TEXTO: FRANCIS NEGRETE/ WEB DE ENCINA BLANCA. FOTOGRAFÍAS: ALFONSO GONZÁLEZ ALMUIÑA
Parte del grupo Combatientes y algunas de sus parejas visitaron ayer la bodega Encina Blanca de Alburquerque, con el objetivo de conocer el entorno de la misma, las lagaretas milenarias, el interior de la bodega y el proceso de elaboración de los vinos y el espumoso, para terminar con una cata de tres de ellos.

Las explicaciones de Esther Gamero, la extraordinaria enóloga de Encina Blanca, fueron escuchadas con atención por la expedición de los Combatientes, porque a sus conocimientos de viticultura, se le añade una facilidad enorme para hacer amenas y entendibles sus palabras. Así, desde el principio hasta el fin, Esther ofreció una clase magistral, utilizando la didáctica y la propia pedagogía de manera acertada y sumergiendo a los presentes en el apasionante mundo del vino. Eso motivó a la expedición de amigos a degustar con más placer los exquisitos y premiados caldos de la bodega y en adquirir un buen número de botellas, alrededor de 150, para las fiestas navideñas.

La visita por las inmediaciones de la bodega, acompañados por Raquel Rivero, adjunta a la dirección de Encina Blanca de Alburquerque, se centró en las lagaretas de más de dos mil años de antigüedad, cuando los romanos, adelantados a su tiempo y muy listos, como apuntó Esther Gamero, idearon estas lagaretas sobre piedras para pisar la uva y para decantar y recoger el mosto. Como ella mismo señaló: el viñedo próximo, un mosaico de variedades autóctonas milenarias recuperadas, aúna la tradición y el respeto a la tierra para conseguir un perfecto equilibrio natural.
Esther explicó que los suelos “pobres” donde se encuentran las viñas son ideales para las cepas y las uvas que producen, de hecho, las uvas y las sandías con los dos frutos de la tierra más beneficiados de este clima y este suelo. Además, la altitud, la poca profundidad, dado que el granito domina toda la tierra y está escasamente sumergido, las escasas precipitaciones y amplias oscilaciones térmicas entre el día y la noche en los meses de maduración de la uva, son factores claves para conseguir uva de la máxima calidad. La adaptación de las variedades recuperadas, unida a un esmerado trabajo en viñedo, da lugar a pequeñas producciones de uva que se convierten en la mejor expresión de una tierra dura y generosa.

Para la ocasión se había desplazado desde Inglaterra, Rhonda Whitmarsch, quien conoció Alburquerque cuando vino al homenaje a su amigo Edward Cooper y quedó prendada del pueblo, como puede comprobarse en el gran artículo que ha escrito y hemos publicado en el número 156 de la edición impresa de AZAGALA que aún puede adquirirse en la tienda de informática PcPELI. A ella iba traduciéndole todo nuestro colaborador Antonio Maqueda, miembro del consejo de redacción de la revista.

Una vez concluida la grata experiencia en el exterior de la bodega, Esther Gamero y Raquel Rivero condujeron al grupo al interior para que la enóloga explicara todo el proceso de elaboración de los vinos: el cuidado y atención a todos los pequeños detalles durante el proceso de vinificación hacen posible que cada vino elaborado sea fiel reflejo del entorno del que procede, de las variedades de uva que lo hacen único y de la cosecha que lo identifica. Luego, el envejecimiento de los vinos en barricas de roble francés da forma a su personalidad, aportándoles los matices que le otorgan carisma y carácter, consiguiendo una perfecta armonía. Y, finalmente, tras varios años de reposo en botella, dando tiempo al tiempo, las elaboraciones alcanzan la máxima expresión.
Esther también mostró la forma de proceder con los espumosos únicos de Encina Blanca de Alburquerque.

Mención aparte merece la vendimia, que juega un papel decisivo en el proceso de elaboración de estos grandes vinos. Por ello, el control para conseguir la máxima calidad comienza en el momento de la recolección, con cosecha manual donde se efectúa la primera selección de uvas. Los racimos seleccionados comienzan el proceso de elaboración con el despalillado y la fermentación en depósitos de acero inoxidable, dotados de camisas de refrigeración y un sistema automático de remontado del mosto. Todo pensado para la óptima vinificación de vinos blancos y tintos excepcionales. La crianza tiene lugar en una gran sala donde descansan alineadas barricas nuevas de roble francés, responsables de imprimir al vino su peculiar carácter en todo el largo proceso de crianza. En otra dependencia, en su momento de crianza en rima, botellas de espumoso convirtiendo con paciencia la esencia de sus uvas en la elegancia y frescura que los caracterizan.

En fin, “una viticultura de calidad, adaptada al terreno y que garantice el cuidado del ecosistema. Las hectáreas de viñedo son el resultado de una conquista y la base de un sueño que pretende recoger la sabiduría de nuestros antepasados”, como apunta la propia explicación de la bodega. Vinos únicos con siglos de historia.
Finalmente, pasamos a la cata en la dependencia que fuera restaurante durante unos años y que hizo las delicias de una clientela fiel. Allí, Esther fue detallando con pulcritud los aromas del vino, permitiendo que los presentes lo comprobaran y disfrutaran de ellos, y luego los sabores y las reminiscencias sublimes que provocan los caldos en el paladar.

Al final, los Combatientes y acompañantes estallaron en una ovación cerrada a Esther Gamero, quien mostró su compromiso con la empresa, además de su vocación por su profesión de enóloga.
Todos los presentes aprovecharon el Black Friday para adquirir numerosas cajas tanto de espumoso, como del tinto 9 cepas reserva y el blanco 12 cepas.
Algunos ya sueñas con repetir la visita, aunque todos ellos comentaban que una comida en aquel salón, con el enorme ventanal y las vistas al castillo, habría sido el culmen a otra jornada inolvidable de los Combatientes.

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PORTADA: Esther Gamero, con parte del grupo, sobre una de las lagaretas.
FOTO 2: Alfonso González, autor del reportaje fotográfico, a la llegada a la bodega.
FOTO 3: La expedición de Combatientes y parejas, en el interior de la bodega.
FOTO 4: Imagen del castillo desde la bodega.
FOTO 5: Esther explica los pormenores de las lagaretas milenarias.
FOTO 6: El grupo, en la terraza de Encina Blanca de Alburquerque.
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