la villa de Alburquerque, a veinte y dos de septiembre de mil ochocientos setenta y ocho, reunidos los Sres. del Ayuntamiento para celebrar reunión ordinaria bajo la presidencia del Sr. D. José Casals… se dio lectura de una solicitud presentada por D. Julián Ulloa, vecino de esta villa, pidiendo autorización y el terreno necesario en el Juego de la Bola, para construir una plaza de toros entre las calles de San Antón y de Santiago. Al mismo tiempo se dio cuenta de otra suscrita por D. Antonio Cuellar Gamonal, también de esta vecindad, pidiendo igual autorización y terrenos para el mismo objeto, pero con la circunstancia de que podrían interesase por la empresa cuantas personas lo deseen tomando acciones. Vista una y otra solicitud; considerando que la primera obedece al interés individual del solicitante y que la segunda, o sea la presentada por Don Antonio Cuellar, tiene por objeto el interés general, comprometiéndose a abrir una suscripción en la que todas las clases puedan tomar participación, considerando que el interés común debe preferirse al particular, el ayuntamiento acuerda conceder a D. Antonio Cuellar Gamonal la autorización y el terreno necesarios para la obra proyectada a condición de que el importe de esta, del que deberá formarse el oportuno presupuesto, se dividirá en acciones de veinte y cinco pesetas cada una, quedando suscrito el ayuntamiento desde ahora por diez acciones cuyo importe es de doscientas cincuenta pesetas. A la vez se nombra una comisión compuesta de los Sres. D. Isaac Gamero, D. Pablo Izquierdo D. Francisco Cotrina Rabazo que, de acuerdo con el concesionario, pasará a reconocer el terreno y a señalar del que considere necesario para la plaza y sus dependencias. Devolverá a Julián Ulloa su solicitud que queda pospuesta a la de D. Antonio Cuellar por las razones que quedan expuestas. Firman el acta de la sesión los presentes José Casals, Isaac Gamero, Francisco Cotrina, Pablo Izquierdo, Ramon de la Cruz, Francisco González Silvero, Francisco Manzano y Juan Cobeña.
D. Antonio Cuellar Gamonal, a él debemos -y así lo hacemos- atribuir la paternidad de tal proyecto, planteado con el noble propósito de que “todas las clases puedan tomar participación”.
A pesar de su coraje y entusiasmo, no podía, ni pretendía, D. Antonio acometer en solitario tan ingente tarea, por lo que abrió el proyecto a otros emprendedores que no dudaron en sumársele, creando una unión a la que llamaron con el explícito nombre de “Sociedad constructora de la plaza de toros de Alburquerque”. Evidentemente la adscripción social de sus componentes distaba mucho de los igualitarios y nobles propósitos con los que fue concebida. Fue un 7 de octubre de 1878. Comenzaba así el acta de la sesión constitutiva:
…reunidos en junta general los socios que forman la empresa para la construcción de un circo taurino en el sitio Juego de la Bola o Fuente del Álamo que abajo firman, previamente convocados en el local del teatro [San José, obra de D. Pedro Oliveros Corón, que yo, La bonita os aclaro]ocupó la presidencia con general aquiescencia D. Antonio Cuéllar Gamonal, como iniciador de la citada empresa…
Aunque pudiera parecer lo contrario, no fueron pocos los vecinos que pusieron 5 duros, y más, para constituir el capital que la obra demandaba. Por ello, para agilizar el funcionamiento de la Sociedad, inesperadamente numerosa, se creó, al mismo tiempo, una “Junta general de socios” compuesta de presidente, vicepresidente, tesorero, dos vocales, secretario y un vicesecretario. En común aprueban, el 15 de octubre de 1878, un “Reglamento” por el que habían de regirse todos sus miembros y que no tardaron en saltárselo a la torera, lo que aquí podría tener su gracia.

Lo componían 16 artículos: El 1º recoge el objeto de la sociedad, esto es, la construcción de una plaza de toros en el terreno concedido por el ayuntamiento. El 2º describe quienes forman la sociedad; todos los individuos con una o varias acciones y las que adquieran en lo sucesivo por compra, herencia o donación. El 3º fija la emisión del número de acciones, que será de 125, a 55 pesetas cada una -se hizo aquí un reajuste sobre la cuota inicialmente propuesta de 25 pesetas. El 4º define la composición de la junta directiva, que veremos a continuación, quedando reguladas sus facultades en los artículos del 5º al 10º. El 11º y 12ª hacen referencia a cuotas y dividendos, el 13ª a los derechos de votos en función de las acciones que se tengan y el 14º a las condiciones de entrega de las acciones a los socios. El 15º y 16º, recogen firmas y fechas.
Miembros constitutivos de la primera Junta directiva:
Presidente: D. Juan Duarte.
Vicepresidente: D. Antonio Cuellar.
Tesorero: D. Ciriaco Gómez Vela.
Vocales: D. Federico de los Reyes y
D. Higinio Vaz Álvarez.
Secretario: D. Salustiano Duarte Soto.
Vicesecretario: D. Saturnino Sudón Hernández.
Además del citado reglamento se conserva un interesantísimo “Libro de actas” donde se recogía los acuerdos tomados por la Junta en cada una de sus reuniones. Algunos de ellos nos van a permitir, una vez más, retroceder en el tiempo y ser testigos directos de una sociedad y unos hechos ya perdidos y sobre los que ahora traemos luz. Exponemos a continuación los más relevantes en ese sentido:
Sesión de 30 de junio de 1880:
… para fijar el dividendo que había de imponerse a cada acción se acordó aumentar cada una hasta la suma de 400 reales, clasificando el número de socios en tres categorías con arreglo a su posición y a fin de que puedan satisfacer dicho aumento con la comodidad y menor sacrificio posible…
Donde se nos va a revelar los nombres de quienes fueron los primeros socios de la plaza, así como su adscripción social. A pesar de tratarse de personas, todas ellas, de posición desahogada, se contempla en el acuerdo la posibilidad de acogerse a diferentes planes de pago, más o menos estrictos, en función de los recursos y disponibilidad de efectivo de cada uno de ellos. No deja de ser, por otra parte, un simpático dato para satisfacer nuestra, siempre hambrienta, curiosidad. El orden es decreciente, esto es, de mayor a menor desahogo.
Primera categoría:
Don José Casal Cruz, don Antonio Cuellar Gamonal, don Ciriaco Gómez Vela, don Antonio Espárrago García, don Francisco Guzmán Salinas, don José Izquierdo Pantoja, don Antonio García Maya, don Saturnino Sudón Bejarano, don Fernando Durán, don Román Duarte, don Pedro Oliveros Corón, don Pedro José Salinas, don Manuel Delgado, don Saturnino Sudón Hernández y don Juan Duarte.
Segunda Categoría:
Don Isaac Romero, don Salustiano Duarte, don Pablo Llarena, don José Duarte, don Pedro G. Mendoza, don Federico de los Reyes, don Andrés Cuéllar, don Higinio Vaz, don Pedro Duarte, don Joaquín Cotrina, don Francisco Cotrina, don Carrión Becerra, don Matías de Lara, don Pedro Centeno, don Pedro Fabas, don Juan Bollero, don Antonio Cortés, don Leopoldo Nacarino, don Pío Guzmán, don Benigno Bueno y Domingo Carrasco.
Tercera categoría:
Don Santiago Ferrera, don Agustín Vivas, don José Pache, don Alejandro Gutiérrez, don José González, don Francisco González Santos, don Juan González, don Andrés Cardenal, don Juan Morales, don Bonifacio Cordobilla, don Ramón Portillo, don Eugenio González, don Lorenzo Rivero Daza, don Patricio Estévez, don Juan Ruiz, don Esteban Sudón, don Antonio Cuéllar, don Juan Lobato, don Fermín Llarena, don León Pozas, don Julián Ulloa, don Juan bueno Gamero, don Modesto Rodríguez, don Pedro Bueno Montero, don Antonio González Cerezo, don Francisco González Silvero y don Juan Bueno Frías.
Sesión 1 de marzo de 1879:
…se dio cuenta por el tesorero de haberse recaudado hasta ese día la cantidad de 2.500 pesetas acordando dar principio los trabajos. También se acordó que los solares que han de quedar entre los dos muros se concedan a particulares para edificar casas por ser más útil a la sociedad en virtud de la falta de recursos de la misma…
Si ya parecía corto el espacio tiempo transcurrido entre la solicitud realizada al ayuntamiento (septiembre de1878) y la fecha de inauguración de la plaza (septiembre de 1880) más lo parece aun sabiendo que los trabajos a pie de obra no dieron comienzo hasta marzo de 1879, es decir en un escaso año y medio, por lo que el aspecto que presentaría la plaza el día de su inauguración debió de ser el correspondiente a un coso con las infraestructuras mínimas necesarias para celebrar un espectáculo de forma reglamentaria y segura. De las casas que rodean la plaza y que hoy conocemos, ni los cimientos.



Sesión de17 de junio de 1880:
…reunidos los socios en junta general en la forma que previene el reglamento se aprobó con algunas modificaciones la proposición presentada en la junta anterior para la construcción de casas bajo las bases siguientes:
1ª Las casas que pueden adjudicarse son 14, teniendo cada una 12 vara de fachada y 6 de fondo.
2ª Cada una de estas constará de 3 separaciones principales.
3ª Las chimeneas de las casas guardarán simetría, colocándose en el zaguán-cocina de las mismas y se elevarán 6 cuartas sobre la pared exterior.
4ª Sobre las bóvedas de las casas se fijarán 4 o 5 tendidos con toda solidez y uniformes, cubriéndose los asientos de pizarra del país o de Villar del Rey, dejando espacio suficiente para los palcos y paso de entrada a los mismos.
5ª Todas estas obras serán por cuenta de los dueños la propiedad que adquieren en los solares.
6ª Se obliga a los dueños de las casas a lucir las fachadas de las mismas, a construir la barandilla interior, bien con material cocido o colocar una barra de hierro hechas las trascargas, curveado de los palcos y el pavimento de la pared interior.
7ª Todas estas casas se construirán las 7 primeras en el término de un año desde que los dos muros principales de la plaza estén construidos, y se les concede a los dueños 4 años de beneficio para que durante este tiempo perciban la mitad de las utilidades líquidas que produzcan las funciones que se den en la plaza. Las 7 casas restantes se construirán en el plazo de 2 años y a sus dueños se les concede otros 6 años de beneficio en la misma forma que se expresa en la 1ª
8ª Se prohíbe a los concesionarios de las casas hacer huecos o ventanas que miren al interior de la plaza, y durante las funciones tampoco podrán hacer fuego ni encender la lumbre en las chimeneas de las mismas.
9ª Si alguno de los concesionarios no hubiese terminado en los plazos mencionados, perderá los trabajos que tengan hechos a favor de la sociedad, la que dispondrá libremente del solar o solares que se encuentren en ese caso.
A continuación, se celebró el sorteo de dichos solares entre los socios solicitantes, resultando la casa nº 1 a don Saturnino Sudón Bejarano, la nº 2 y 3 a don Pedro Oliveros Corón, la nº4 y 6 a don Antonio Cortés, la nº 5 a don Antonio Cuéllar, la nº 7 a don Juan Duarte, la nº 8, 11 y 12 a don Román Duarte, la número 9 y 10 a don Antonio Cuéllar y la nº 13 y 14 a don Pedro Oliveros.
No todos acabaron construyendo, los más, pasado el periodo de tiempo que se habían concedido para el inicio y ejecución de las obras, acabaron vendiendo o traspasando el terreno.
Sesión de 24 de agosto de1880
Muy curioso, en él se concede a los socios permiso para construir tablados –a modo de improvisados palcos– y ocuparlos, acompañados de sus familias, para asistir a las funciones, lo cual nos da una idea del incipiente estado que debía presentar el edificio de la plaza en la fecha de su inauguración.

Conocemos de este modo quienes fueron los primeros propietarios de esas originales casas, inéditas en una plaza de toros, y también las particulares características de su construcción y distribución interna, así como la prohibición de construir indiscretas ventanas. Esto corrobora la afirmación anterior sobre el aspecto que debió presentar la plaza el día de su puesta de largo.
Hemos hablado hasta ahora de los promotores y socios de este proyecto de circo taurino, como ellos lo referían. Pero ¿Quiénes lo materializaron? ¿Sobre qué diseño previo trabajaron? ¿Costes? Vamos a abordar estas cuestiones con un curiosísimo e informativo plano a color y mano alzada donde se nos da cuenta de interesantes datos.
El plano aparece firmado por Isidoro Hernández, sobrestante, lo que nos hace suponer que fuese el encargado de supervisar las obras, sobre un proyecto atribuible a Francisco Morales, arquitecto diocesano y provincial durante la época de ejecución de los trabajos.
En la esquina contraria hace un cálculo de las longitudes de las circunferencias de las cinco gradas de asientos marcadas, dando un total de 796, 6 m. (radios 2, 3, 4, 5 y 6 que aparecen en la figura)
Los asientos arrojan un total de 1.693 unidades, incluidos los 11 palcos, a 8 asientos en cada uno, (88) y los 16 de la platea, que se ubica en la zona que aparece rayada bajo los palcos. –Hoy sabemos que son 13 los palcos existentes, incluyendo el destinado a presidencia y autoridades–
Se queja el sobrestante que el circulo no está hecho a escala por no tener elementos suficientes para su trazado, no así los corrales, que lo están con la escala de 1/500. Acaba sus comentarios con los límites de la plaza; por el sur con la prolongación de la calle del general Manzano, por el este y norte con la calle del Juego de la bola y por el oeste con la calle de Moreno Nieto.
Para las áreas, le resta a la superficie del círculo de mayor tamaño (radio 7 de la figura) más la superficie que hay en la entrada de la puerta de sombra y la de los corrales (dibujos que aparecen a la derecha), la superficie del círculo interior (radio 1 de la figura), es decir, la del ruedo, arrojando un total de 3.467 m2 de corona circular, que es la zona edificable, para el cálculo de costes y materiales. Acaban sus notaciones indicando las puertas de toriles, arrastre y cuadrillas, los tendidos de sol y sombra y una precisa veleta señalando el norte.

En cuanto al nombre del contratista adjudicatario de las obras y los precios lineales de algunos trabajos, así como el primer conserje de la plaza, los encontramos en los primeros acuerdos que la Junta celebra en noviembre de 1878. Dicen así:
Extractos del acta de la Sociedad Constructora de la Plaza de Toros
de fecha 8 de noviembre de 1878
En esta sesión se trató del precio de construcción de varas de pared necesarias, cuyo precio se conciso en el de 1 peseta y 25 céntimos. También se nombró conserje de la sociedad a Agustín Piñero Gallardo con la retribución de cuatro pesetas mensuales…
de fecha 23 de noviembre de 1878
Remate y adjudicación a Martín Samino de la construcción de los muros de dicha plaza.
Desgraciadamente no disponemos de más nombres ni más cifras por la caótica administración con la que se desenvolvió la Junta a largo de toda su existencia como veremos más adelante.
Recopilemos; tenemos ya una plaza, con lo justo, pero plaza, y unos socios constituidos en Sociedad con su Junta Directiva y su Reglamento que se reúnen para tomar acuerdos. Con fecha 1 de agosto de1880 vuelven a reunirse para establecer las…
Bases por la que se ha de regir el arriendo de la plaza
Reunidos los señores que componen la Junta Directiva para tratar las bases más conducentes al arriendo de la plaza, después de discutir suficientemente el asunto, acordaron por unanimidad establecer las bases siguientes:
1ª Arrendar la plaza por tres años, que empezarán a contarse desde el día 14 de agosto del corriente año hasta el 13 de igual mes del año 1883.
2ª El precio será de 4.000 reales cada año, pagados en dos plazos iguale, uno el día 20 de septiembre y otro el 20 de marzo.
3ª La sociedad se reserva la facultad de dar dos funciones en cada uno de los tres años no pudiendo celebrarse estas en los meses de julio, agosto y primera quincena de septiembre, procurando que no sean en los días clásicos.
4ª El arrendatario se obliga a reparar de su cuenta los desperfectos que se causen en la plaza por efecto de las funciones que dé por su cuenta.
5ª Las que dé en los días de feria serán de dos toros de muerte, cuatro capeones cada una, que serán lidiados y muertos por cuadrillas y con picadores a caballo.
6ª La subasta se celebrará ante la Junta Directiva el día 8 del corriente agosto, de 5 a 6 de la tarde, en la casa de D. Antonio Cuéllar, y no será admitida ninguna proposición que baje del tipo de subasta.
7ª Serán preferidos los socios por el tanto a cualquier otro que no lo sea. En este estado, no teniendo más asuntos de qué tratar, se dio por terminada la sesión. Firmando los señores concurrentes Juan Duarte, Higinio Vaz, Ciriaco G. Vela, Saturnino Sudón y Salustiano Duarte.
A D. José González corresponde otorgarle el título de primer arrendatario de la plaza de toros de Alburquerque, al imponerse en la subasta celebrada en la tarde del 8 de agosto de 1880 en casa del Sr. Cuellar como quedó acordado. Veamos de qué forma se impuso al resto de postores:
Subasta de la plaza
Reunidos los vocales de la directiva que suscriben, con la presidencia de don Juan Duarte, en la casa de don Antonio Cuéllar Gamonal y siendo las cinco de la tarde, se dio principio al acto previa lectura del pliego de condiciones, enterados los concurrentes se declaró abierta la licitación.
D. Saturnino Sudón Hernández hizo proposición por el tipo de subasta –4.000 reales–. D Saturnino Sudón Bejarano mejoró la proposición en doscientos reales, D. José González la mejoró en cuatro reales más, D. Saturnino Sudón Bejarano en cien reales más, el ya ha dicho González en cuatro más, el repetido Sudón Bejarano en un real más, D. José González en once más, el Bejarano en veinte más, el González en cuatro más.
En este estado y siendo las seis de la tarde se declaró terminado el acto, quedando rematado el arriendo a favor de D. José González, que se obligó al puntual cumplimiento de las condiciones de esta subasta y a garantizarlo suficientemente.
Arrendatarios, empleados y ganaderos relacionados con la plaza:
D. Natalio Ventura, contratista de los palcos en la plaza de toros de esta villa. Con fecha 15 septiembre 1885 se le paga la cantidad de 20 pesetas, importe del que se ocupó el ayuntamiento los días de novilladas que tuvieron lugar el 8 y el 9 del corriente.
D. Tomás Cuellar González, ganadero de reses bravas. En 1907 solicita un permiso al ayuntamiento para cercar la fincan donde pastan y que atraviesa un camino a Piedrabuena.
D. José Arnás, contratista de la plaza hasta 1911.
D. Antonio Gutiérrez Ruiz, que lo es 1922. Ese mismo año, al declararse insolvente, se anuncia el embargo de la plaza de toros por impago.
D. Hermenegildo Piñero Bernal, contratista en 1942.
D. Daniel Álvarez Diaz, hasta 1965 y solo para espectáculos de cine y circo, como más adelante ilustraremos, con otro revelador y llamativo cartel anunciador.
D. Jacinto Alcón Pasalodos, arrendador del coso entre 1965 y 1975, a razón de 6.000 pesetas anuales.



Decíamos al principio que tanto la plaza como la Junta gestora tuvieron una vida azarosa. Por entusiasmo o por un deseo de facilitar la culminación del proyecto, la propiedad de los terrenos fue adquirida graciablemente, por cesión municipal, sin otorgamiento de escritura, y rara vez se rendieron cuentas, ni siquiera al ayuntamiento, su principal accionista, tampoco los acuerdos fueron tomados conforme a lo recogido en el Reglamento lo que fue el principio de todo el desbarajuste que vino después y que afortunadamente ha quedado recogido en este trabajo encargado por la corporación en 1955 para arrojar la luz necesaria sobre la cuestión. En él se describe, concienzudamente y año por año, los hitos más importantes en el devenir del proyecto, que culminaría con la compra de la plaza por el municipio en la sesión de 19 de marzo de 1956.

A la vista de lo anterior es requerido el secretario del ayuntamiento, D. Federico Paniagua Durán, como jurista, para que asesore a la corporación en los pasos a dar, recomendando este una liquidación de cuentas, el rescate de las cantidades debidas y la adquisición de las acciones en poder de los socios para inscribir, en el registro de la propiedad, la titularidad de la plaza.
Con este propósito y tras una ardua tarea de meses por intentar reunir al mayor número de acciones posibles, en manos de descendientes de los propietarios originales, y dispersas en muchos casos a lo largo de la geografía o sepultadas en engorrosas escrituras de herederos, se celebra por fin una nueva reunión el 1 de agosto de 1955 que promete ser de extrema dificultad según el punto desde el que se parte. A grandes males, grandes remedios:

Y llegamos así a la sesión de 19 de marzo de 1956, en la que se acuerda vender al ayuntamiento todas las acciones de la plaza al precio de 750 pesetas cada una, divididas en dos grupos por sorteo, distribuyendo así el desembolso a lo largo de los presupuestos de 1957 y 1957.

Podemos comprobar en el reverso de esta acción las distintas anotaciones de cambio de propiedad hasta llegar a manos del ayuntamiento y el sello de la Sociedad –tremendamente simple, infantil añadiríamos– con el que autentificaban el título junto a la firma correspondiente.


Por último, como ya sabemos, la plaza fue restaurada por la escuela taller que amplió su aforo a 4.500 espectadores, reparando algunas gradas, y dotándola de un ruedo de 46 metros de diámetro, callejón y una moderna enfermería, confiriéndole así el aspecto que actualmente tiene.
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PORTADA: Archivo Histórico Provincial de Badajoz, Documentos sueltos. Año 1882.
IMAGEN 2: Plaza de toros de Alburquerque tras su más importante remodelación.
IMAGEN 3: El coso alburquerqueño fue testigo de dos cogidas mortales. Vemos a los fallecidos y la nota de prensa publicada al respecto.
IMAGEN 4: Reglamento para la construcción de la plaza de toros de Alburquerque.
IMAGEN 5: Año 1933. Imagen del interior de la plaza. Este, o muy parecido, debió de ser el aspecto que presentó el ruedo el día de su inauguración. No así el graderío, inexistente en 1880, al no haberse construido aún las casas que lo soportaban.
IMAGEN 6: Aspecto exterior de la plaza en 1968 con las genuinas casas, ya terminadas, que le dan su singularidad. Foto: cortesía de Dolores Rubio.
IMAGEN 7: Año 1954. En el centro de la foto Soledad, de blanco, a su izquierda Narciso, con corbata y paraguas.
IMAGEN 8: Acuerdo para dar dos novilladas en las “fiestas de la Virgen de Carrión”.
IMAGEN 9: Plano de planta perteneciente al fondo de la “Sociedad Constructora de la Plaza de Toros de Alburquerque”. Archivo Histórico Municipal de Alburquerque. Caja 429.
IMAGEN 10: Ferias de septiembre, Año 1908 y dos carteles de 1955.
IMAGEN 11: Carteles de 1970 y 1978.
IMAGEN 12: Con este cartel se anunciaba el completísimo espectáculo con el que D. Daniel sorprendería al público de Alburquerque el verano de 1961. Procedente de todocolección.
IMAGEN 13: Trabajo encargado por la corporación en 1955 en el que se describe, concienzudamente y año por año, los hitos más importantes en el devenir del proyecto, que culminaría con la compra de la plaza por el municipio en la sesión de 19 de marzo de 1956.
IMAGEN 14: Reunión para tratar de la adquisición de las acciones en poder de los socios para inscribir, en el registro de la propiedad, la titularidad de la plaza.
IMAGEN 15: sesión de 19 de marzo de 1956, en la que se acuerda vender al ayuntamiento todas las acciones de la plaza al precio de 750 pesetas cada una.
IMAGEN 16 y 17: Acción y reverso con las distintas anotaciones de cambio de propiedad hasta llegar a manos del ayuntamiento y el sello de la Sociedad.
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