ELÍSABETH GARCÍA ROMÁN
En una España donde la educación femenina estaba dejada de la mano de Dios, la Escuela Nueva, así como la Institución Libre de Enseñanza, y la propia Fortún creían en el fomento de la educación popular como medio de regeneración social. Con un buen programa formativo, “la mujer de su casa estará en condiciones de instruir adecuadamente a sus hijos y salvar el abismo intelectual que la separa del hombre, abismo en el que muchas veces crece la simiente de la corrupción y la inmoralidad” (Raquel Vázquez Rami. La Institución Libre de Enseñanza y su aportación a la educación de la mujer española, (pp 26).

A través de Celia, Elena Fortún muestra el camino de una mujer diferente y, desde luego, distinta de la promocionada tradicionalmente. “La extraña relación entre Celia y su madre corresponde a la incierta posición que la maternidad tenía en la vida de la nueva mujer moderna, constituyendo un punto clave de debate en el incipiente feminismo ibérico que pugnaba por hacerse oír a principios del siglo XX. La madre de Celia representa las ansias de tener una actividad hacia fuera, lejos del hogar. Tiene una vida propia, independiente de su marido, como tuvo la misma Fortún, y parece no estar segura de que eso esté bien, como Fortún tampoco lo estuvo”. (Nuria Capdevilla-Argüelles. Elena Fortún (1885-1952) y Celia. El bildungsroman truncado de una escritora moderna, pp. 267)

Hay una frase recogida en el libro de Marisol Dorao que refleja bien el sentimiento de una mujer moderna que no se atrevió en su día a rebelarse contra el rol tradicional. En concreto Fortún admite a su amiga y confidente Mercedes que “me pesa y me pesará siempre no haberme separado de Eusebio el año veinticuatro cuando estuve a punto de hacerlo. Me he sacrificado yo no siendo lo que nací para ser, y le he sacrificado a él, que hubiera vuelto a rehacer su vida sentimental” (Marisol Dorao, 2000:73).

En una de las entregas de su colección, en concreto en Celia madrecita, a pesar de que tiene que encargarse de cuidar a sus hermanas asumiendo el rol tradición de la mujer, ella sigue siendo una “chica rara”. Esto se manifiesta en “la modernidad con que atiende a sus hermanas, criándolas sin castigos, sin tratar de domar su imaginación, participando de ella y creando un mundo para las tres. Todo lo que Celia no sabe hacer lo intenta aprender de los libros. Así, aprende cómo hacer un vestido, cómo elaborar comidas nutritivas sustituyendo los alimentos más caros por otros más baratos ahora que no tienen dinero, aprende a economizar y llevar la casa. En esa etapa no puede pensar demasiado en escribir ni en su porvenir; sin embargo, el papel del saber y de la educación en su vida se fortalece gracias a lo utilitario de sus quehaceres. Saber le sirve. A estas alturas de la colección, el mito se está desintegrando y asimilándose cada vez más a la realidad que había sido y estaba siendo la vida de Fortún”. (Nuria Capdevilla-Argúelles, Elena Fortún (1855-1952) y Celia. El bildungsroman truncado de una escritora moderna, (pág.273).

En cuanto a la metodología, mediante la lectura general y detallada de ocho obras de Elena Fortín he ido elaborando fichas con contenidos relevantes para el objetivo de este trabajo, haciendo constar la página, el capítulo y la obra en cuestión. Seguidamente, he procedido a clasificarlos por temas de interés relacionados con la educación en los años treinta y cuarenta. De esta manera, de cada uno de los libros he extraído textos centrados en la religión, la educación formal, la educación paternal, el sexismo, la relación con el sexo masculino…
He trabajado asimismo con bibliografía complementaria sobre Elena Fortún, especialmente la obra de Marisol Dorao, “Los mil sueños de Elena Fortún”, que estudia en profundidad a la autora y creadora del personaje de Celia.
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