EUGENIO LÓPEZ CANO
La urbe se divide en dos partes, perfectamente diferenciadas (ver plano orientativo en la pág.81): la Villa Adentro, en el interior del recinto amurallado, con cierto regusto gótico, y la Villa Afuera, extramuros, desparramándose ladera abajo en dirección noreste.

El entramado urbanístico de la primera es muy sencillo: las calles se disponen a lo largo y ancho, aprovechando las curvas de nivel. Tiene como vía principal la calle Derecha que se extiende de Este a Oeste, poniendo en comunicación las puertas de la Villa y de Valencia, alineándose las restantes, de arriba a abajo, en dirección a la Puerta de Alcántara (desaparecida)
La Villa Afuera surgió principalmente, entre otros motivos, llámense políticos, religiosos o comerciales, por la necesidad de buscar un espacio más abierto, libre de las apreturas intramuros. Una vez roto el cinturón que le oprimía, los barrios y arrabales de esta parte crecieron independientemente proyectándose cada uno en la áreas cercanas a las puertas principales, es decir, uno al Oeste (El Arrabal), otro al Norte (barrio de San Albín) y otro al Este (barrio de San Mateo), para terminar extendiéndose poco a poco hacia los caminos que se dirigían al antiguo Reyno de Portugal y a la provincia de Cáceres, así como a los caminos reales de Castilla y Badajoz, al tiempo que, como polo de atracción, se iban acercando y extendiendo al mismo tiempo hasta consolidar prácticamente el tejido urbano que conocemos, exceptuando los nuevos barrios construidos entre finales del siglo pasado y el actual.

En un principio las calles eran de tierra y las personas y animales convivían entre la suciedad y el estiércol. Por el centro o junto a las casas, según fuera en pendiente o en llano, solía discurrir en los días de lluvia un regato en donde se arrojaban todo tipo de suciedades. Más tarde, desde la Edad Media, y más en concreto desde los Reyes Católicos (1500), a fin de evitar en lo posible las epidemias que asolaban a las poblaciones, más incluso que en las guerras, los vecinos estaban obligados a la limpieza y ornato de sus fachadas e incluso del espacio situado frente a las mismas. Aunque todavía no existían las aceras -en Extremadura, las primeras surgen a partir de 1749-, en su lugar solían colocarse pequeñas lanchas de granito -la Villa Adentro es un ejemplo de ello-, eligiéndose las mejores para colocarlas delante de la entrada principal.

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PORTADA: Toma parcial del centro de Alburquerque,
IMAGEN 2- Fotografía de la fachada de la casa número 2 de la calle Puerta de la Villa)
IMAGEN 3- Fotografía desde la Cruz de San Blas.
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