domingo, febrero 15, 2026
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Grafitis, pasquines y pintadas en Alburquerque (I)

EUGENIO LÓPEZ CANO

Repasando las publicaciones y propagandas que conservo, aprecio todavía más la importancia que tiene, como veremos, este tipo de difusión a la hora de narrar la historia de un pueblo en su contexto político, social y cultural.

  Ante la irresponsabilidad que supone la falta de consideración con esta parte de nuestro patrimonio, recogeré una muestra de estas manifestaciones con el fin de dar un aldabonazo a la conciencia de quienes están obligados a poner en valor el patrimonio documental -periódicos, revistas, propaganda, etc.- así como informar y concienciar a la población de su verdadero alcance histórico.

  Me imagino el páramo tan brutal que en este sentido debe existir en el Ayuntamiento, una institución que tendría que haberse preocupado de recoger un material necesario -imprescindible en muchísimos casos- para escribir en su día la historia contemporánea de Alburquerque.

  Lo que se manifiesta a continuación, ya iniciado por otros autores desde la revista La Glorieta, aunque sin proyectos en este sentido, es una pequeñísima muestra de la importancia, como digo, de este tipo de información tan menospreciada por nuestras autoridades locales, sin excepción de clase alguna, y lo que es peor, sin que se vean visos de ponerle remedio.

1. GRAFFITIS

Los graffitis (del inglés graffiti, pintura) son expresiones plasmadas en muros en las que se transmiten ideas o mensajes, en su mayoría de corte político, en este caso. Algo que es común en muchos lugares de España, en Alburquerque sin embargo no suele prodigarse este tipo de manifestaciones públicas, y cuando así ocurre, al menos aparecen lejos del centro histórico.

  ¿Desinterés por lo público? ¿Carencia de criterios? ¿Mentalidad acomodaticia? Me conformaría tan sólo con pensar que es por simple educación, y por tanto por deferencia a los demás, que vendría a traducirse, nada menos, por respeto a los bienes particulares y colectivos.

  Es posible que por carecer de tradición en este sentido les falte originalidad en los textos, escritos en una época, como veremos muy determinada, donde la vida social fue sacudida por decisiones políticas muy controvertidas. Quizá que por este motivo los mensajes están redactados de una forma, digamos, primitiva, sin imaginación, directa, repetitiva en muchos casos, tendentes al insulto y sin adorno de clase alguna. Al menos en este sentido hemos tenido la suerte de vernos libre de esta plaga de mal gusto que asolan las ciudades, donde no se respetan las fachadas de las viviendas particulares ni tampoco, que es lo peor, los monumentos artísticos, ocasionando unos casos perjuicios económicos a los propietarios de dichas viviendas, y en otros causando un daño a veces irreparable en edificios históricos, sin olvidar el malestar que produce en la vista y en el alma de quien lo contempla, a poco que le despierte la sensibilidad.

  También es cierto, aun cuando sea reprochable, que es tanta la impotencia que padece el vecino que a menudo se ve impulsado, quizás en contra de su proceder, a realizar este tipo de expresiones. Lo que no es de recibo es que existan personas que por mero capricho o por la absurda manía de autocomplacencia se dé al gozo de violentar un muro inmaculado, respetado por el tiempo y mimado por sus dueños, a costa de su peculio.

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