EUGENIO LÓPEZ CANO
Se conoce popularmente con el nombre de LA PLAZA (ver plano en pág.34) al espacio de diferentes alturas comprendido entre el Ayuntamiento, frente a la Torre de la Villa o del Reloj (C), construido a modo renacentista hacia finales del primer tercio del siglo XX, en cuyo interior se pueden contemplar cuadros de Eugenio Hermoso y Adelardo Covarsí; la plaza La Soledad (hoy, España), situada a su derecha, llamada así por hallarse en ella la ermita de Ntra Sra de la Soledad (erigida en 1629 y hoy exclaustrada), junto al antiguo Hospital de Ntra Sra de la O (destinado en tiempos para curar a los pobres), conformando uno de los rincones más pintorescos de la villa; el paseo La Alameda, a nuestra izquierda, y el comienzo de La Rambla (parte de lo que hoy es avda Aurelio Cabrera), dos espacios, por cierto, reservados en el primer tercio del siglo pasado para plantar en ellos los primeros árboles, acercando de esta forma la naturaleza al interior de la población.
Respecto a las casas que, como se observa, están adosadas a uno y otro lado de la cerca, ocupando las de afuera la cava o foso que se extendía en esta parte, fueron derribadas a principios del siglo XVIII con motivo de las guerras con Portugal al objeto de imposibilitar la entrada del enemigo, lo que no impidió que en 1705 la villa y fortaleza fueran tomadas por los portugueses. Más tarde, hacia la segunda mitad del siglo XIX, serían de nuevo construidas.
La Plaza, céntrica y espaciosa, fue siempre, como solaz y mentidero, un lugar de citas y tratos para vecinos y foráneos. Todavía, a falta de una plaza de abastos, en el primer tercio del pasado siglo, en la plaza La Soledad y alrededores se continuaba utilizando cada mañana como mercado público.
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PORTADA: La Plaza, en su conjunto, se ajusta en líneas generales a los principios básicos del urbanismo del siglo XVIII: la amplitud o desahogo de espacio, la perspectiva de las plazas proyectadas a distintos niveles, el contraste del arbolado con la piedra y la cal, y por último la belleza panorámica que nos ofrecen los edificios y las torres del recinto amurallado (J.M. Ambrós. 2013)
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