Aureliano Sáinz
Continuando por la senda del estudio de los castillos, en esta ocasión nos vamos a detener en los castillos templarios que existen en Extremadura: 9 en la provincia de Badajoz y 9 en la de Cáceres. Para ello me he apoyado en dos excelentes publicaciones, como son Los castillos templarios en España de Jesús Ávila Granados y Castillos y cenobios extremeños de Juan Moreno Aragoneses, aparte, y como siempre, en los trabajos del gran historiador británico Edward Cooper.
Comenzando, en orden alfabético, por los que se encuentran en la provincia de Badajoz, serían: Alconchel, Burguillos del Cerro, Capilla, Fregenal de la Sierra, Jerez de los Caballeros, Olivenza y Villanueva de la Serena. Debo aclarar que hubo otro dos: el de Castilblanco, pero está desaparecido y en su lugar se encuentra la iglesia de San Cristóbal, y el de Siruela, del que solamente se conservan dos pequeños paños de sus muros.
Desde la perspectiva actual, la historia del Orden del Temple es verdaderamente apasionante, no solo por la implantación que adquirió en numerosos países europeos, sino también por su disolución por parte del papa Clemente V a instancias del rey Felipe IV de Francia, quien temeroso del enorme poder económico, político y social que había adquirido la Orden buscó todos los medios para hacerla desaparecer.
No obstante, y dada la brevedad con la que me debo expresar en un artículo publicado en un medio digital, antes de ver los siete castillos citados, daré unos datos básicos para poder ubicarnos correctamente en los dos siglos de su existencia.
La Orden de los Pobres Compañeros de Cristo del Templo de Salomón, cuya forma abreviada la conocemos como Orden del Temple, fue creada en 1118, tras la primera cruzada, por nueve caballeros franceses encabezados por Hugo de Payns y aprobada por la Iglesia católica en el Concilio de Troyes, en 1129, siendo su propósito inaugural proteger la vida de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén.
Hasta su disolución en 1312, en el Concilio de Vienne (Francia), convocado por el papa Clemente V, transcurrieron casi dos siglos en los que la Orden fue clave para el desarrollo y la existencia de una banca bien planificada junto a las encomiendas que ellos habían organizado alrededor de los castillos (sobre estas cuestiones hablaremos en la segunda parte dedicada a los castillos templarios de Cáceres).
Para llegar al punto de su disolución se tuvo que acudir a graves acusaciones como las de sacrilegio, herejía, sodomía y adoración a ídolos paganos. Pero su destino estaba echado cuando el rey francés Felipe IV, que acumulaba una inmensa deuda con la Orden, no se echó para atrás a la hora de difamarla para acabar con ella. Y lo logró cuando su último gran maestre, Jacques de Molay, fue condenado a ser quemado vivo públicamente en 1314 en la hoguera que se había preparado frente a la catedral de Notre Dame de París.
Un final que, pasados los años, se asemejaría a la decapitación pública de don Álvaro de Luna, en 1453, en la plaza mayor de Valladolid. Y es que acumular enemigos poderosos en la Edad Media era el camino más corto hacia el cadalso o la hoguera.
Y ahora, pasemos a ver de manera breve los siete castillos templarios de nuestra provincia.

El castillo de Alconchel se encuentra bastante bien conservado. Siendo en su origen una alcazaba hispana-musulmana, pasa a manos cristianas en 1166 con Alfonso I de Portugal. Al poco tiempo se le hace depender de la Orden del Temple, hasta 1312, fecha en la que, tal como he indicado, fue condenada y desmantelada por la Iglesia.

A mitad de camino, entre Jerez de los Caballeros y Zafra, se encuentra Burguillos del Cerro, localidad que en la actualidad cuenta con algo más de 3.000 habitantes. Su castillo, que corona una colina, también tiene su origen en una fortaleza musulmana, por lo que la construcción cristiana se inicia en el siglo XIII, cuando Fernando III se la entrega a los templarios. Como en muchos relatos populares acerca de los castillos, en Burguillos se habla de un tesoro relacionado con los miembros de esta Orden; pero, como bien sabemos, no dejan de ser leyendas que se transmiten de generación en generación.

Capilla es un pueblecito de unos 186 habitantes perteneciente al partido judicial de Castuera. Su situación, en la época musulmana, era estratégica, porque se encontraba en un eje de comunicaciones de las ciudades de Mérida, Sevilla, Córdoba y Toledo. La primera conquista cristiana se produjo en 1226, por el rey de Castilla; pero volvió a caer en manos andalusíes, hasta que diez años después Fernando III la conquistara de nuevo, entregándosela de manera inmediata a la Orden del Temple.

Si en la actualidad hay una fortaleza verdaderamente sorprendente es la de Fregenal de la Sierra, puesto que, en su interior y rodeada por las murallas, se encuentra una plaza de toros. Sería a finales del siglo XIII, exactamente en 1283, cuando Fregenal de la Sierra pasó a formar parte de la Orden del Temple por mandato de Alfonso X de Castilla.

De entrada, conviene apuntar que Jerez de los Caballeros fue declarada conjunto Histórico-Artístico en 1966, lo que nos da la relevancia de una de las poblaciones españolas con mayor vinculación a la Orden del Temple. Su conquista por las fuerzas cristianas, con la ayuda de los templarios, se llevó a cabo en 1230 por Alfonso IX de León, tras un feroz incendio y la encarnizada resistencia que ofrecieron los almohades. Ya con Fernando III, los templarios recibieron la localidad, por lo que en poco tiempo restauraron el castillo, fijando la villa como sede de su encomienda.

Como bien sabemos, Olivenza se encuentra en la parte Occidental de Badajoz. Su historia medieval está ligada a los templarios, a partir de que en 1256 naciera la encomienda de esta Orden, que por entonces era solo un conjunto de tierras de cultivo, chozas y algunas casas. En 1297, tras el Tratado de Alcañices, Olivenza pasa el reino de Portugal hasta la denominada Guerra de las Naranjas de 1801. De su castillo, de planta cuadrangular y sin almenas, destaca la Torre del Homenaje, que cuenta en su interior con una rampa, capaz de facilitar el ascenso a la terraza superior de un jinete montado a caballo.

Cerramos, indicando que a siete kilómetros al norte de Villanueva de la Serena, sobre un pequeño cerro, se levanta el castillo de La Encomienda o castillo de Castilnovo, una fortaleza en buen estado de conservación. A diferencias de otras que hemos visto, no hay nada que atestigüe que con anterioridad en este enclave hubiera algo musulmán. Tras las conquistas realizadas en Extremadura por Fernando III, el castillo se convirtió en la encomienda de los Lares, perteneciente a los templarios en el siglo XIII.
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