viernes, julio 17, 2026
InicioCulturaJosé Narciso Robles OrantosESCLARECIDOS SEÑORES DE ALBURQUERQUE QUE ILUMINARON LOS SIGLOS; CUANDO EL MUNDO CONOCIÓ...

ESCLARECIDOS SEÑORES DE ALBURQUERQUE QUE ILUMINARON LOS SIGLOS; CUANDO EL MUNDO CONOCIÓ NUESTRO NOMBRE (II)

JOSÉ NARCISO ROBLES ORANTOS

Díaz y Pérez, cronista pacense, en su Diccionario histórico, biográfico, crítico y bibliográfico de autores, artistas y extremeños ilustres, lo hace nacido en el pueblo de su mismo nombre, en 1529, y educado en el convento de la orden agustina en Salamanca.

La primera noticia que se tiene de él es que llegó a Filipinas en 1571, siendo asignado al convento de Manila. En el Capítulo celebrado en esta ciudad al año siguiente salió elegido tercer definidor, pasando a regir la casa de Bombon, donde hizo y terminó “la mejor iglesia que ai en esta isla [Luzón] por ser de tablas”. La provincia de Batangas, por su labor pastoral, lo reconoce como su primer misionero y propagador de la religión católica.

A finales de 1574 pasó a la isla de Mindoro para ayudar al enfermo padre Francisco Ortega, donde conocieron la invasión del pirata chino Limahón. Como represalia, el gobernador Guido de Lavezares mandó una armada en la que se enroló en calidad de capellán, permaneciendo enrolado en ella hasta ser convocado a un nuevo Capítulo Provincial en Manila (30 de abril de 1575), del que salió elegido prior del convento del Santísimo Nombre de Jesús de Tondo.

Sin embargo, en su interior seguía alimentando otra ilusión nunca dormida, pasar a China e iniciar una nueva labor evangelizadora como la que había desarrollado en Filipinas. China era algo legendario y de ensueño para los religiosos y conquistadores. Enterado por unos mercaderes de que solo bajo la condición de esclavo era permitida la entrada a los extranjeros, llegó a ofrecerse como tal para conseguir su propósito, “pareciéndole honra muy grande hacerse esclavo por Cristo” audacia y sacrificio que no obtuvieron recompensa.

Años más tarde el padre Ortega recomendaría a Alburquerque como posible candidato para llevar el regalo del rey de España al emperador de China —por lo que se supone que sabía algo de la lengua mandarina—. Así, corriendo el año 1576, el definitorio lo escogió para que viajase al imperio Celeste como compañero del padre Martín de Rada. Sin embargo, los chinos que los acompañaban se negaron a continuar el viaje con ellos, dejándolos en Bolinao, tierra de paz, pero entre gente no segura como eran los zambales. El encomendero Juan de Morones, enterado por algunos naturales, llegó a donde estaban los padres Alburquerque y Rada rescatándolos de su cautiverio y, curando sus heridas, los condujo con él a Manila.

Después de este fracaso el padre Alburquerque continuó con buen espíritu al frente de su convento de Tondo hasta que el 30 de abril de 1578 los padres capitulares pusieron los ojos en él para elegirlo como superior mayor de la provincia. Bajo su mandato se repartieron entre agustinos y franciscanos, con cierta tirantez al principio, los poderes de la bula Omnimoda de Adriano VI. Finalmente se daría un gran paso en el campo de la cultura y evangelización en lenguas vernáculas pues, en el Capítulo de 1578, se determinó que los agustinos más versados en tagalo y pampango compusieran y formasen gramáticas y diccionarios de dichos dialectos. Se le atribuyen, en este sentido, un “Arte de la lengua tagala” y un “Catecismo tagalo” y se tiene noticia de una media docena de cartas al rey, al virrey de México y a religiosos agustinos.  Sobre su relación epistolar con el monarca disponemos de una de esas seis cartas autógrafas en la que solicita de su magnanimidad el envío de nuevos religiosos, tras el naufragio de la nave que los transportaba.

En cuanto a la fecha y lugar en que pudo ocurrir la muerte del padre Agustín de Alburquerque, ante la diversidad de pareceres, puede decirse que falleció poco antes del 22 de abril de 1581, fecha en la que se celebró Capítulo Provincial ordinario, en el que no estuvo presente aun cuando le correspondía asistir como ex provincial.

S.     C.    R.    M.

Habiendo los años pasados escrito a Vuestra Majestad el estado de estas islas, y enviado a Fray Diego de Herrera quedando razón de la necesidad que aquí había, suplicóse a Vuestra Majestad por el remedio. Volviendo a esta tierra, cien leguas del puerto, se anegó con todos los religiosos que traía consigo, sin que apareciese papel de los que consigo traía. El año pasado por letra de Vuestra Majestad para Fray Martín de Rada, entendimos haber Vuestra Majestad, con su real clemencia, no solo recibido a Fray Diego de Herrera, [sino] héchole merced en todo lo que pidió. Dejó nos notable falta su muerte y la de los religiosos que traía.

Y ahora ha querido Nuestro Señor, por sus secretos juicios, llevarnos a Fray Martín de Rada que era quien, de esta tierra, tenía entera noticia y servía a Nuestro Señor y Vuestra Majestad. Tanto en ella estaba ocupado en las observaciones que Vuestra Majestad le mandó escribir por el orden que Juan Bautista Gesio (1) pedía y el gobernador Francisco de Sande le hizo dejar lo que escribía y lo llevó la jornada de Borneo, de cuya vuelta murió. Los papeles de su escritura están en el monasterio donde él vivía, cinco leguas de este puerto, que por no haber lugar de esperarlos este navío no los lleva.  Recoger sean todos en el estado que los dejó y enviar sean a Vuestra Majestad.

La falta de estos frailes, y la necesidad que hay de quien sustente a este ministerio y lo lleve adelante, por irnos acabando y haberse muerto, sin los anegados otros diez religiosos de los pocos que estamos, determiné enviar a los pies de vuestra majestad a Fray Francisco de Ortega, prior de Manila y definidor de esta provincia, que como ha años que asiste en esta población, está enterrado en lo que tiene necesidad la tierra. Lleva memoriales de las cosas que Vuestra Majestad quiere que le avisen. Puede Vuestra Majestad darle crédito en lo que de esta tierra dijese.

Nuestro Señor, en cuyas manos está el corazón del príncipe, encienda el de Vuestra Majestad en su divino amor para que en sus dichosos días vea reducirlas a la fe de Cristo tanta multitud de gentes, que con su sangre redimió, que según los principios tan cristianos con que Vuestra Majestad ha tomado esta obra, está prometiendo el fruto si hay ministros que ayuden. El mismo Señor guarde la Real persona de Vuestra Majestad con perpetuos favores del cielo y acrecentamiento de estados como sus vasallos. Lo pedimos de Manila. 22 de junio de 1578.

Besa los Reales pies de su majestad

su más humilde siervo

Filipinas                                                                                                          Fray Agustín de Alburquerque

Carta de fray Agustín de Alburquerque, provincial de los agustinos de Filipinas, avisando de la muerte de fray Diego de Herrera y otros compañeros en el naufragio de la nao que los llevaba a Filipinas. También murió fray Martín de Rada al volver de una jornada a Borneo, cuyos escritos se recogerán para enviarlos a España. Envía a fray Francisco de Ortega, prior de Manila, para que informe de las necesidades que tienen y del estado de esas islas.  (1) Cosmógrafo italiano.

Hijo de don Miguel Tello de Meneses, de Alburquerque, y de doña María de Cepeda, natural de la villa y corte de Madrid y nieto, por línea paterna, de Fernando de Meneses, comendador que fue de la plaza de Castelo Branco —lo que lo emparenta, a buen seguro, con el antiguo linaje portugués de los primeros  señores de la villa— nació Pedro en Alburquerque, en fecha que se desconoce, feneciendo en Lima, Virreinato del Perú, el 17 de mayo de1656, tras haber desempeñado los altos cargos de fiscal, alcalde del crimen y oidor en esta capital.

Fiscal, alcalde y oidor formaban parte del Cursus Honorum al que todo funcionario del rey aspiraba en su carrera. Veamos, sucintamente, como lo consiguió nuestro licenciado.

Su nombramiento como fiscal de la Real Audiencia de Lima le llegó un 20 de junio de 1636, y al año siguiente, el 8 de abril de 1637, la correspondiente licencia para pasar a Indias, junto con su esposa y criados, y tomar posesión de su cargo.  Por entonces, la corona ejercía un celoso y férreo control sobre el flujo de pasajeros hacia el Nuevo Mundo, de manera que nadie podía embarcarse sin portar el debido y riguroso permiso de Su Majestad.

La solicitud de tal licencia y la respuesta real concediéndola, documentos que hemos logrado localizar, constituye dos reveladores testimonio del estatus económico y social del que ya disfrutaba nuestro insigne antepasado antes de alcanzar los más elevados puestos de su magistratura. 

Disfrutemos de su contenido, no tienen desperdicio. Después seguiremos avanzando en su carrera.

Sabemos que, después de mucho rogar, acabó pasando a Indias, junto con su nutrida comitiva tras recibir la Real Merced en forma de otras ocho licencias de embarque.

Fiscal desde el 20 de junio de 1636, se le designaría para el cargo de alcalde del Crimen por Título de 25 de abril de 1641. Bajo este inquietante desempeño encontramos a aquellos magistrados especializados exclusivamente en la justicia penal, investigando, juzgando y castigando los delitos graves (asesinatos, robos, desórdenes públicos). En las Audiencias más grandes e importantes, como las de México o Lima, estos alcaldes formaban una sala independiente separada de los oidores, llamada la Sala del Crimen.

Completando la más alta magistratura con su último nombramiento, fue ascendido a Oidor por Consulta de 13 de abril y Título de 17 de junio de 1646, y como Oidor entregó su alma a Dios, lejos de su patria, un el 17 de mayo de1656. —El oidor era el juez de una Audiencia en asuntos puramente civiles. Su nombre proviene literalmente de su obligación de «oír» a las partes en litigio para luego deliberar y dictar sentencia. Al ser los magistrados más veteranos y prestigiosos también asumían funciones de gobierno y asesoramiento directo al Virrey o Gobernador—.

Su fallecimiento dejó viuda a la que fuera su esposa, doña Beatriz de Allende Salazar, natural de Madrid y camarera de la reina durante más de once años. Fueron sus padres Lope de Allende, de Burgos, y Catalina de Saracho, también de la villa y corte. Del matrimonio nació José Tello de Meneses, oidor en Santo Domingo, Guadalajara Chile, alcalde de corte en México y ministro de audiencia. Caballero, también, del hábito de Santiago y alburquerqueño de cuna.

Como ya sabíamos desde que abordamos la figura de Fray Agustín de Alburquerque, la demanda de misioneros en el lejano oriente, profusamente poblado, no dejaba de crecer.  Todo contingente de religiosos llegados a aquellos remotos lugares era insuficiente para la ingente tarea evangelizadora que la corona e iglesia española se había propuesto llevar a cabo a yerro y cruz. Con Fray Lorenzo de Alburquerque asistimos a la llegada de uno de los muchos grupos de misioneros que, a lo largo de los siglos, arribaron a China, utilizando las Filipinas, incorporadas a la monarquía española desde 1565 por Miguel López de Legazpi, como punto de reasignación hacia aquellos destinos donde era necesaria su presencia, pero que no contaban con el control militar y la posesión del territorio.

En esta ocasión nos hemos servido de una carta del marqués de Torrecampo, gobernador de Filipinas, en la que disponía que doce de los misioneros de la Orden de San Francisco que acababan de llegar en el galeón Santo Cristo de Burgos pasasen a la ciudad China de Cantón. Eran Juan Fernández Serrano, Diego de San José, Juan de Villena, Martín Alemán, Francisco de Valdepeñas, Juan de Albacete, José Bornay, Roque de la Soledad, Miguel de Torrejón Cristóbal de la Asunción y el alburquerqueño Fray Lorenzo Asunción.

…” Esto es señor lo que hay en realidad y esta es la verdad desnuda de afectación: de donde se concluye ser los temores de los españoles sin fundamentos. Los impedimentos, traza diabólica la misión, cosa divina y nuestra avenida muy misteriosa, en cuyo empeño reconocimos a Su Magestad por el magno Alejandro, que con la espada de su fe y de su abrazada caridad, en bien de las almas que Cristo redimió con su sangre, cortó el gordiano nudo de tanta oposición para que  la pobre misión de China libre volase a la vida, resucitando gloriosa, en cuyo reconocimiento vive y vivirá agradecida, suplicando a Dios prospere a Su Majestad los dilatados siglos que tanto desea, y para el servicio de ambas Majestades tanto necesita.

 Catón y abril de 1722 = de sus reconocidos deudores y capellanes que su mano besan= Fray Martín Alemán, Fray Francisco de Valdepeñas, Fray Juan de Albacete, Fray Lorenzo Asunción de Alburquerque, Fray Diego de San José, Fray Juan de Villena, Fray José Bornay, Fray Roque de la Soledad, Fray Miguel de Torrejón, Fray Cristóbal de la Asunción…”.

  Y este, es el final de la larga carta que los misioneros recién llegados remitieron a su majestad, a la sazón, Felipe V, dando cuenta de las vicisitudes del viaje y gracias por el apoyo que la corona seguía prestando a su misión evangelizadora, de la que España se había erigido en paladín del orbe. Por su extensión y la fluidez que se pretende en estas semblanzas, solo diremos que está repleta de múltiples contratiempos —el viaje completo duraba tres meses— frente a los que los frailes oponía una envidiable resignación y fe en los secretos juicios del Altísimo. La travesía se realizaba por la ruta occidental, esto es, de Sevilla a Veracruz, y ya en Nueva España, de Acapulco a Manila, arribando al puerto comercial y militar de Cavite, fin de la singladura. Esta ruta fue inaugurada por Andrés de Urdaneta, quien descubrió el tornaviaje y fijó el derrotero.

Visitas: 3

RELATED ARTICLES

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Most Popular

Recent Comments

Marcelo Poyato en ¿Dónde está Alburquerque?
Marcelo Poyato Garcia en Alburquerque se suicida