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VIDA Y OBRAS DE ELENA FORTÚN (9). Sueños revolucionarios y servicios sociales con niños

ELÍSABETH GARCÍA ROMÁN

-Sueños revolucionarios. Madrid, 1934-1935

Encarna se lanzó de lleno a la República y se encontró, sin saber cómo, metida en una revolución que no comprendía. Por su parte, Eusebio, retirado desde hacía cuatro años, volvió al servicio activo en el ejército. Cayó herido al principio de la contienda y fue ingresado en el Hospital Militar de Carabanchel. Allí iba a verle Encarna, como Celia iba a ver a su padre en Celia y la revolución.

   Además, escribía artículos sobre lo que pasaba en Madrid y fuera de Madrid durante la guerra en el semanario Crónica. En Madrid no solo visitaba hospitales, albergues, bibliotecas y centros de cultura, sino que llevaba el pulso de la vida diaria.

   En 1934 describió una Nochebuena en “La Casa del Niño”, una iniciativa del Lyceum Club para dar albergue durante el día a los hijos de las mujeres trabajadoras. Allí comían, jugaban, aprendían a leer, se les contaban cuentos, se les enseñaba buenos modales… y a la hora de marcharse se le daba a cada uno un capacho con la cena para que la tomasen con sus padres, quienes, posiblemente, sin esa ayuda no hubieran podido cenar. Los domingos, que no había niños recogidos, la Casa se convertía en biblioteca, creada por un grupo de alumnas de biblioteconomía entre las cuales estaba Encarna.

   En 1935 escribió un artículo en el que hablaba de niños ricos, pobres y enfermos. Encarna había ido dando vueltas alrededor de ellos, cogiendo sus conversaciones, sus ilusiones, sus planes.

   Los ricos jugaban en los jardines de la Escuela Plurilingüe; eran guapos, sanos, alegres y tenían cubiertas todas sus necesidades y caprichos. Los convalecientes del Hospitalillo del Niño Jesús jugaban en el jardín, no tenían muchas cosas agradables que comentar y los largos días de cama les habían acostumbrado a estar callados. Por los golfillos abandonados en las calles siempre había tenido Encarna una especial simpatía y en el artículo les presenta como criaturas libres, fuertes, endurecidas por la vida, pero con interior sensible que a veces salía a la superficie. Estos últimos encontrarían un horizonte nuevo en “La Casa del Niño”.

   Lo malo era los que no iban, porque nadie les había hablado de aquel sitio; los niños que vivían en los barrios bajos, en cuchitriles. Para esos era para quienes Encarna participaba en la revolución.

   Además, viajaba a otros lugares para escribir sus artículos como el que hizo sobre la terrible miseria de la región minera de Cartagena, causada por el descubrimiento de yacimientos en Australia y Estados Unidos, más ricos y de más fácil extracción. Ella culpaba a las leyes y pensaba que el mineral podría darse más barato si tuviera la protección de los gobiernos.

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PORTADA: Imagen de la “Casa del Niño” o “Casa de los Niños”.

FOTO 2: Portada de “Celia en la revolución”.

FOTO 3: Madrid, poco antes de la Guerra Civil.

FOTO 4: Madres con sus hijos en la Casa del Niño.

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