sábado, enero 31, 2026
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Castillos españoles singulares: Jaca

Aureliano Sáinz

Con este artículo pretendo iniciar un recorrido por los castillos más singulares de nuestro país, con el fin de que conozcamos la variedad de fortalezas que pueblan su territorio y, especialmente, para aquellos que son de titularidad pública, saber cómo la institución de la  que depende cuida y potencia su valor como Patrimonio. De este modo, podremos valorar con fundamentos sólidos nuestro Castillo de Luna, al tiempo que sabremos si las actuaciones de la Junta de Extremadura están al mismo nivel que las de otras entidades.

Si miramos hacia atrás, recuerdo que cuando realicé el extenso informe que Adepa presentó acompañando a la demanda interpuesta contra el proyecto de la creación de la hospedería en el Castillo de Luna, en uno de sus apartados, abordé el estudio de las fortalezas abaluartadas existentes en España y en Hispanoamérica. Todo ello como ejemplo de la relevancia que tenían los Baluartes de Alburquerque, sistema defensivo construido por las fuerzas portuguesas ocupantes en el interior del recinto amurallado durante la Guerra de Sucesión en los inicios del siglo XVIII.

Esto que acabo de indicar tiene relación con una de las fortalezas más singulares de nuestro país: el Castillo de San Pedro, es decir, la ciudadela abaluartada que hay en la localidad de Jaca (Huesca), muy cercana a los Pirineos, es decir, a la gran cordillera que separa a España de Francia.

Lo más sorprendente de esta fortaleza es que se encuentra en un perfecto estado de conservación, dado que a lo largo de los siglos nunca hubo que intervenir militarmente en ella, si exceptuamos durante la Guerra de la Independencia, ya que fue ocupada por las fuerzas francesas, por lo que, curiosamente, tuvieron que ser las españolas las que atacaran a los ocupantes para de nuevo recuperarla.

Como ya he manifestado en otras ocasiones, en los que he abordado el estudio de los castillos, la aparición de la artillería supuso un cambio radical en la construcción de las fortalezas medievales, que habían sido levantadas en altura para ofrecer la máxima resistencia ante los ataques. A partir del uso de la pólvora y los cañones en las contiendas militares, ya no tendría tanta la relevancia de la altura de las torres y murallas como el grosor de los muros como sistema de defensa. De ahí que, con la propuesta del ingeniero francés Sébastien Le Preste de Vauban, aparecieran los baluartes como nuevo medio defensivo.

Este sería el esquema utilizado en la construcción de la ciudadela pentagonal abaluartada de Jaca y que, en la actualidad, se encuentra integrada en el propio entorno urbanístico.

Su origen se encuentra en el rey Felipe II, quien encargaría al ingeniero italiano Tiburzio Spannocchi el proyecto y su construcción, con el fin de que la ciudadela fuera cabeza de cuartel de las pequeñas fortificaciones periféricas ubicadas en los pasos montañosos cercanos, al tiempo que serviría para vigilar y controlar a la población de Jaca, ya que seguía manteniendo muy buenas relaciones con la corona francesa.

Las obras comenzaron en 1592, seis años antes de que falleciera el monarca. De todos modos, la construcción se alargó casi un siglo, debido a distintas razones. Como nos indica Juan Carlos Moreno, miembro de la Asociación Española de Amigos de los Castillos, “constantemente hubo que resolver muchísimos problemas, comenzando porque en esta área se hacía muy complicado contratar una mano de obra eficaz; se sufrieron numerosas carencias de financiación, que ocasionaban innumerables parones; a veces se deshacían los elementos construidos ya muy avanzados en cerramientos de edificios, etc.”.

En la actualidad, el castillo de Jaca es propiedad del Ministerio de Defensa; no obstante, en este siglo en el que nos encontramos ha dejado sus funciones castrenses para pasar a otras de carácter civil. Ha sido, pues, a través del Consorcio del Castillo de San Pedro, creado en 2008, por el que se ha buscado un sistema mixto entre distintas instituciones para ayudar a su mantenimiento económico y a las tareas de difusión cultural.

No sé si la creación de Amigos del Castillo de Alburquerque puede tener un cierto paralelismo con lo que ha acontecido con la ciudadela de Jaca, pero lo cierto es que se ha convertido en uno de sus grandes atractivos, de modo que cada año aumenta el número de visitantes, al tiempo que han crecido el número de actividades que se realizan en ese gran espacio, que ha terminado siendo uno de los pulmones de la ciudad oscense.

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