ELÍSABETH GARCÍA ROMÁN
Encarna estaba segura de haber encontrado su camino y comunicaba a su amiga Mercedes que era profundamente feliz. Además, estudiaba dos horas diarias y asistía a clase porque aún se sentía muy ignorante. Aparte de ello, pertenecía a la Sociedad Teosófica, donde trabajaba para personas necesitadas pero de manera más espiritual.
Existía una estrecha relación entre los teósofos, los masones y los naturistas, las dos primeras asociaciones eran laicas y, por ello, estaban mal vistas por la sociedad de su tiempo. Estas fueron sus proyecciones sociales, su etapa literaria y creadora comenzó al volver de Tenerife, donde tuvo su primer contacto con el periodismo.

María Lejárraga, leyendo aquellos cuadernos suyos, captó las dotes de observación de su amiga, su ternura para penetrar en el alma infantil y su instinto para expresarlo tal como lo captaba, y ella misma la puso en contacto con Torcuato Luca de Tena, de ABC, para ver dónde se podían publicar aquellos retazos de su vida. Y decidieron que el lugar ideal era “Gente Menuda”, el suplemento infantil de “Blanco y Negro”, del que disfrutaban por igual niños y mayores. Así, en 1928 empezó su colaboración en este suplemento. Lo mismo trataban de los consejos de una madre a su hija, de hacer unas galletas de chocolates, o publicaban cuentos de animales, o de personajes fantásticos, o nociones básicas de ciencias naturales (por qué hierve el agua), o datos sobre personajes históricos, fábulas exóticas, etc.
Y así surgieron personajes como Roenueces, el simpático conejito, el mago Pirulo y la propia Celia y toda su saga.

De las publicaciones semanales pasaría más adelante a los libros y, en cuanto se publicó el primer tomo de Celia – Celia lo que dice– Encarna mandó un ejemplar para Florinda a Tenerife. Hacía cuatro años que había visto a Florinda por primera vez, cuando Eusebio y ella estuvieron en Canarias, y entonces Celia era una niña pequeña y gordita. En 1926, Encarna recibió la foto de una chiquilla alta y espigada, pero sabía que seguía siendo Celia porque la conocía perfectamente a través de las cartas de su madre, en las que resaltaba su espíritu inquieto, lleno de curiosidades y su gran afición por la lectura, entre otras cualidades. El personaje era tan real, tan de su edad y de su tiempo, que las niñas madrileñas se identificaban con ella y le escribían cartas a Encarna preguntándole dónde podían conocerla.

Encarna se inscribió en el Lyceum Club, un “club de señoras” que no se declaraba abiertamente feminista, pero que se interesaba por los derechos de la mujer y que contribuyó enormemente a elevar el nivel cultural de la mujer española. Una de sus iniciativas fue abrir guarderías para los hijos de las mujeres trabajadoras, donde inculcaban a los pequeños ideas de educación y convivencia que no tendrían ocasión de recibir en ningún otro sitio, y que luego ellos irían llevando a sus casas. Otras secciones del Club se encargaban de organizar conferencias, conciertos, lecturas de obras literarias, sesiones de cine y cursos educativos.
Pero el carácter aconfesional del Lyceum Club, en una España donde todo debía ir canalizado a través de la religión o de la política, despertó sospechas con acusaciones variadas: era una inspiración satánica, un vástago de la Revolución Francesa, parte de una conjura organizada por krausistas, comunistas, anarquistas, ateos, judíos y masones.

Esta institución empezó a recibir ataques hasta el punto de que la Junta del Lyceum llevó el caso a los tribunales, confiándolo a dos de sus principales miembros, las abogadas Victoria Kent y Matilde Huici. Pero, aunque soportó insidias de todo tipo, el Club no sobrevivió a la guerra civil, donde el triunfo de los nacionales frustró cualquier posibilidad inmediata de igualdad real de la mujer, ya que el programa político de los ganadores comprendía el ideal tradicional de la “mujer de su casa”. En 1939, el Lyceum Club fue confiscado por la Falange y la Sección Femenina, que lo convirtió en el “Club Medina” y destruyó todos los archivos.

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PORTADA: Dos ediciones distintas del primer tomo de Celia.
FOTO 2: Suplemento infantil Blanco y Negro.
FOTO 3: Otra portada de dicho suplemento.
FOTO 4: Mujeres del Lyceum Club femenino que luchó por los derechos de la mujer.
FOTO 5: Una de las obras sociales del Lyceum Club.
FOTO 6: Imagen reivindicativa de este club al que perteneció Elena Fortún.
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