EUGENIO LÓPEZ CANO
El día de la boda, a media mañana, después de confesarse temprano si no se había hecho el día anterior, y la ceremonia era por la tarde, los novios, acompañados de los padrinos, se inscribían en el Registro Civil, ubicado entonces en la Casa Consistorial.
El primer libro de inscripción de matrimonio que se creó en el Juzgado Municipal de Alburquerque fue, según consta en su hoja inicial, el día 31 de agosto de 1870, aunque no se abriría hasta el 18 de noviembre del mismo año.

El vestido de la novia era de color negro o azul marino, corto y de terciopelo o de otro tejido, según los medios económicos que se dispusieran. La cabeza iba adornada con una diadema de flores blancas, peineta y mantilla española; en el pecho lucía una ramita de azahar; los guantes, a juego, y, en lugar de zapatos, unos botines ajustados a la pierna, de charol negro y caña de piel. El vestido largo y el ramo en la mano prácticamente casi no se utilizaban. Por otro lado el uso del traje blanco llegaría mucho más tarde, llevándolo primero las clases más altas, y más tarde las demás.
Cuando llegó la moda del ramo, fue costumbre ofrecérselo a la Virgen de Carrión, Patrona de Alburquerque, o llevárselo a su casa como adorno y recuerdo, o depositarlo en la tumba de algún familiar íntimo fallecido recientemente.

A la novia la arreglaban los familiares más próximos, esto es, la madre, hermanas y tías, así como las primas y amigas más íntimas, y en algunas casas con más poder adquisitivo se incluía una peinadora como toque de distinción.
El traje del novio era de paño negro y se cubría con sombrero de copa alta llamada de siete pisos, sólo usado para los casos de mucha etiqueta (Por aquel entonces ya se había dejado de llevar para esta ocasión el típico traje de gala o ganadero). Otra peculiaridad era pelarse ese día, costumbre por otro lado que solía hacerse con motivo de un viaje, por ferias, en bodas, etc. A propósito de ésta, cuando alguien preguntaba quién era el novio, siempre había un gracioso que saltaba: aquel del pescueso pelao.
En las clases más pobres, los padrinos llevaban traje obscuro o negro, al igual que los novios. En cambio en las bodas de gente más adinerada, la madrina iba ataviada con mantilla y peineta.
El novio, acompañado de los padrinos e invitados, recogía a la novia en su casa donde eran invitados a una copa con dulces. Desde allí, todos juntos, se dirigían a la iglesia, sin la compañía de sus respectivos padres, que no asistían a la ceremonia.

Más tarde, a fin de ahorrarse la molestia del paseo, unido de por sí al trasiego de las idas y venidas posteriores, como veremos más adelante, expuestos siempre a las miradas curiosas de la gente que gustaba de este tipo de celebraciones, se decidió en su día que los novios fueran directamente a la iglesia. De este modo la novia, acompañada del padrino, se dirigía andando hacia el templo, seguidos por sus invitados. En la puerta de la iglesia la esperaba el novio, acompañado de la madrina e invitados, prácticamente del mismo modo que ahora. En las casas que podían permitírselo, la novia acudía al templo en coche de mulas lujosamente engalanado con flores y cintas blancas, vehículo que, cuando no se disponía, se tomaba prestado. Antes de salir, en las casas respectivas de los novios, por separado, se ofrecía a los invitados un refresco consistente en una copa de anis o un buen vino con dulces caseros. En algunas casas, en especial en aquellas que no podían responder a tantos gastos, los licores que se servían eran caseros, elaborados con hierbaluisa, café, menta, etc.., que hacían las delicias de los paladares en cada prueba, con el beneplácito general.

El libro de matrimonio más antiguo se halla en la iglesia de Santa María del Mercado. Vale la pena, por lo curioso, transcribir la diligencia que aparece al comienzo del mismo: «Yo Dn Pedro Santos y Taborda Cura y Beneficiado de la Iglesia Parroquial de Ntra SRa Sta María del Mercado, Matriz de esta Villa de Alburquerque por orden del Iltmo Señor Arzobispo Obispo de Badajoz, la qual se halla colocada en el libro copiado de Bautismos, que abraza desde doce de Enero, de mil quinientos sesenta y cuatro, hasta veinte de Julio, de mil seiscientos y tres en su primer folio; procedo con arreglo á lo en ella dispuesto, á Copiar las partidas de Matrimonios, que se hallan sueltas, é inmediatas a perecer, en el Archivo de referida Iglesia…». Sabemos que las inscripciones de matrimonio en la Iglesia fueron a partir del Concilio de Trento (1545-1563). Las anteriores, a las que se refiere el texto, fueron realizadas por los sacerdotes de turno, más por curiosidad o control que por obligación.
En el de San Mateo, parroquia que, como sabemos, fue creada con posteridad, se lee: «Libro de Belaciones de la Parroqª del Sr.S.Matheo de la Villa de Alburquerqe se començo en 3 de Agosto de 1580, acabose en 19 de septe de 1623 años«.
En ciertas casas de prestigio social y en determinadas familias con gran poder económico, si carecían de oratorio, que solían tenerlos en su casa o en alguna de sus fincas, improvisaban un altar para oficiar la ceremonia. Al final de la misma, si se hacía en casa, los novios salían al balcón para saludar a los empleados y curiosos congregados en la calle.
___________
PORTADA: Contraer matrimonio significaba entonces no sólo el día más feliz de sus vidas sino también, siguiendo la tradición de sus ancestros, una forma de asegurarse el futuro para la mujer, y por otro lado el cuido personal y de la casa para el marido. BODA DE MANOLO BOZAS Y TRINI VICHO
Visitas: 279
