Aureliano Sáinz
Tengo en mis manos el último número de la revista Litoral que tiene como título y tema monográfico el beso (escrito así, en letras minúsculas).
Para quienes no conozcan esta revista, que actualmente se edita en formato libro, quisiera apuntar que fue creada en 1926, exactamente hace un siglo, por los poetas malagueños Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, por lo que, quizás, en la actualidad sea la revista cultural más veterana de nuestro país.
En su primera época, y en la colección de Suplementos, publicaron sus primeros libros algunos poetas de la Generación del 27 como Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, José Bergamín o Federico García Lorca.
Su larga trayectoria la ha hecho merecedora de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Apunto estos dos reconocimientos, independientemente de que yo pueda asegurar que es la mejor revista-libro que conozco, ya que el diseño que lleva adelante su actual director, Lorenzo Saval, es, sencillamente, magistral.

Si nos acercamos al contenido del número que he indicado, comprobamos que en él se combinan poesía, ensayos, dibujos, pinturas, fotografías o imágenes cinematográficas. De este modo, como referente de las fotografías aparecidas en este número, he tomado la que, en 1950, realizó el francés Robert Doisneau y que tituló “El beso en el Hȏtel de Ville”, convirtiéndose en un símbolo universal del beso de dos enamorados.
Y si dentro de la fotografía hay algunas imágenes que se han hecho muy famosas, no me cabe la menor duda que de que el lienzo de Gustav Klimt, que lleva por título El beso, se ha convertido en un auténtico icono en el ámbito de la pintura, no solo de Viena, ciudad en la que Klimt desarrolló su trabajo, sino también dentro de las artes pictóricas.

Por otro lado, con son tan diversas las temáticas abordadas en este número, resulta difícil realizar una síntesis, de forma que optaré por seleccionar algunos de los versos de los numerosos poetas que aparecen en el volumen, comenzando por Gustavo Adolfo Bécquer, quizás, el más representativo del romanticismo español del XIX:
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa el cielo;
por un beso…, yo no sé
que te diera por un beso.
El genial argentino, Jorge Luis Borges, cierra su poema Himno del siguiente modo:
Todo el pasado vuelve como una ola
y esas antiguas cosas recurren
porque una mujer te ha besado.
Puede resultar extraño citar a Miguel Hernández en un poema con cierta carga sensual; sin embargo, el que lleva por título La boca comienza así:
Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Lógicamente, no podrían faltar las voces femeninas en esta larga selección. Traducidos al castellano por Elvira Valgañón son estos versos de la cantautora estadounidense Joan Baez:
No me arrepiento
de haberte besado
aquella primera noche
cuando no existían ni el bien
no el mal
únicamente un mundo solo de los dos
y los atolondrados latidos
de mi corazón.
(3)
Quisiera cerrar esta breve presentación indicando que la fotografía que acabamos de ver pertenece a Alfred Eisenstaet, fotógrafo germano-estadunidense, que la publicó en 1945. Su título fue el de “El Día de la Victoria en Times Square”. Ni que decir tiene que esta espontánea imagen se convirtió en un verdadero icono del beso de dos enamorados.
Por otro lado, me resulta difícil no citar el número 249 de Litoral, que llevaba por título Rock español (poesía & imagen). Fue coordinado por mi amigo Manolo Bellido, periodista de Canal Sur Televisión. En esa edición publiqué un artículo dedicado al dúo Vainica Doble. Para mí fue un auténtico placer escribir sobre mis admiradas e inolvidables Gloria van Aerssen y Carmen Santonja, a las que siempre recordaré por ese trozo de amistad que me unía con ellas.
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