jueves, marzo 12, 2026
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LA EDUCACIÓN EN EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO. Escribe Manolo Gutiérrez (Segunda parte)

ELÍSABETH GARCÍA ROMÁN

Ayer publicamos la primera parte del escrito de Manolo Gutiérrez, antiguo alumno del Colegio de Segunda Enseñanza y actual alcalde de Alburquerque, en el que habla de sus recuerdos de aquel centro educativo. Hoy publicamos la segunda de este reportaje incluido en un máster de educación de Elisabeth García Román.

Autor: MANOLO GUTIÉRREZ

Luis Flecha

Luis Flecha hacía la función de Jefe de Estudios del Colegio, pero en realidad era un auténtico todoterreno de la institución. Su labor durante muchos años fue infinita. Lo mismo se encargaba de todo el papeleo de Secretaría, como vigilaba todos los estudios dirigidos del centro o era el comodín que podía ejercer como profesor de Dibujo, Trabajos Manuales, Gimnasia, Historia, Geografía… Hace unos años alcanzó la jubilación y, desde luego, ésta sí que es una de las personas que merecían un reconocimiento por parte de todas las generaciones que nos beneficiábamos de su trabajo a lo largo de su dilatada trayectoria profesional.

 Uno de los licenciados ejercía el cargo de Director y, junto a él, pasaron por el centro grandes profesores que trajeron los nuevos aires de innovación educativa, poniendo en práctica un mayor acercamiento personal entre profesores y alumnos. Recuerdo especialmente a Manuel Pecellín, quien vino desterrado a Alburquerque por sus ideas avanzadas y se convirtió en uno de los profesores más carismáticos que pasaron por el Colegio, y la persona que forjó en muchos y en mi particularmente la afición por la escritura de textos.

El convento

El singular edificio, antiguo convento de los franciscanos, estaba adaptado a las distintas necesidades educativas en la medida de las austeras posibilidades de la época. La primera planta, en la que destacaban sus enormes bóvedas, su suelo de ladrillo y su enorme pasillo que distribuía seis aulas, dos despachos y el servicio de las chicas, se abría hacia el ala contraria donde, justo a la subida de las escaleras, se encontraba la vivienda de la “Señá Carmen”, que era una especie de “ama de llaves” del edificio, pero que, debido a su gran popularidad y a su afable carácter, ejercía las funciones de consejera, amiga, cómplice y confidente de todo aquel que la requería.

  Para el recreo se utilizaba unas veces el corral anexo y otras las inmediaciones del centro.

  Las instalaciones deportivas estaban ubicadas tanto en el claustro de columnas del convento, como en las callejas limítrofes, o el alejado campo de fútbol. En estos lugares solíamos hacer, vestidos con la típica indumentaria deportiva, innumerables “tablas” de ejercicios, multitud de subidas y bajadas por la soga que colgaba de un soporte instalado debajo de una de las ventanas del claustro e interminables carreras de fondo.

Migas y sardinas

De esos años cabe recordar también, sobre todo en los cursos más avanzados, nuestra participación en fiestas y guateques. Merece aquí referirnos al día del patrón Santo Tomás de Aquino, en el que preparábamos por la mañana las consabidas migas con sardinas y, por la tarde, en los salones contiguos al patio, los guateques, en los que, al cargo de Luis Flecha, se nos pasaba un poco la mano y nos dejaban tomar cerveza y, a los más mayores, algún que otro cubalibre para animar el baile con las muchachas.

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  Asimismo, cada curso esperábamos con impaciencia el cumpleaños del director al que, por sorpresa, “sobornábamos” con un espléndido regalo costeado por los alumnos, y éste, a su vez, tradicionalmente suspendía las clases para obsequiarnos con una fiesta en la que siempre había cajas de cervezas y surtidos de dulces y pastas comprados en una lonja del barrio de San Francisco.

  En el año 1.990, nuestro ya anciano colegio se adentraba en una época completamente distinta. Había alcanzado la plena madurez, por lo que, debido a la creciente demanda que los nuevos tiempos exigían, la administración aprobó su conversión definitiva en Instituto de Secundaria, manteniéndose ése todavía durante unos años en las viejas aulas del Conventual de San Francisco, a la espera de que en el curso 1992-93 se produjera el definitivo traslado a las nuevas instalaciones construidas en las afueras de Alburquerque. En este nuevo edificio, con capacidad para varios cientos de estudiantes, ideado para cubrir todas las necesidades existentes, tanto en esta localidad como en los pueblos de la comarca, dotado de las más modernas infraestructuras y recursos, se encuentra ubicado actualmente el Instituto “Castillo de Luna”, sucesor y heredero legítimo del legendario “Colegio de Segunda Enseñanza”.

FOTOGRAFÍAS: Publicamos imágenes de antiguos alumnos en el claustro del convento, en una de las cuales aparece Doña Carmen, a la que hace referencia Gutiérrez en su escrito, junto con Juan Valle y Gonzalo Sánchez-Moro, que lamentablemente ya no están con nosotros. Las fotos las hizo Manuel Negrete Millón.

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