Aureliano Sáinz
Hace días estuve leyendo Lisboa de Fernando Pessoa, pequeño libro editado en 1992, muchos años después de que el gran autor lisboeta falleciera en la ciudad que tanto amaba. Su lectura me devuelve a la última vez que estuve con el Colectivo Tres Castillos en la capital portuguesa. Allí, y ya por la tarde, después de haber realizado numerosas visitas a monumentos significativos, varios amigos subimos al empinado barrio de Chiado. Cuando veo el grupo escultórico dedicado a este escritor, en el que se muestra sentado con su mano izquierda sobre un libro, al tiempo que a su lado hay una silla, siento el deseo de fotografiarme junto a su figura, por lo que le pido a Francis que la haga.
Lógicamente, la estancia en la muy bella ciudad de Lisboa fue corta para todo lo que hay que conocer. No obstante, bajo la experta dirección de Moisés Cayetano, se aprovechó al máximo el tiempo, por lo que regresamos muy de noche cargados de inolvidables recuerdos.
Dado que, en mi caso, había estado varias veces con anterioridad, sé que es una ciudad llena de esculturas o grupos escultóricos que recuerdan a personajes que por distintas razones han merecido ser rememorados, circunstancia que queda plasmada con bastante detalle en el texto de Pessoa.

Cuando terminé el libro, me vinieron a la mente algunos homenajes que se les han realizado a amigos una vez que hubieron fallecido. Y el primero que acudió fue el recientemente aprobado a Antonio López Hidalgo por parte del Ayuntamiento de Montilla, su ciudad natal, con la colaboración del Colegio Profesional de Periodistas de Andalucía. Se trata de premiar la mejor tesis doctoral, de cualquier universidad española, sobre el mundo del periodismo, entre aquellos ya doctores que aspiren a este galardón.
Brevemente, quisiera indicar que este amigo fue catedrático en la Facultad de Comunicación de Sevilla, al tiempo que ejerció su trabajo docente compatibilizándolo con el de periodista y escritor. Falleció repentinamente el 22 de mayo de 2023, dejando una extensa obra literaria, por lo que tiene todo sentido ese premio que lleva su nombre. Como recuerdo, muestro una fotografía de la presentación que llevé a cabo de su último libro en el Ateneo de Córdoba. Él aparece con jersey rojo, al tiempo que el presidente del Ateneo se encuentra a su lado.

He comenzado hablando de la escultura de Pessoa para, posteriormente, pasar a premios que llevan el nombre del homenajeado. Pero hay otros modos de reconocimiento. Así, por ejemplo, cuando se desea hacerlo a quienes han nacido en la localidad o residiendo en ella durante años por haber destacado de modo relevante en alguna faceta, los ayuntamientos les pueden conceder el título de hijo predilecto o hijo adoptivo, según hayan nacido o no en el lugar en el que se les rinde el homenaje.
Otras formas se llevan a cabo con la denominación de una calle, plaza o parque, tal como habitualmente acontece en distintas poblaciones de la geografía de nuestro país. También se suelen rotular con nombres propios edificios culturales, centros sanitarios, bibliotecas, facultades universitarias e, incluso, estaciones de tren o de autobuses.
Es lo que recientemente ha acontecido con Julio Anguita en la ciudad de Córdoba, al ser el primer alcalde de la democracia que tuvo la ciudad, y en la que, por su significado humano y político, dejó una destacada impronta, hecho reconocido por parte relevante de la población cordobesa. Tras una intensa campaña de recogida de firmas, el Ayuntamiento de Córdoba, por mayoría, acordó poner el nombre de Julio Anguita a la estación de ferrocarril cordobesa.

Cerraré este breve recorrido citando el homenaje que se le hizo a otro buen amigo: Antonio Carpio. Pero antes, quisiera apuntar que cuando es una figura política a la que se pretende dar un reconocimiento público se hace más difícil llegar a un acuerdo por discrepancias ideológicas. Sin embargo, hay algunas que generan un amplio consenso, como fue su caso. Como antiguo alcalde de Montilla tuvo un enorme respaldo popular por la coherencia manifestada en sus principios y sus cualidades humanas, de ahí que, una vez fallecido, el Ayuntamiento de la ciudad aprobara poner su nombre al nuevo Centro Cultural.
Y como recuerdo de este gran amigo, muestro una de las fotografías que le realicé en la terraza de su casa cuando le propuse una entrevista para la revista Azagala, encuentro al que se prestó con toda la cordialidad y la sencillez que le caracterizaban.
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