Aureliano Sáinz
¿Te acuerdas del año 2020? ¿Sí? La verdad, no es que yo quiera traer a colación lo que aconteció en aquel fatídico año, pero es que resulta muy difícil olvidar que el 14 de marzo el Gobierno de nuestro país decretó el confinamiento de la población, que comenzaría a partir del día siguiente por la pandemia del coronavirus que se extendió por todos los países del mundo. Sin embargo, Azagala no cerró. Continuó con el compromiso con sus lectores y suscriptores, de modo que se podía comprar en Alburquerque o recibirla en nuestros domicilios. Esto, a fin de cuentas, se llama una verdadera tenacidad en no romper la continuidad de una historia que se inició en febrero de 2008.
Y puesto que, tal como apunté en la entrega anterior, cerramos con el número 111 correspondiente al mes de enero de este año, ahora iniciamos el recorrido por las portadas con lo más destacado de la revista en el 112, correspondiente a febrero/marzo.
Puesto que es en el mes de febrero cuando se celebra el Carnaval, y aunque por esas fechas todos sabíamos que la pandemia nos pisaba los talones, las dos imágenes de la portada de este número nos indican que, aunque de forma no muy numerosa, este festejo estuvo presente en Alburquerque.
Entramos en sus páginas y comprobamos que en Azagala solían aparecer las despedidas, cargadas de emoción, de aquellos que nos habían dejado. Pero, en este número, creo que es el que concentra más escritos de esta índole. Veamos algunos de ellos:
Raúl Roa Vadillo escribe una despedida llena de admiración y ternura hacia Juan Vadillo, quien en sus palabras fue “El héroe de su infancia”. “Cuando un amigo se va…”, así titula Julián Cano su homenaje a su entrañable amigo Fermín, padre de Maribel, quien ha regentado la librería que lleva su nombre. Francis escribe: “José Cárceles, el hombre luminoso”, explicándonos la trayectoria de esta persona singular, con una vida libre y cargada de deseos de paz. “A mi querido hermano del alma” es lo que expresa Conce Alfonso, colaboradora de la revista, a su inolvidable hermano Juan. Amparo y Mariví Teomiro Toledano, en dos páginas cargadas de fotografías y de inolvidables recuerdos, se despiden de su padre, Santiago, que para ellas fue sencillamente ejemplar… También Pepe Toledano recuerda a su cuñado Santiago Teomiro Galán, con un sencillo y cariñoso texto.
Como contraste a esas dolorosas pérdidas, aparece, en este 112, una amena investigación titulada “De cómo empezaron las mujeres de Alburquerque a vestirse pantalones”. Se muestra el contraste entre los grupos femeninos vistiendo faldas o vestidos y el de un par de fotografías en las que aparecen mi hermana Inmaculada, montando en bicicleta, y Dorita con pantalones largos.
¿Hay alguien nacido en Alburquerque no esté enamorado de su castillo? Esta pregunta, retórica, la realizo porque la portada del número 113 de nuevo se muestra otra panorámica del Castillo de Luna, tomada desde unos terrenos en los que florecen las amapolas, como signo del esplendor de la primavera en nuestra tierra. Y como no podía ser de otro modo, el Covid-19 protagoniza bastantes de los artículos de este número.
Una nota positiva se muestra en un artículo en el que explica cómo se utilizó la música para quienes, asomados a los balcones o terrazas, ofrecían pequeñas actuaciones, fuera con el saxo (Julián Cano y Juanlu González) o guitarra y violín (Martín Rabazo y su hijo Óscar). Yo también aparezco, pero como DJ de barrio, poniendo música a todo volumen en Huerta de la Reina, barrio de Córdoba en el que resido.

Curiosa la fotografía del 114, en la que vemos la copa de una de las palmeras del paseo de La Alameda a la que se le han podado las palmas debido a la enfermedad del picudo rojo que se extendía por el sur de la península.
Mirando en las páginas, compruebo que dos personajes protagonizan este número por motivos bien distintos: Ángel Vadillo y José Rodríguez Caldera, apodado Carolina.
Vadillo, teniendo que haber dejado la alcaldía, no se hacía a la idea de ser imprescindible en el pueblo, de forma que se le dedican más de tres páginas para explicar “vida y milagros” de quien había arruinado el pueblo, pero que seguía recibiendo a la gente en el Ayuntamiento, sin enterarse de que ya no pintaba nada en el Consistorio. De ahí, que Francis escribiera, como psicólogo clínico, dos artículos: “Analizamos la personalidad de Vadillo” y “Si le queréis, ayudadle a irse”. De todos modos, yo siempre he pensado que Vadillo bien merecía un libro en el que se detallaran las historias surrealistas que protagonizó y las barbaridades que cometió.
Muy distintos son los textos de evocación y de homenaje que se le dedican a Carolina, un apasionado del motor, que se solía ver por el pueblo montado en una moto con sidecar. En su recuerdo, en la entrada del pueblo, al lado de las Alcabalas, se encuentra una escultura con la que ya siempre se le recordará. Cabe apuntar que la escultura, obra de Pablo Lapeña, fue financiada por sus familiares y amigos.
Lógicamente, en ese 2020 no podía celebrarse el Festival Medieval, por lo que en la portada aparece Javi Blázquez, como protagonista de la escena, mirando hacia un lado. Quienes recibieron o compraron la revista entendieron que era una imagen del pasado. No obstante, en este número 115, se tomó la mejor decisión en sus páginas centrales, de modo que, recordando que el Festival existe desde 1994, y durante la alcaldía de Emilio Martín, se homenajea y agradece a todos aquellos que habían fallecido, y que fueron ejemplo de participación, con una fotografía suya con sus nombres debajo.
Quisiera citar artículos muy interesantes que aparecen en sus páginas, como el de Charo Ceballos: “Yo (no) soy feminista”; el de Víctor Píriz: “Las joyas de la abuela”; el muy extenso y bien narrado de Antonio L. Rubio: “Arrimando el hombro”; el de mi hermano Benigno: “De Landero Corchado a Oriol y Urquijo (I)”; el de Juan Ángel Santos: “El último Guarda (I)”; también Moisés Cayetano se inicia en la revista con “Abril de Portugal: balance de una revolución y Transición española”; el inicio de “Historia de la Banda de Música de Alburquerque” por el inolvidable Julián Cano”… Un punto y aparte es el inmenso trabajo que Eugenio López despliega desde los inicios de la revista, lo que nos lleva a pensar que Azagala va escalando peldaños en su calidad, tanto de articulistas como de los amplios temas que se tratan en sus páginas.

Hay un pequeño error en una información inicial de la revista en el número 116, cuando se dice “Hacemos un homenaje especial a Julián Cano, que es la tercera persona a la que dedicamos un reportaje en la historia de la revista. Los anteriores fueron Rafael Fenoll y Javier Leoni”. Es un error perdonable, ya que sería la cuarta, puesto que en la portada del 110 apareció José María Pámpano, desplegando esa enorme sonrisa que le caracterizaba al recibir un merecido homenaje.
¿Y qué decir de esa persona afable, cordial, trabajadora y amante impenitente de la música que fue Julián Cano y que sorprendentemente nos dejó en un aciago accidente automovilístico? Como no podía ser de otra manera, su recuerdo protagonizó este número, por lo que, sin desmerecer para nada el resto de las colaboraciones, tanto la portada como el interior están impregnados de los recuerdos que nos fue legando.
Finaliza el año 2020 con un número correspondiente a dos meses. Su portada es un fotomontaje de fotografía y pintura que envió Benigno para la revista. Acaba, pues, un año que siempre recordaremos por todo lo que supuso la pandemia en nuestras vidas.
Y de nuevo tengo que acudir al recuerdo de la despedida. Es lo que sucedió con Margarita Telo (Marga o Margari, para sus allegados y amigos). Quienes la conocimos siempre quedará en nuestra memoria la evocación de una mujer atenta, infatigable en su trabajo, muy cariñosa con sus hijos e inseparable de Emilio, su esposo, quien encontraba en ella toda la fuerza para caminar por la vida, llena de buenos momentos, pero también de tramos muy difíciles de sobrellevar.
En sus páginas interiores, a color, aparece una espléndida fotografía nocturna con un iluminado Castillo de Luna, de autor desconocido, deseando a sus lectores una Feliz Navidad. Se cierra 2020, y Azagala sigue viva en el año 2021, ya más cercano a las fechas actuales.
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