Aureliano Sáinz
Recientemente estuvo de nuevo en nuestro país Javier Milei, el histriónico presidente de Argentina, el mismo que reiteradamente llama “zurdos” a quienes se posicionan políticamente en la izquierda.
Y puesto que uno no tiene claro el nivel de conocimientos que posee, convendría recordarle que los términos ‘derecha’ e ‘izquierda’ surgieron en 1789, en los inicios de la Revolución Francesa, cuando a la derecha del presidente de la Asamblea Nacional se situaron los partidarios del Antiguo Régimen (la nobleza, el clero y quienes defendían que el rey tuviera derecho a vetar leyes); al tiempo que a su izquierda se ubicaron los miembros del denominado Tercer Estado (burgueses, comerciantes, campesinos y quienes se oponían al veto real), es decir, los que defendían cambios sociales profundos y mayor soberanía popular.
Así pues, ser diestro o ser zurdo no tiene nada que ver con las ideas políticas y los valores sociales que cada cual puede tener, ya que esta característica fisiológica viene determinada genéticamente.
Si traigo a colación lo anterior se debe a que cuando en la clase abordamos la evolución del dibujo infantil -tal como ahora acontece por estas fechas- comienzo por las edades más tempranas, tratando de explicar cómo se desarrollan los aspectos motrices del brazo y de la mano, tanto de los que serán diestros como los que finalmente acaban siendo zurdos.

En la actualidad, los alumnos ya saben que ser diestro o zurdo tiene una base biológica, por lo que no es posible modificar algo que viene determinado por cuestiones genéticas. Otro aspecto distinto a considerar son los aprendizajes culturales, caso de la escritura, que los escolares iniciarán alrededor de los cuatro años, es decir, al mismo tiempo que comienzan a dibujar sus primeras figuras.
Lo anterior nos lleva a entender que los zurdos deben escribir sus primeras palabras usando los movimientos que se corresponden con los de la escritura occidental y la mano derecha, siguiendo la dirección que va desde la izquierda hacia la derecha. Por otro lado, el sentido de giro dominante en el trazado de las letras curvadas para los que escribimos con la mano derecha, caso de la ‘o’ y de la ‘e’ minúsculas, es el contrario al que siguen en su movimiento las agujas del reloj tradicional.

Para que los alumnos comprendan lo indicado, en clase suelo preguntar quiénes son zurdos o zurdas, con el fin de que hagamos algunas pruebas en la propia aula. Suele levantar la mano, aproximadamente, entre un cinco y un ocho por ciento de los presentes, lo que es indicio de encontrarnos ante una minoría significativa.
“Aparte de que la habilidad y la mayor fuerza que se tienen en la mano derecha o izquierda, según seamos diestros o zurdos, ¿sabéis que los zurdos perciben visualmente la realidad física en la que vivimos de manera un tanto distinta a como lo hacemos quienes somos diestros?”, les suelo decir para que entiendan que no son solamente las manos las que definen las diferencias entre unos y otros.
Se quedan un tanto sorprendidos, ya que consideran que dos personas situadas en el mismo lugar y dirigiendo la mirada hacia el mismo sitio y objeto deben percibir las mismas imágenes. No comprenden todavía que la mente humana es activa y selectiva, de modo que introduce modificaciones en aquello que físicamente reciben los ojos.

Una vez que los alumnos han conocido los aspectos iniciales del desarrollo gráfico y tienen consolidados algunos conceptos fundamentales, les presento, proyectando en la pantalla, una selección de dibujos de niños y niñas que son zurdos para que comprueben que perciben la realidad externa dando prioridad a unas partes sobre otras dentro del cuadro visual y de modo distinto a cómo lo hacen los diestros.
Así, los dos aspectos básicos que definen a los zurdos son los siguiente: por un lado, su dirección visual y gráfica va en sentido contrario a la de la escritura, es decir, para ellos camina de derecha a izquierda, y no de izquierda a derecha, como sucede con los diestros; por otro lado, el sentido de giro de sus trazados curvos coincide en el de las agujas del reloj.

Cierro esta breve incursión por el mundo de los diestros y los zurdos -que nada tiene que ver con posiciones políticas- comentando los cuatro dibujos que he seleccionado, de los muchos que tengo archivados de niños y niñas zurdos, y que paso a explicar.
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Dibujo 1: Roberto es un niño zurdo de 6 años. Como se puede apreciar, el pequeño escribe con mayúsculas su nombre, aunque, curiosamente, las letras las traza en sentido contrario, de modo que pareciera que su nombre se contempla escrito por la parte de detrás de un cristal. Lo mismo sucede con los de su hermana y su madre, por lo que comprobamos que este niño tiene dificultades en la ejecución de la escritura debido a que es zurdo y sus trazos son simétricos a los de los diestros.
Dibujo 2: Antonio también tiene 6 años. No tiene el problema de la escritura que se le presentaba al anterior; no obstante, como es zurdo, el trazado de los personajes, que ha numerado, va de derecha a izquierda, es decir, en sentido contrario al de la escritura.
Dibujo 3: En este trabajo, de una niña de 7 años, se confirma cómo la dirección predominante de los zurdos es de derecha a izquierda. La autora comienza por su madre, en la derecha, y finaliza con la figura de su abuelo, que está en la izquierda.
Dibujo 4: Otro aspecto a considerar en el desarrollo de los zurdos es el sentido de giro del trazado de las curvas. Los diestros, tal como he indicado, lo hacemos en el contrario al que siguen las agujas del reloj, tal como lo logramos, por ejemplo, cuando trazamos el número 6. (Recordemos un juego infantil en el que trazando se decía: “Este es un seis, este es un cuatro, esta es la cara de tu retrato”). Los zurdos lo hacen siguiendo el mismo sentido de giro de las agujas del reloj, lo que conlleva a que el trazado de los rostros de perfil de las personas lo realicen mirando hacia el lado derecho, como vemos en este dibujo de un chico de 11 años.
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