sábado, marzo 14, 2026
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ALEGATO EN DEFENSA DEL PATRIMONIO (II): Las dos laderas del castillo

EUGENIO LÓPEZ CANO

Siempre he sentido curiosidad por conocer las razones que dieron lugar a las dos vías que, de Este a Oeste, se extienden a lo largo de las laderas del Puerto de Albacar, donde se asienta el castillo, esto es, la calle El Foso (hoy Avda Aurelio Cabrera), al Norte, y el paseo Las Laderas, al Sur. Las dos unían a su vez El Arrabal, a Poniente, encarado a la Puerta de Valencia, con el barrio de San Mateo, frente a la Puerta de la Villa, o lo que es lo mismo, las viejas vías procedentes de Cáceres y del Reino de Portugal con los caminos reales de Castilla y de Badajoz.

  Respecto a la primera -un trayecto que se extiende desde los aledaños del Alto de la Nieve, junto al Arrabal Chico o Viejo, hasta la Torre de la Villa, o del Reloj– vengo en la hipótesis de que la cerca, en buena lógica, no gozaría siempre de la misma extensión, y menos en periodos de tantísima conflictividad como existió en esta zona. Por tanto creo que en un principio, pensando en la suavidad topográfica que ocupa el Recinto de los Portugueses, entonces inexistente, y en el poco vecindario que tuviera, exceptuando la gente de guerra que ocupara la fortaleza, el reducido caserío estaría protegido por un cinturón amurallado, situado delante de la puerta del castillo, a modo de albacar -¿antecedente árabe del Puerto de Albacar? ¿Quizá del propio nombre de Alburquerque (Albacar-Qurq)?-, un espacio éste lo suficientemente amplio como para albergar un número determinado de casas, distribuidas anárquicamente entre las encinas y alcornoques del interior de la cerca, además de servir como guarda del ganado vacuno, e incluso como campo de cultivo para realizar, en casos excepcionales, ciertas labores agrícolas que les permitiera alimentar a los animales y aliviar las penurias de las personas en los asedios.

  En la vertiente opuesta se halla el paseo Las Laderas. Quizá la explicación del plural de su nombre la encontraremos en el párrafo siguiente, antecedente de algún camino de herradura que pusiera en contacto los arrabales de uno y otro extremo.

  El documento más antiguo que conozco en el que se citan ambas vías, data de 1842, y fue redactado por Madoz (Diccionario Histórico-Geográfico de Extremadura). En él cuenta que la villa está «poblada de casas, excepto el O. que se prolonga en una alameda de 150 varas de largo y 36 de ancho (el actual paseo La Alameda) plantada de árboles desde 1834, y se comunica por la parte del S. con la llamada del reducto, y con el paseo de las laderas que da vuelta al cerro«.

  Tal y como se aprecia, también en Alburquerque, en esa fecha, se retomaba al igual que en otros lugares el gusto por el embellecimiento de las ciudades, manteniendo en este caso amplios espacios libres, delimitados por edificios con cierta uniformidad y belleza, rodeados por jardines y paseos, entorno que sobre 1926 se vería amputado en parte con la desaparición de La Rambla -entonces avda Alfonso XIII y hoy avda Aurelio Cabrera-, un paseo arbolado, con pavimento de adoquines, que se extendía desde la Torre de la Rocha o del Cine hasta las Escaleras del Patíbulo.

  En 1929, siendo Alcalde Francisco Izquierdo Guzmán, se remodeló el “paseo de las laderas”, antes citado,»un paseo, desde el que se pueden admirar bellísimos panoramas, que lo serán mucho más cuando dentro de algunos años se encuentren en pleno desarrollo los almendros, eucaliptus y pinos de que se han plantado los declives de ‘Las Laderas’» (Suplemento nº 20 de El Noticiero del Lunes, de 18 de septiembre de 1929).

  En 1991-1992, durante el mandato de Emilio Martín, se efectuaron obras de mejoras en el mismo, construyéndose un muro de contención a lo largo, lo que permitió conservar, e incluso recuperar parte del paseo, sobre todo en ciertos puntos peligrosamente erosionados.

   Luego, bajo la Alcaldía de Ángel Vadillo, se realizaron obras de acondicionamiento, consistentes en ensanchar el paseo con vistas a trasladar las ferias al mismo, además de celebrar en ellas acontecimientos festivos y culturales.

  En 1993 la Junta de Extremadura tuvo el acierto de declarar «BIEN DE INTERÉS CULTURAL CON CATEGORÍA DE CONJUNTO HISTÓRICO A FAVOR DE LA LOCALIDAD DE ALBURQUERQUE«. Como ámbito de protección del núcleo principal (Villa Adentro, iglesia de Santa María y el Castillo), en cuya confección tuve el honor de colaborar con Alberto González (Técnico de la Junta de Extremadura y Cronista de la ciudad de Badajoz), incluye el trazado comprendido por la «Avda de Aurelio Cabrera, desde su arranque de la Carretera C-530 y su continuación por el Paseo de La Alameda«, «Paseo de la Alameda y Plaza de España, incluidos ambos espacios y las edificaciones que lo configuran«, «Calle San Mateo, desde su inicio en la Plaza de España, continuando por la Plaza de la Villa (hoy Andrés Boza) y calle Pozo del Concejo, hasta su desembocadura en la carretera C.530» y «Carretera C-530 en el tramo comprendido entre la Avda de Aurelio Cabrera, al oeste, y la Calle Pozo del Concejo, al este«. Por tanto queda protegido todo lo que se halla dentro de dicho perímetro (calles, edificios, solares, etc, privados y públicos), o lo que es lo mismo, casi la totalidad del Puerto de Albacar, es decir, desde la cumbre, con el castillo incluido, hasta la carretera de Badajoz, completándose el anillo por la avda Aurelio Cabrera, La Plaza, la calle San Mateo, La Plazuela y la calle Pozo del Concejo.

  En 2003 se iluminó el castillo. Una idea excelente que venía a reclamar, más si cabe, un proyecto íntegro que dignificara la importancia de las dos laderas. Y es que, a poco que se observe, por simple estética, olvidándonos del respeto que debemos a la historia, al patrimonio y, por supuesto, a la ley descrita, están necesitadas una y otra, sobre todo la situada al sur, de una actuación lo más urgente posible.

  Para hacer más fácil su lectura, lo dividiremos en dos capítulos: la ladera norte, más próxima al caserío, con entrada principal a la fortaleza, y la vertiente sur, más agreste, con excelentes vistas panorámicas, reservada para el recreo. La primera, para gozar de la historia y de los paisajes urbanos, y la segunda, para el sosiego y el disfrute de la naturaleza.

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