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REFLEXIÓN DOMINICAL. A quien corresponda

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Podría comenzar, a buen seguro, de otro modo, pero como lo que me interesa son los hechos, la realidad socio-política de nuestro pueblo, no las personas, daré por válido este título, haciendo caso omiso al paisano que en su día me apuntó que mejor aludir que no nombrar a nadie en mis escritos. Ahora que parece que esto poco a poco va cambiando sanitariamente, pero sin test para saber si realmente lo sufrimos, por qué no analizar la actuación de nuestro Ayuntamiento durante la crisis del coronavirus. Al respecto no faltarán ni el malpensado ni el prosélito que se acuerde de que no vivo allí para sacar pecho y señalar despectivamente qué puede saber este. Tampoco vivo en Múnich o Baleares y estoy al tanto. Una razón cae por su peso: es tanto el cariño que tengo a mi pueblo y a sus lugareños que me mantengo “al loro” a través de la emisora y los magazines locales.

Se comenzó una vez más luciendo una enorme animadversión –tirria, le llamaba Ramiro, el de Puerto de Albahacar-, con este medio y con el periódico Hoy, para no cambiar, convocando a todos los demás, no sabemos si para la práctica del chiguana, cuando la finalidad era informar sobre las medidas a tomar en el envite contra el virus. Mal comienzo en una lucha encarnizada necesitada del esfuerzo de todos, privando a un porcentaje de la población, no crea que tan bajo, de algo tan importante como es el derecho a la información; claro que lo mismo pensaba que los seguidores de este medio son cuatro pelagatos iluminados, algunos de ellos ni de aquí, que se hacen pasar por Familia Azagala, dejando así lucir sus vergüenzas con la despreocupación demostrada a la hora de advertir a la población. A todas luces, un ejercicio de irresponsabilidad en toda regla. De siempre se dijo: “qué atrevida es la ignorancia”. Por mi cuenta aportar que no debe ser motivo de mucho orgullo ser el consistorio de la zona que menos ha comparecido en público para cubrir dicha finalidad; aquí, con mandar un vehículo dotado de megafonía por las calles, estilo circo in illo tempore, recordando la obligación de quedarse en casa, se cubrió el expediente.

Hasta ahora, y ojalá continuemos así, hemos tenido mucha suerte. Toquemos madera; los creyentes seguiremos implorando ayuda a nuestra Patrona, La Virgen de Carrión, dos casos y perfectamente recuperados. Los alburquerqueños han estado a la altura deseada –por conciencia, por imposición o por miedo- demostrando un buen nivel de responsabilidad y buena fe confirmada en un gesto solidario como es confeccionar desinteresadamente mascarillas en casa. No así ha sido el interés del Consistorio por desinfectar las calles, que hasta IPAL ha tenido que recordárselo. Pero nada asusta ya por estos lares cuando los mismos empleados municipales han estado desarrollando su labor sin la debida protección, dando así una buena muestra de lo que son imprudencias e incumplimientos de obligaciones legales por quien debería sentirse más obligado.

De lo que más suele molestar al ser humano, y arraigado a nuestra idiosincrasia, los halagos de desfachatez, no podíamos carecer, y vinieron de quien no debieran, la máxima responsable local, que fervientemente pedía que “no hagan caso de los bulos sobre el coronavirus”. Sólo fiarse de las fuentes oficiales municipales, sin indicar cuáles eran estas, entendiendo cualquier viandante, pues otras no había, que se refería al “parte” diario de su antecesor en el cargo. ¡Mira tú quién se atreve a hablar de “bulos” en Alburquerque!, quien, sin demostrar la veracidad de uno solo de ellos, considerándonos, por consiguiente, “bobos” a todos nosotros por creerla, carece de valentía para desmentir su propia bola: que había sido agredida por miembros de la oposición; quien en sesión de pleno vertió la falsedad de cobro de funcionarios y trabajadores municipales, diciendo sí cuando era no; quien oculta lo público y notorio, el débito pendiente con la Seguridad Social; y quien llega a velar a una familia la enfermedad de uno de los suyos ingresado en una residencia de titularidad municipal; por citar sólo algunos. ¿Cómo llamar a esto, carísimo lector?

A la máxima representante la acusa la oposición de “teledirigida”; yo la califico de seguidora fiel de la metodología socialista actual: “digo esto, hago lo otro” y personificación del dicho popular: “ande yo caliente, ríase la gente”. Aquí da igual que la oposición critique la falta de información o la escasez de medidas contra la pandemia; que el PP proponga medidas para aliviar la economía local como aplazar el IBI; que el sindicato USO demande al ayuntamiento ante el Defensor del Pueblo por el impago de nóminas. Aquí y ahora todo resbala. Y mientras en San Vicente se suspende su Corpus, su SubeRock, sus romerías; aquí desde el ayuntamiento no había señal alguna de sensibilidad y pena por lo sobrevenido, la ingente cantidad de vidas humanas perdidas, la ruina económica que tenemos encima y, lo peor, permaneciendo perdidos y sin saber qué hacer, por más sabios que estén junto al gobierno.

A quien corresponda; cuídese. En su lucha privada contra el virus, ojalá todo le vaya bonito; le deseo lo mejor, y podamos tomar ese café al que la invité. Pero en su vida pública, como responsable política por partida doble, vaya aprendiendo que no siempre se tienen todas las cartas consigo, que, como nos apuntase el citado en su día, “la vida cambia en un santiamén”; y que a veces lo que hasta hoy ha sido un gran bulevar se convierte de pronto en vereda cabritera por donde malamente podemos caminar solos, sin compañía; y ahí es donde comienza la verdadera estrechez, la profunda desolación, el amargo atraganto, el vulgar marrón. Puede preguntar a su antecesor, lo mismo él conoce lo descrito. Desde luego si a mí me preguntase, no dudaría en decirle que usted, antes o después, devendrá ser un infortunio para este noble pueblo, no por otra razón sino por su insensatez. Además, me gusta ser noble, por eso le aviso: algunos aquí pescan con caña telescópica y pegan en puertas de extraordinaria madera; cuando logran picada, estas abren sus hojas de par en par, produciéndose la indeseada llamada a careo, momento en que los nervios a flor de piel juegan malas pasadas porque en su frontispicio aparece Palacio o Tribunal de turno. Ahora, si le parece, se da por aludida.

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Portada: Vehículo desinfectando las calles de San Vicente.

Foto 2: La alcaldesa se limita a compartir las informaciones del ex alcalde sobre la epidemia.

Foto 3: Petición de Ipal para ayudar contra el coronavirus, sin respuesta de la alcaldía.

Foto 4: Petición del PP para aliviar la economía de Alburquerque por esta crisis, sin respuesta.

Foto 5: USO denunció los impagos de salarios.