Aureliano Sáinz
Solemos referirnos a la antigua Grecia como el origen de las formas democráticas que hoy conocemos. Pero era una democracia incipiente, tal como ahora entendemos este sistema político-social de organización de los estados. Tengamos en cuenta que por entonces las mujeres no podían votar ni participar en los actos públicos de carácter político, al tiempo que existía la esclavitud en las ciudades helenas. Se calcula, por ejemplo, que en la Atenas del período clásico había entre 60.000 y 100.000 esclavos que constituían el pilar económico de la ciudad.
Curiosamente, de lo que no se suele hablar es de los metecos, palabra que queda recogida en el diccionario de la RAE, aunque no solemos utilizarla en nuestro lenguaje habitual, a pesar de que los partidos de extrema derecha quieren volver a recuperar la figura del meteco.
Este término se empleaba para designar a los extranjeros residentes en las ciudades griegas, a los que, sin embargo, no se les reconocía los derechos que tenía el resto de los ciudadanos libres, por lo que, desde nuestra perspectiva actual, podíamos considerarlos como ciudadanos de segunda clase.
Como dato personal, me gustaría apuntar que la palabra ‘meteco’ la conocí en mis años de estudiante de Arquitectura en Sevilla cuando escuché la bella canción Le métèque en la voz del cantautor francés, de origen egipcio, Georges Moustaki. Comenzaba con estas palabras traducidas al español: “Con mi cara de meteco, de judío errante, de pastor griego, y mis cabellos a los cuatro vientos…”

Han transcurrido varias décadas desde que me aprendí la letra de la canción de Moustaki y he podido comprobar cómo pervive el rechazo al extranjero o, lo que lo mismo, al inmigrante que busca un lugar en el que echar raíces a partir de un trabajo digno, convirtiéndose en el problema político número uno de los partidos racistas y xenófobos que se han extendido por una parte significativa del planeta.
Pero, parece ser, según su estrategia, que su racismo y xenofobia conviene ocultarlos tras algunos eslóganes que calen en la gente, ya que tanto el racismo como la xenofobia van en contra de la Declaración de los Derechos Humanos aprobada en 1948.
Son tan solo treinta artículos muy claros y sencillos, por lo que todo el mundo los entiende. Recordemos que el primero de ellos dice lo siguiente: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.
Y para ocultar el que debemos ser libres e iguales en dignidad y derechos hay que buscar un eslogan que justifique la segregación. Así, el lema “American First”, empleado por Donald Trump, se hizo enormemente popular en Estados Unidos, dando lugar a esa despiadada lucha contra los inmigrantes llevada a cabo por el ICE de Trump (adjunto la fotografía premiada en World Press Photo en la que se ve a una niña pequeña llorando desconsoladamente al ser detenida su madre por el ICE). Y ahora, en nuestro país, se ha divulgado “prioridad nacional” para atacar a la inmigración.

De todos modos, este segundo eslogan político ya fue empleado en Francia por Jean-Marie Le Pen, líder de la extrema derecha francesa y padre de Marina Le Pen, cuando en las elecciones legislativas de 1978 eligió el lema “Les français d’abord” (“Los franceses primero”), que era la plasmación de la “préférence nationale” que usaron y que equivale a la “prioridad nacional” de Abascal.
Nada nuevo, pues, en las organizaciones que desean recuperar la figura del meteco. Por lo pronto, la originalidad de Vox consistió en difundir, despectivamente, claro está, el término de los ‘menas’ para referirse al desprecio que sienten por los menores no acompañados que han arribado a nuestro país en las peores condiciones que podamos imaginar. Solo les queda que hablen con todo el desparpajo de los ‘metecos’, refiriéndose a esos extranjeros que fervientemente desean expulsar de nuestras tierras.
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