EUGENIO LÓPEZ CANO
Cuando hablamos del Patrimonio Histórico siempre se nos viene a la memoria los bienes más representativos, o tal vez los más tradicionales, que conocemos (los muebles e inmuebles, el arqueológico, el paleontológico y etnológico), dejando incomprensiblemente al margen el acervo del Patrimonio Cultural.
Si fuéramos conscientes de la pérdida, en muchos casos irreparable, de las tradiciones que durante siglos han conformado indudablemente la historia de nuestro pueblo –nuestra intrahistoria en este caso-, no estaríamos quejándonos de su abandono y en muchos casos de su desaparición, desde las festividades hasta la gastronomía, pasando por juegos y canciones, para concluir en un sin fin de usos, costumbres y tradiciones populares que en las revistas locales Puerta de la Villa, La Glorieta y Azagala hemos intentado recoger pacientemente a lo largo de treinta años, más de cara a las generaciones venideras que serán sin duda quienes valoren el esfuerzo de recuperar aquello que tan poco aprecio se tiene en la actualidad En fin todo aquello que ha conformado la vida de un pueblo, siglo a siglo transmitida, hasta llegar a la edad moderna, supuestamente la que dicen de mejor cultura y educación de la historia, puesta en entredicho ante el aluvión de patrimonios desaparecidos que venimos censurando a lo largo de tantos meses, por cierto sin resultado positivo, ni por parte de las autoridades locales, ni del propio vecindario.

Según Antonio Machado y Álvarez, padre de los hermanos Machado, Antonio y Manuel, creador de la Organización Nacional “El Folklore Español”, el Folklore trata del estudio de la cultura popular –romances, dichos, refranes, etc.-, una disciplina en fin que, junto a la Etnografía, contribuye definitivamente a la reconstrucción de la historia de la Humanidad. A partir de entonces –hablamos hacia bien avanzado el último cuarto del siglo XIX- el interés por dichos estudios se hizo palpable en toda España creándose diversas Sociedades de Folklore. Uno de ellos fuer el de Alburquerque, proyectado a iniciativa de Francisco Fernández Amaya, otra persona más entre las muchas olvidadas por esta vergonzante Villa.

Al igual que en el artículo donde hablábamos de la importancia del léxico alburquerqueño al considerarlo como el patrimonio más genuino que poseemos, las tradiciones populares le van igualmente a la zaga estando consideradas como lo más característico de nuestra intrahistoria, por cierto en su mayoría en el armario de la memoria de nuestros mayores. Por tanto, tenemos la obligación de recuperarlas para mostrárselas a nuestros hijos, y que ellos a la vez, como ya hicieron sus mayores, las trasmitan con igual generosidad a las generaciones venideras.

En lo que a nosotros respecta –me refiero a quienes hemos formado parte de las asociaciones culturales “Aurelio Cabrera” y “Tres Castillos”-, a fuerza de dejarnos parte de nuestra vida en el intento, hemos ido recogiendo a lo largo de estos decenios una mínima porción de la tradición popular alburquerqueña para, a pesar del desprecio de quienes por responsabilidad estarían obligados a recuperarla, irla difundiendo, como hasta aquí hemos hecho, a través de sus distintas publicaciones locales para su entrega definitiva al fondo cultural del Centro de Estudios Extremeños, dependiente de la Diputación Provincial de Badajoz, encargada de recoger cuanto merece de la memoria histórica de los pueblos de nuestra provincia.

Ojalá pudiéramos obligar en este sentido a la Corporación municipal para que de una vez por todas se comprometiera a recoger el inmenso material que se pierde en la memoria de nuestros mayores (A propósito, ¿qué habrá sido del que se guardaba en ciertos armarios del colegio Pedro Márquez, junto al campo de futbol, procedente de las actividades de los alumnos con motivo de las Semanas de Extremadura en la Escuela, incomprensiblemente desaparecidas?).
Es por tanto el Ayuntamiento el primer responsable en recoger la memoria histórica en toda su dimensión.
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PORTADA: Verbena en San Francisco, durante la alcaldía de Emilio Martín. (FOTO: Francis Negrete).
FOTO 2: Vista general del castillo desde la fuente El Caño (Fernando Garrorena, sobre 1926).
FOTO 3: Antigua Casumba (Foto: Francis Negrete).
FOTO 4: A media mañana del Sábado de Gloria un revuelo de chiquillos, acompañados de cencerros, campanillos y matracas, recorrían las calles y templos anunciando la resurrección del Hijo de Dios (Cedida por Luis Flecha).
FOTO 5: Traje de ganadera (Autor: desconocido. Alrededor de 1926. Cedida por Pilar Barrantes Guzmán).
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