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REFLEXIÓN DOMINICAL: La callada por respuesta

ANTONIO L. RUBIO BERNAL

Diríase que la semana ha rendido culto al género epistolar. ¡Tres cartitas publicadas! Y sin desperdicio alguno. Ojalá cundiera el ejemplo y tuviesen que crear una sección.

A buen seguro los habrá que piensen que no se debe echar leña al fuego; pero es lícito pensar también en la bondad de echar agua, con la intención de apagarlo, por parte de quienes lo provocaron. La tristeza, una vez más, nos viene vía consistorio – de donde surgen las llamas -, contemplando cómo nuestra alcaldesa ofrece la callada por respuesta a las mismas, haciendo gala de un mutismo al que nos tiene, funestamente, acostumbrados. ¿Qué es de esperar de “este lodazal bañado en deudas y aprietos, y rociado de intolerancia hacia quien difiere en inclinación e ideología”, como espetó Ramiro?

La primera en fecha, remitida por el Colectivo Tres Castillos y la revista Azagala, con su Director y Consejo de Redacción al frente. Una alcaldesa sucumbida en la más profunda crisis de credibilidad es lógico que no crea a este colectivo – ni a otros -, máxime cuando a ella no le interesa lo más mínimo la verdad de lo que se pueda decir; de ahí su silencio, ignorando la libertad de expresión, sin rebatir nada con razones convincentes; una mudez que no hace otra cosa sino dar la razón al contrario. Y yo le preguntaría, ¿hasta dónde está dispuesta a llegar coartando la libertad de información? Yo, con pluma cuyo único freno es el impuesto por la ley, la próxima comparecencia a la que no fuese invitada la revista enviaría una carta a los periódicos regionales con un solo propósito: que conociesen el talante irrespetuoso, antidemocrático y reaccionario de una alcaldesa y diputada provincial; impropio en un país con libertad de prensa. ¿La razón? Usted no asume que se cuestione nada de su actuación pública como representante político. Y, aunque le duela, Azagala – en la cual me encuentro orgullosamente enrolado -, forma parte del escaso pluralismo político reinante en Alburquerque, siendo de celebrar que muchos ciudadanos tengan, a través de sus páginas, información veraz de aquello que ocurre aquí y que se les oculta desde el ayuntamiento. Y eso duele, ¿verdad?; máxime cuando se es persona con responsabilidad y bien remunerada, no como los trabajadores municipales que no ven un chavo. A propósito, ¿se ha planteado la nobleza y honor del gesto de no cobrar, en solidaridad con los trabajadores municipales, hasta cuando haya dinero en la caja consistorial? Ah, perdón, olvidaba que usted recibe sus honorarios por la Diputación.

La segunda de Mª Isabel Rodríguez, mujer digna de admiración por su lucha en pro de la verdad y afán de reestablecer las injusticias cometidas con su padre. Y de nuevo, la callada por respuesta – menos mal que no ha mandado hablar al incógnito equipo -. Ya lo leyó, imagino, de mí: “podría ser que con su proceder alguno de sus seguidores la abandonasen”, y mire usted por dónde, así ha sido. Y hasta se arrepiente públicamente de haberla apoyado. Imagínese los ánimos. Lo que vendría a ser una cura de humildad.

Y la tercera de Pilar Morgado, también sin contestación. Así las cosas, estimado lector, ¿ve lógico el título otorgado a la reflexión? A veces el silencio por sí mismo viene cargado de significado, no necesariamente positivo, puede ser simplemente por falta de coraje para salir a dar la cara o hacerlo deviniese ser una desfachatez. Terminaré, señora alcaldesa, con las palabras de otro correligionario suyo, Indalecio Prieto – en socialismo histórico estoy puesto -, al que otorgo razón: “en todas las ideas hay algo de verdad”.

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Portada. Alicia García, edil de Ipal, pide explicaciones a Murillo porque el entonces alcalde levantó una sesión de pleno sin dejar preguntar a la oposición.

Foto 2. Brazo del señor de la residencia afectado por sarna.

Foto 3: Contenedores en el acceso a viviendas.