Aureliano Sáinz
Entramos en el 2019. Año de mucho trabajo en la redacción de Azagala, de modo que, por primera vez, se ha tenido que acudir a varios números de dos meses para cumplir con la salida de la revista. De ahí que comencemos con la portada de enero de 2019 y cerremos con la de enero de 2020.
Ya es tradición en nuestra revista que se acuda a la carrera de San Silvestre para utilizar una imagen de ella para que sirva de portada. Es lo que se hace en el número 104 en el que vemos a un grupo de mayores y pequeños mostrándose felices de participar en este evento. En su interior, el título de la Editorial es toda una declaración de lo que le va a acontecer a un entorno emblemático de nuestro pueblo: “Ahora le toca a las Laderas”. Y es que el nefasto alcalde en su voraz estilo depredador acabaría arrasando con los grandes eucaliptos ornamentales que marcaban el recorrido de un paseo que formó parte sentimental de varias generaciones.
En el número 105 ya asoman las fotografías de los derribos que se hacen en las Laderas. En sus páginas interiores aparece una entrevista a Alicia García Rubiales, por entonces concejala de Ipal. También conviene destacar al infatigable Juan Calderón que presentó en Machaco, acompañado de Francis y José Manuel Leal, su libro El cuentista bajo la encina blanca. De igual modo, en este número, Juan Manuel del Pozo, presentado por Eugenio López y Francis, dio a conocer, en el mismo salón, su obra El altar de los recuerdos. ¿Deberíamos pensar si Alburquerque es tierra de escritores más allá de Luis Landero, nuestro Premio Nacional de las Letras Españolas?

En algunas ocasiones, el castillo de Azagala ha protagonizado la portada de la revista. Esta vez, en el número 106, se muestra muy lejos, en una panorámica que tiene como protagonista el río Guadarranque, siendo su autora María Luisa Maya Fatuarte. No tengo que explicar que esta fortaleza se encuentra en un proceso de restauración que será su salvación y el punto de arranque para una hospedería de lujo que esperamos sea pronto una realidad.
De nuevo, en la Carta del Director, con el titular “Cae Vadillo por méritos propios”, se explica el camino hacia la nada en el que se encuentra Vadillo. Ahora lo sustituye Marisa Murillo, de vida política muy efímera, ya que sin criterios propios intenta mantener la línea de un cadáver político que se resiste a dejar el cargo, tras más de dos décadas apalancado en el sillón.
Maravillosa la portada del 107, de Sergio Pocostales, en la que vemos a un anciano caminar lentamente entre los eucaliptos que formaban aquel pequeño “paraíso perdido” que el depredador alcalde se encargó de cortar de raíz.
En los inicios de este número, se habla otra vez de Marisa Murillo, quien sería esa “estrella fugaz” al mando del Consistorio. Tan fugaz que pronto desaparecería de Alburquerque, de modo que en escasas ocasiones se la ve por el pueblo.
Y ahora puede parecer un chiste, pero hay un artículo en el que se nos habla de la “Playa de un km. en Carrión y otros proyectos faraónicos para los próximos años”. Pero así transcurría la surrealista vida que por entonces se prometía a los alburquerqueños.
“¡Cómo pesa el corazón –escribe Elías Cortés- cuando tienes que enfrentarte al papel blanco en circunstancias inesperadas y dramáticas! ¡Ay, ese dolor que te invade el alma como un ejército opresor e implacable; esa angustia de buitres impíos, testarudos y perennes que te picotean las asaduras, esa voz inextinguible y silenciosamente atronadora que te dice, que te insiste, que te machaca: ¡Se ha ido para siempre!”. Así comenzaba a expresarse Elías ante la definitiva pérdida de su querida hermana Aristea.

En el número 108, correspondiente a julio/agosto de 2019, aparece por primera vez José Manuel Leal como presidente del Colectivo Cultural Tres Castillos en sustitución de Eugenio López. Se inicia, pues, una nueva andadura de la revista Azagala.
¿Quién no conocía a Luis Álvarez, el fotógrafo que retrató a diferentes generaciones de alburquerqueños? Pues bien, por esas fechas se despedía de nosotros definitivamente, por lo que en Azagala, y en su memoria, se recogen en tres páginas dos artículos: uno de Francis y el otro de Julián Cano, ambos con numerosas fotografías que lo recuerdan en distintos momentos de su larga vida.
Un encuentro muy curioso en Alburquerque, y que se recoge en las páginas de este número, es el que llevaron a cabo quienes nacieron en el año 1959. Y la razón de esta singular reunión de debe a que en 2019 cumplían sesenta años, y nada mejor que encontrarse juntos para celebrar el comienzo de la nueva vida que se les mostraba hacia adelante. Hoy, imagino, muchos de ellos habrán cumplido 66 años, una cifra nada desdeñable, propicia para contar muchas interesantes historias que habrán vivido.
Pasamos a la portada del 109. En ella se muestran dos escenas del Festival Medieval, a partir de imágenes de un adulto y de niños participantes en este gran evento de Alburquerque.
Entre las informaciones curiosas se encuentra la que hace referencia a la obra de D. Francisco Izquierdo Guzmán, quien fuera alcalde de Alburquerque durante la Dictadura de Primo de Rivera en el siglo pasado. En su haber favorable, cuenta con temas tan relevantes como la creación del paseo de las Laderas, el primer puente de Carrión, el camino vecinal a La Codosera y la promoción de la construcción de lo que hoy es el edificio actual del Ayuntamiento. Conviene, además, apuntar que cuando dejó la alcaldía no tenía ninguna deuda el Consistorio, ya que sacó el mayor rendimiento a los Baldíos.

En el número 110, que cierra el año 2019, aparecen dos fotografías de alguien muy conocido y querido en Alburquerque: José Pámpano. Y estas dos imágenes están muy justificadas, pues como bien se dice en el interior:
“Se inauguró la estatua que la familia del atleta José María Pámpano ha costeado en su totalidad para que el gran atleta alburquerqueño quede inmortalizado para siempre… El caso es que ahí está un hombre que es todo un ejemplo no solo para el colectivo de personas con discapacidad sino para todo un pueblo, porque ha demostrado que, con trabajo, esfuerzo y dedicación, podemos alcanzar grandes metas. Pámpano es el primer alburquerqueño que puede presumir de gozar de una estatua en vida”.
Por cierto, que el autor de esta escultura es, como bien imaginamos, Pablo Lapeña, gran escultor que ha dejado en Alburquerque toda su impronta creativa. No hay más que decir que el Caballero Medieval salió de su taller, convirtiéndose en un símbolo del pueblo.
Tal como indiqué al comienzo, ese año fue de un trabajo intenso en la redacción de Azagala, por lo que en esta ocasión cierro la selección de portadas con la del número 111, correspondiente a enero de 2020, es decir, al inicio de una nueva década, con una imagen ya un tanto clásica: la correspondiente a la Cabalgata de los Reyes Magos.
En este número se hace un extenso reportaje, acompañado de una larga entrevista, a quien fuera el último alcalde socialista de Badajoz: Gabriel Montesinos. Son muchas las preguntas que se le hacen, pero yo quisiera destacar aquella en la que se le interroga acerca de qué dedica su tiempo tras su paso por la política. El propio Montesinos responde:
“Tengo poco tiempo libre. A pesar de que sigo teniendo la casa familiar en Gévora, yo vivo en el campo, al lado de la frontera con Portugal, a 300 metros de la Raya, parcela en la que tengo animales como gallinas, patos, palomas, ninfas, canarios, dos animales de compañía: mis perritas Tagore e Isi, y los trabajos propios del campo”.
¡Esto es lo que se llama “alejarse del mundanal ruido” para encontrar la paz y el sosiego lejos de todos los cachivaches electrónicos con los que nos vemos rodeados!
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