sábado, febrero 14, 2026
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No volveré a ser joven

Aureliano Sáinz

El encuentro epistolar que recientemente mantuve con Juan Ángel Santos, a cuento de la controversia (o dos miradas con tintes diferenciados) sobre la presentación de la Asociación de Amigos del Castillo de Alburquerque, trajo a colación la referencia al poeta Jaime Gil de Biedma.

Para mí, el nombre de este gran escritor siempre estará ligado a su poema No volveré a ser joven. No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que lo leí; posiblemente me encontrara en mis años jóvenes estudiando Arquitectura en la Universidad de Sevilla. De lo  que sí que estoy seguro es que, una vez terminada la carrera y trabajando en la Universidad de Córdoba, en cierta ocasión, desde la editorial de la revista Navalá me encargaron que hiciera el diseño de la portada de uno de sus números.

Acepté encantado, puesto que me daban libertad total para este trabajo. Para ello tuve en cuenta que el trazado del nombre de la revista estaba realizado de manera curvada, por lo que acudí al dibujo de un pie desnudo, simulando caminar al tiempo que dejaba una sombra profunda en el suelo. A su lado, dejé escrito de forma manual: “Dejar huella quería…”.

Esas tres palabras hacían referencia a uno de los versos del citado poema de Gil de Biedma. No importaba que quienes contemplaran la portada de la revista conocieran o no su origen, puesto que la imagen del pie y el texto se complementaban para formar una especie de nueva metáfora. (Por cierto, he estado buscando durante bastante tiempo, pero me ha sido imposible localizar este número de Navalá.)

Dada la brevedad del poema, me parece oportuno traer a Azagala esos versos para que quienes no los conozcan puedan acceder a su lectura.

***

Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde / -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería / y marcharme entre aplausos / -envejecer, morir, eran tan solo las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma: / envejecer, morir, es el único argumento de la obra.

***

Creo, no obstante, que no hay nada mejor que escuchar este hermoso y desolador poema en la voz de un gran recitador. De este modo, invito a que dediquemos un solo minuto a oírlo en la sobria presencia de Gonzalo de Castro.

No quiero extenderme más. Solamente, me gustaría apuntar que no soy precisamente una persona triste y pesimista que pudiera verse reflejada en esos desnudos y bellos versos; sin embargo, tenemos que reconocer que hay momentos críticos de la vida que nos acercan a la visión dolorida, sombría y decepcionada que se desprende de esas pocas palabras que fueron años atrás talladas con toda precisión por un maestro de la escritura.

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