Aureliano Sáinz
Comenzamos esta penúltima entrega correspondiente a 2024, es decir, el año pasado, sabiendo que las noticias que en esos números aparecen todavía están algo presentes en la memoria de todos; pero merece la pena cerrar esta historia Azagala de forma completa.
Así, la portada del número 142, con la que iniciamos este recorrido, responde a una visión claramente navideña, en la que una madre acoge en sus brazos a su hijo pequeño, mientras que la niña dormita sobre el hombro materno, presentándonos una imagen cargada de ternura. De igual modo, en la Carta del director se habla de un “Año de esperanza”, aludiendo a los inicios de las obras en el castillo de Azagala, a la subvención recibida para el proyecto de una planta embotelladora de agua minero-medicinal y a la petición de un punto de evacuación de energía para que puedan desarrollarse lo proyectos de plantas fotovoltaicas.
Hay un cierto aire familiar en este número; aunque también tenga un tinte luctuoso, dado que el 13 de enero había fallecido Manuel Negrete (Manolín, como denominaba Francis a su hermano mayor), por lo que lógicamente protagonizaba los obituarios que aparecían en la revista. También indico lo de familiar porque en una de mis frecuentes idas a Barcelona entrevisté de manera extensa a José Manuel Leal, de modo que el actual presidente del Colectivo Tres Castillos pudo explicar con cierta amplitud aspectos significativos de su vida.
Es habitual que el segundo número de cada año recoja una instantánea del Carnaval. Es lo que sucede con la del 143 en la que parece evocarse a Harry Potter, un personaje de la ficción creado por la escritora británica J. K. Rowling y que se ha hecho mundialmente famoso. Pero lo más interesante en esta ocasión es que se ha dado un gran salto en el diseño de Azagala: por primera vez aparecen todas sus páginas a color, lo que supone una adaptación al mundo gráfico en el que actualmente nos movemos.

El escritor húngaro László Krasznahorkai, último Premio Nobel de Literatura, se quedó sorprendido y profundamente enamorado del paisaje extremeño y de los entornos de Alburquerque cuando los visitó en 2008. Esto nos lleva a considerar que las portadas de Azagala, como la de este caso, en las que aparecen imágenes de nuestra tierra nunca están de más, ya que nos recuerdan que tenemos una naturaleza privilegiada.
Una vez entrados en las páginas del número 144, y aunque no sea extensa, aparece la información que lleva por título “La puerta olvidada del Castillo de Luna”, algo conocido por los residentes en el pueblo, dado que se cumplían 25 años de este descubrimiento en el que las dos laderas también se comunicaban por debajo de la denominada “ventanilla”.
Puesto que las entrevistas eran parte esencial de Azagala, en esta ocasión, con numerosas fotografías, se le realiza a Antonio del Pozo Mayo, que fue seleccionado como piloto de American Airlines. Por otro lado, la presencia anual en Alburquerque de Luis Landero ha sido una constante desde su inicial éxito con Juegos de la edad tardía, de modo que, en ese año, al premio de relatos que lleva su nombre acuden nada menos que 353 estudiantes de bachillerato; todo un éxito que hay que agradecer al autor, al profesorado del Instituto y a los promotores de tan buena iniciativa.
La película Los santos inocentes, es decir, la mejor de la cinematografía española según muchos críticos, ya forma parte de la memoria de Alburquerque; no es de extrañar, pues, que en el número 145 se reivindicara una calle dedicada a Paco Rabal por su papel, verdaderamente impagable, en el personaje de Azarías. (Pero, parece, que este reconocimiento, lamentablemente, no se ha llevado a cabo.)
Si hay algo a destacar en este número es la finalización de “Yo me acuso (Mi relación con Vadillo)”, en la que Francis fue desgranando su relación con ese controvertido personaje que tanto daño hizo al pueblo. Puesto que ha sido una larga serie de autoconfesión, su autor finaliza con esta íntima reflexión: “No sé cómo me juzgará la historia de Alburquerque y sólo me importa que digan que fui honesto y que luché por la libertad. Y, por supuesto, apoyar a Vadillo fue el mayor error que cometí en mi vida”.
El color, tal como he indicado, ya está consolidado en la revista, aunque, como puede apreciarse en este número 145, hay algunos errores tipográficos (algo comprensible en los momentos de cambio). A modo de compensación, la portada del 146, una fotografía de Savi Muñoz Lavado, es espléndida, acorde con el éxito de la Velada de San Antonio que se lleva a cabo en la explanada de San Francisco, lo que da lugar a que sea un tema que se trata de manera amplia en la revista.

A lo largo del número 147, tanto en portada como en el interior de la revista, aparece una extensa presentación de fotografías del Festival Medieval debida a José Moro-Quercus. De igual modo, como viene siendo habitual en todos los años, el encuentro convocado por la revista Azagala sigue su larga trayectoria, con la cogida que se merece un acto que se ha planificado y trabajado con todo detalle.
Antonio Maqueda comienza una serie literaria teniendo como referencia las portadas de las novelas que la editorial Tusquets ha publicado de Luis Landero. La inicia toma como punto de partida La última función, que, por ahora, es el último trabajo de este gran escritor. Libro a libro irá retrocediendo e interpretando, con una significativa carga poética, cada uno de los diseños que sirven de presentación a las novelas de Landero.
Uno de los problemas que afronta la publicación de Azagala es el de tipo económico, pues la pérdida de suscriptores por defunción se muestra como una constante casi desde que surgió, ya que las nuevas generaciones no suelen continuar con la tradición lectora de sus mayores. Esta idea asoma cuando, en el número precedente, volví a leer “Rafael Pérez Soto, el suscriptor fiel”, título muy correcto, pues la fidelidad a la revista es uno de los motivos que da fuerzas para continuar en este singular proyecto, que no tiene parangón en Extremadura.
Hay alburquerqueños que por distintas razones tuvieron que salir del pueblo, aunque nunca han olvidado sus raíces, siendo fieles a sus orígenes. Así, hay encuentros familiares, o ligados a la genealogía de los apellidos, como es en este caso el de José y Lázaro Rubiales, que los organizan en alguno de los restaurantes de Alburquerque. Este queda ampliamente recogido en las páginas de la revista.
Se cierra el 2024 con una espléndida fotografía de Las Laderas, en la que vemos el paseo, en un luminoso día invernal, con un amplio encuadre en el que se recoge la instantánea en la que se muestra a dos aves sobrevolando los cielos de Alburquerque. También las imágenes pueden tener una singular carga poética, como es este caso.
No quiero extenderme más en este recorrido por este año. Sin embargo, quisiera citar dos artículos que aparecen en el número 149. Por un lado, el de mi amigo de siempre Diego Bas Aguado, que lleva por título “Resiliencias en el ayer de Alburquerque”, en el que nos dice en sus inicios: “Con este artículo quiero homenajear a tantas generaciones de mujeres que a lo largo de décadas han mostrado su capacidad para hacer frente a los esfuerzos, sacrificios y entrega que, por distintas circunstancias a realizar dentro de la sociedad que les tocó vivir…”
También mi hermano Benigno, ya en el último tramo de su vida, escribe “El otro condado de Albu(r)querque”, siguiendo la línea de investigación que inició desde los primeros números de Azagala. Este será uno de las últimas colaboraciones en la revista.
Con la siguiente entrega de esta serie, correspondiente a este año de 2025, se cierra, provisionalmente, la historia de Azagala vista a través de sus portadas. Ojalá que, tal como indico, sea un cierre provisional y que este proyecto tenga continuidad por muchos años.
Visitas: 78
