miércoles, abril 8, 2026
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De Alburquerque a la gran ciudad. Charlas con José Manuel Leal (1)

Aureliano Sáinz

En la década de los cincuenta, que es cuando José Manuel Leal vino al mundo, Alburquerque, si no recuerdo mal, tenía más de 12.000 habitantes. En la actualidad, residen en el pueblo menos de la mitad de esa cifra, lo que nos conduce a recordar que, a finales de esa década y en la siguiente, muchas de las familias salieron hacia las grandes ciudades del centro y del norte de España para buscarse una vida mejor, ya que la falta de trabajo y de horizontes las impulsó a plantearse, con mucho esfuerzo, una existencia más segura para ellos y sus hijos.

Esto nos lleva a pensar en los numerosos alburquerqueños que residen fuera del pueblo. Algunos han regresado ocasionalmente para visitar el lugar de sus raíces. Otros han mantenido un contacto más regular, fuera porque tuvieran familia o casa en la villa. Pero lo más importante es que con la creación digital de Azagala se ha abierto una ventana para que muchos puedan estar al tanto de lo que acontece en Alburquerque. Y la persona responsable de ese importante salto a la digitalización es José Manuel Leal, quien, tras años de ausencia, ha vuelto a tener una presencia importante en el pueblo.

Con él me suelo ver en las ocasiones que, por razones familiares, me desplazo a Barcelona. En la última, le planteé la posibilidad de que le hiciera una entrevista en profundidad para que nos diera a conocer su trayectoria vital. De este modo, muchos de los que tuvieron que emigrar pueden verse reflejados en algunas de sus experiencias; otros, que residen en el pueblo, conocerán mejor a este hombre afable y tranquilo que habiendo superado las siete décadas de vida se ha involucrado en este proyecto que ahora es casi indispensable en el quehacer de Alburquerque.  

Acordamos, por otro lado, que en las charlas se publicarían fotos que pueden explicar visualmente aquellos acontecimientos suyos que se han convertido en recuerdos inolvidables. En esta primera entrega, lógicamente, son fotos en blanco y negro las que veremos.

Me gustaría, José Manuel, que comenzáramos estas charlas con los primeros recuerdos de tu infancia…

Antes de comenzar, si me lo permites, quisiera explicar, una vez que me lo indicaste, cómo me he planteado estas charlas entre dos amigos. La iniciativa de hacerme una entrevista o tener una conversación conmigo me la viene proponiendo Francis Negrete desde hace tiempo; pero por cuestiones de agenda no hemos encontrado el momento para concretarla. Así que te agradezco que hayas sido tú el que hayas tomado la iniciativa, porque sé que me plantearas las preguntas claves y correctas. Para mí, es una entrevista que, en parte, se la debo a la gran cantidad de personas que saben quién soy desde que pertenezco al Colectivo Cultural Tres Castillos y a la revista Azagala, pero saben poco de mi vida desde que me fui del pueblo en el año 1964.

Así pues, voy a responder a todas las preguntas que me hagas de la forma más breve posible. A pesar de eso, puede que la entrevista ocupe tanto espacio que se tenga que publicar en dos o tres partes. A fin de cuentas, será toda una vida un tanto resumida, con cosas que, como en todas las vidas, algunas se pueden y otras no se deben contar, porque son del ámbito más privado o porque aún no es el momento.

FOTO 1

Una vez que dejas constancia de que esto ya lo habías tratado con Francis, retomo la pregunta inicial, en el sentido de que nos hablaras del año de tu nacimiento, de tu familia y del barrio de Alburquerque en el que naciste.

Bueno, tengo que apuntar que nací en 1952, hace ya bastantes años, por lo que espero que no me falle la memoria, aunque hay cosas que las conservo como si fuese ayer.

Sobre mi familia, te indico que, por parte de mi madre Casilda Cordero, mi abuelo era de Alburquerque y mi abuela de Santa Marta y, por parte de mi padre José Leal, tanto mi abuelo como mi abuela, de Santa Amalia.

El hecho de que mis abuelos paternos viviesen en Alburquerque se debe a que la profesión de mi abuelo era la de carabinero, destinado en el cuartel que había en el Llano Monjas. Fue en el pueblo donde se conocieron mis padres. Mi padre se quedó en el pueblo con su amor de toda la vida cuando se retiró mi abuelo, y ellos se fueron a Santa Amalia, a trabajar los campos que habían heredado de sus padres.

Mi padre entró a trabajar en el Ayuntamiento como inspector de Arbitrios Municipales, al mismo tiempo que pasó a formar parte de la Banda Municipal de Música con don Jacinto Pola y de la orquesta ISA como saxofón tenor. Una vez casados, mis padres se fueron a vivir al número 28 de la calle San Pedro (ahora Miguel Alcantú), y en esa casa nací yo.

FOTO 2

¿Cuáles son los recuerdos más intensos que guardas de tu infancia en el pueblo?

Si te digo la verdad es que de mi infancia tengo pocos recuerdos, aunque son imborrables: recuerdos de la vieja Escuela Graduada de Niños Vasco Núñez de Balboa, de hacer gimnasia en la terraza que separaba la parte de los niños con la de las niñas, en pantalón corto y camiseta de tirantes a las 9 de la mañana de cualquier día de enero… Menos mal que después nos daban la leche americana y, si había suerte, también un poco de queso de bola.

Los amigos que tenía eran los de la calle. Quizás, los más amigos fueran Pedro Lino, que era vecino, y Manolo Cerro, dada la amistad que tenía mi padre con el suyo, que trabajaba en la farmacia de la calle San Antón, al lado de la ‘callejina’ que la une con la de San Pedro.

La etapa que más recuerdo, en cuanto a amistades, fue cuando el cura Don Miguel formó el grupo de los acólitos de San Mateo, que éramos monaguillos, pero con ‘menos competencias’ por no haber cumplido los 12 años. Esa etapa, que duró desde los 8 años hasta mi marcha del pueblo a los 12, sería la que más me hizo aprender cosas nuevas, pues, aparte de temas de la iglesia, se hacían excursiones, teatros, coros, cabalgatas de Reyes Magos y muchas más actividades que se salían de lo habitual en aquella época, que consistía en jugar en la calle. Si no recuerdo mal, éramos dos grupos de 12 acólitos cada uno.

FOTO 3

Otro de los recuerdos imborrables era cuando mi padre me llevaba al futbol, primero al campo de la Dehesa y, después, al nuevo. Aún conservo el carné número 1 de socio infantil del Club Deportivo Alburquerque; incluso me acuerdo del himno del club, que decía así: “El club deportivo Alburquerque es un equipo español, tiene cinco delanteros que son artilleros cuando van al gol, la media son dos leones y la defensa es mejor y el portero es un muchacho que por alto o bajo no le marcan gol”. La música del himno también la tengo archivada en mi mente… Ya la cantaré en la plaza algún día.

FOTO 4

Me acabas de decir que a los 12 años te trasladaste con tus padres a Barcelona, por lo que ahora te pregunto: ¿Qué supuso para un niño que se encontraba en los inicios de la adolescencia ese cambio tan profundo? ¿En qué barriada de Barcelona os ubicasteis?

Mi traslado a Cataluña tuvo dos etapas, el primer destino fue a l’Ampolla un pueblecito de pescadores en el delta del Ebro, en Tarragona. Allí vivía una hermana de mi padre, y tanto yo como mi hermana estuvimos casi un año en su casa, hasta que mis padres consiguieron un piso y fueron acondicionándolo para vivir. Esa primera etapa no supuso un cambio muy brusco, porque, aunque marcando las diferencias culturales, idioma, etc., seguía siendo un pueblo y el impacto no fue tan fuerte. Lo que sí añoraba eran los amigos y juegos que había dejado atrás.

La segunda etapa ya fue, digamos, mucho más que complicada, por no decir dura. Era nuestro destino definitivo en la gran ciudad de Barcelona. Inicialmente, mi hermana y yo nos encontramos en casa de una prima de mi padre que vivían en el mismo edificio en el que mis padres habían cogido su piso, mientras en sus ratos libres lo iban acabando de pintar, amueblar, etc. Ese precioso ático con una terraza enorme en uno de los barrios más populares de Barcelona, el Guinardó, cerca del Parque Güell, la Sagrada Familia y el hospital de San Pablo, fue la vivienda de la familia hasta que mi hermana y yo nos casamos y allí estuvieron mis padres hasta que fallecieron.

En la terraza del ático de mis padres

Una vez que os asentáis en Barcelona, imagino que tendrías que ir a un colegio que para ti sería muy distinto a la escuela del pueblo. ¿Háblanos de los recuerdos que tengas de tu adolescencia en la gran ciudad, así como de los amigos de aquellos años?

Sobre esta cuestión que me preguntas, quisiera indicar que tuvimos la gran suerte de conocer a través de unos familiares al director de un colegio público que había cerca de nuestra casa, por lo que pude entrar, aunque ya había comenzado el curso.

El sistema educativo en aquellos tiempos no difería mucho de unos sitios a otros de nuestro país y pude adaptarme bastante bien. Fue mucho más difícil integrarme en las costumbres, juegos y actividades en los que se movían los otros niños de mi edad; pero mis ganas de aprender lo superaban todo, era como una esponja y cada día iba acumulando nuevas experiencias y enseñanzas. Esto ha sido una constante en toda mi vida: aprender, aprender y aprender, y, desde hace ya unos años, enseñar todo lo que sé.

FOTO 5

Me gustaría, José Manuel, si te parece, que finalicemos esta primera parte de las charlas de modo que nos expliques, una vez terminada la antigua EGB, tu paso, siendo adolescente, por los estudios de Formación Profesional, de modo que en la siguiente entrega las reiniciemos con tu entrada en la Universidad.

Me parece muy bien que cerremos así esta parte, pues los años de la adolescencia son muy importantes para todos nosotros.

Enlazando con lo anterior, quisiera apuntar que, una vez acabada la EGB, comencé a trabajar antes de cumplir los 15 años, siendo mi primer trabajo el de aprendiz en una farmacia que había cerca de mi casa. Trabajaba por las mañanas, de 9 a 14, y por la tarde, de 16 a 21, llevaba los estudios de Formación Profesional en Electrónica; primero Oficialía Industrial y, a continuación, Maestría Industrial en la Escola del Treball de Barcelona.

Recuerdo que en esa época ya trabajaba en una fábrica de televisores que estaba a 30 kilómetros de Barcelona, lo que me obligaba a levantarme cada día a las 5 de la mañana, puesto que el horario era de 7 a 15. Así pues, tenía el tiempo justo para ir directamente a la Escola para poder llegar a las 16 horas, lo que me obligaba a comer en el trabajo algunos días y, en otros, un bocadillo en el autobús de vuelta.

Foto 1: Con 2 años, en las laderas con unos amigos de mi tio Paco. Foto 2: Mi familia en la terraza de la calle San Pedro, está en la foto mi prima Manoli. Foto 3: Un grupo de los acólitos con Don Miguel. Foto 4: Carnet de socio infantil del Club Deportivo Alburquerque. Foto 5: Uno de mis viajes al pueblo a finales de los años 60, con mi hermana y mis primos Manolo y Lola.

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