lunes, mayo 25, 2026
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Luis Landero presenta en Alburquerque »Coloquio de invierno»

Antonio Maqueda

Con la presencia de autoridades locales y regionales, y con el patrocinio de Caja Rural de Extremadura, este sábado se ha llevado a cabo, en las instalaciones del Centro de Interpretación del Medievo del Castillo de Luna de Alburquerque, la presentación de la última novela de nuestro más ilustre y reconocido escritor local Luis Landero Durán, “Coloquio de invierno”. El acto fue conducido por la sobradamente conocida presentadora de televisión y radio, también alburquerqueña, Isabel Gemio Cardoso.

Cartel de la presentación del libro »Coloquio de invierno»

Previamente intervinieron, en este orden, el alcalde de Alburquerque, Manuel Gutiérrez Regalado, la coordinadora del Programa de Fomento de la Lectura de la Junta de Extremadura, Miriam Navas Reyes, y el presidente de la Caja Rural de Extremadura, Urbano Caballo Arroyo.

Intervención del alcalde Manolo Gutierrez

Una vez iniciada la presentación en formato de diálogo, de “coloquio”, y tras destacar una docena de breves reseñas críticas, a cada cual más positiva, sobre la obra que se presentaba, la conductora del acto ensalzó al narrador alburquerqueño como “el narrador de nuestra infancia”. Nos recuerda Landero que “recién inventado el lenguaje, al término de la jornada de trabajo, nuestros primerísimos padres se reunían y contaban lo que les había pasado, saltaban a lo que uno recordaba, intercambiaban experiencias”, lo que destaca como un modo de cohesionar la sociedad a través de la palabra.

Vista general del acto

“Todos vemos la realidad a través del lenguaje. Quien pierde el don de la palabra pierde el don de la memoria”, nos recordó nuestro más insigne escritor, para después añadir que “la palabra está en el centro de la racionalidad, es lo que nos diferencia del resto de animales. Se reconoce Luis (“yo y la gente más o menos de mi edad”) como uno de los últimos beneficiarios de haber conocido ese mundo de la palabra en el que las personas “hablaban entre ellos y ejercitaban la imaginación de esa manera”. Reivindica Landero el hecho de escuchar como más necesario que nunca para evitar los guirigáis tan comunes en las tertulias de la televisión actual. Nos describe cómo se va hilando un coloquio (“conversar es algo recíproco, yo te digo, tú me dices y yo escucho, y al escucharte aprendo y, además, al contestar, lo hago a lo que tú has dicho y todos se van enriqueciendo”).

Landero y Gemio, protagonistas del acto

Otro aspecto que destaca el autor de “Coloquio de invierno”, a colación de un fragmento de la novela leído por Isabel Gemio, donde aparece una palabra tan de nuestra raíz como “caraba” (reunión para charlar), fue “un cierto calor humano que había en su época ‘de chico’, cuando “se hablaba sin tanta prisa, incluso se respetaban las pausas necesarias para encontrar la palabra o expresión correcta y continuar”, lo que aprovecha el hábil conversador que es Landero para recordar que todo lo que la humanidad ha conseguido de bueno en la ciencia, en el arte, en la filosofía, la música, lo ha hecho desde la lentitud, la soledad, la concentración.

En un animado desarrollo del diálogo que se estableció entre la conductora del acto y el autor de la obra presentada -lo que vino a ser poner en práctica la tesis principal de la novela- se habló de la importancia del azar en el transcurrir de las vidas de todos, recordando Luis cómo su madre decía mucho aquello que tantos habremos oído de nuestros mayores: “donde está el cuerpo está el peligro”, lo que derivó en que Luis hablara de cómo “la vida está llena de horror sin necesidad de decir el argumento de la vida”, y como la vida es contraste, resulta que “la vida está llena de belleza, está llena de bondad. La vida tiene un sabor agridulce.”, lo que de nuevo derivó en que “existe la fatalidad, como existe la fortuna”, una sentencia como muchas de las que podemos leer en la magnífica novela.

Intervención de Isabel Gemio

Todo ello se nos cuenta en ese “Coloquio de invierno” que la presentadora animó a leer, lo que llevó a recordar cómo en sus respectivas casas -ambas alburquerqueñas- “no había libros”, hilo que Luis tomó para contar cómo él sí tuvo “libros orales, los cuentos que me contaba mi abuela, que era una biblioteca andante”. ¡Qué delicia escucharle hablar al nieto de “la cantidad de cachivaches narrativos que mi abuela tenía en la cabeza, de la cantidad de adivinanzas, refranes, leyendas, trozos de zarzuela que cantaba, y muy bien, además!; sabía romances… y tenía una memoria prodigiosa y el don de saber contar muy bien, con sus suspenses, su emoción… Y todo lo había heredado de sus mayores, de esa cultura popular”. “Eso también es tener libros”, concluye Landero. 

Luis Landero en una de sus características poses

Y en el devenir del diálogo, Luis ensalzó la importancia de la educación en la infancia, de no obviar el aprendizaje de retahílas, de la memorización de poemas que “con su rima y su ritmo se convierte en un archivo de palabras, de ritmos, de filigranas sintácticas… y, a la hora de escribir y de hablar cuando eres mayor, eso sale porque lo has aprendido para siempre”. Lo que demostró recitando unos versos de “Don Juan Tenorio”. Y como uno recitó, su contertulia le sugirió la importancia de las pequeñas cosas, lo que llevó a los dos paisanos que dialogaban a hablar de cómo  ennoblecer lo pequeño, “que es lo que tú haces, Luis –dice Isabel–, haces grande lo pequeño, sacas de personajes aparentemente poco importantes mucha historia…”, a lo que Landero responde que, como dijo el escritor Anton Chéjov, “el oficio del escritor es hacer interesante a la gente vulgar”, si bien matiza, sobre esa aparente vulgaridad, que otro gran escritor, James Joyce, decía que “no hay personas mediocres, sino observadores mediocres”. Desemboca, entonces, Luis en decir que “si rascas un poco en cualquier persona, si accedes un poco a su ‘trastienda’, toda persona es interesante. Pero hace falta imaginación, “esa cosa maravillosa” que no todos tenemos y de la que Baroja decía que “es un bien escaso”.

Luis Landero, Isabel Gemio y Antonio Maqueda (autor del reportaje)

Con el rodar de la conversación que se estableció entre la periodista y el escritor se llegó, dicho por Luis, a lo que Benito Pérez Galdós decía sobre que “todos llevamos una novela a cuestas”, “siempre que se sepa contar”, sentencia Landero. Y el alburquerqueño, al respecto de todo esto, tiene algo más que oficio, tiene brillantez y un saber hacer que vuelca también en esta última novela, esta última obra de arte landeriana que, escrita en un contexto de invierno, nos invita a un coloquio de primavera, a que la leamos, a que conversemos, a que usemos la palabra con lentitud, sin prisas; a que, en torno a una mesa-camilla o en un banco de nuestras plazas, nos sentemos y hablemos y escuchemos, que contemos nuestras historias, reales o inventadas, como hacen los nueve protagonistas de “Coloquio de invierno”.

Una pausa durante la presentación del libro

“Leamos, vivamos, también con la imaginación, contemos, usemos nuestras palabras”, se nos viene a decir, nos termina por decir Luis, un alburquerqueño que se llevó las palabras consigo, que las pasó por el tamiz de experiencias musicales como guitarrista; que, por huir de un trabajo fastidioso de oficina, acabó por convertirse en “maestro de las palabras”, del contar, con sus palabras a cuestas, con las que desde los quince años sabía que quería trabajar para llegar a ser escritor. “Necesito escribir, para mí es como respirar, yo no sabría que hacer por las mañanas… a veces, ante la hoja en blanco, te gustaría levantarte y huir”, pero “todos los días, sin faltar ni uno, todas las mañanas, yo estoy ahí, escribiendo, y si escribo, bien y si no, ahí estoy en la mesa.”

Gracias, Luis, porque tu tesón con las palabras es nuestro disfrute. No dejes de contarnos. No dejemos de contarnos.

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