Aureliano Sáinz
Cuando hablamos de bodegas, se nos viene a la mente la imagen de la arquitectura tradicional que hemos archivado en nuestra memoria, ya que el protagonismo icónico lo tienen las barricas que ordenadas y secuenciadas, parecen retar en silencio al paso del tiempo para que, finalmente, salgan de ellas esos exquisitos vinos que forman parte inexcusable de un patrimonio que, a buen seguro, está inscrito en las tradiciones de los diferentes pueblos y culturas.
En Alburquerque, tenemos, por ejemplo, el caso de la bodega Encina Blanca que se ha ganado con el paso del tiempo un enorme prestigio, no solo a escala regional, sino también nacional.
Sin embargo, hemos de admitir que nos movemos en una época en los que los cambios y la innovación, también arquitectónica, han hecho presencia en esos lugares que se resistían a las mudanzas y en los que parecía casi un atrevimiento romper con los cánones establecidos en esas construcciones que albergaban las distintas marcas de las bodegas de nuestro país.
¡Y de qué manera se ha mudado y alterado la imagen cuando el propio Frank Gehry -el arquitecto que proyectó el Museo Guggenheim de Bilbao y que tanta admiración despertó en la ciudad vasca y mucho más allá de ella- se atrevió con unas formas que desafiaban toda lógica dentro de un ámbito con tantas tradiciones en su haber!
Gehry rompió todos los esquemas visuales en la arquitectura de las bodegas hispánicas, cuando los dueños de Bodegas Marqués de Riscal, ubicadas en Elciego, pueblecito alavés, arriesgaron encargándole el proyecto al arquitecto canadiense con un diseño que evocaba los vaivenes del vino cuando se agita dentro de la copa.

Ya que hemos hablado de Frank Gehry, no viene mal que citemos los nombres y los proyectos de otros tres arquitectos foráneos que han recibido el Premio Pritzker de Arquitectura (algo así como el Nobel en esta profesión creativa) y que merece la pena ser citados.
La fotografía que acabamos de ver es de las Bodegas Portia, ubicadas en Gumiel de Izán, un pueblo burgalés. Los dueños se lanzaron hacia una propuesta verdaderamente innovadora cuando se la hicieran a Norman Foster, arquitecto británico de 90 años, Premio Pritzker en 1999, y uno de los de mayor renombre a escala internacional.

Richard Rogers, arquitecto británico, también Premio Pritzker de Arquitectura en 2007 y fallecido en 2021, optó por un diseño algo más tradicional para las Bodegas Protos, radicadas en Peñafiel (Valladolid), a base de arcadas que se entrelazan, aunque vayan disminuyendo de tamaño en un terreno triangular.

No me resisto, aunque haya sido un proyecto menor el que realizó la gran arquitecta anglo-iraní Zaha Hadid, premio Pritzker en 2004, para las Bodegas Viña Tondonia en Haro (La Rioja), cuando los dueños le encargaron la ampliación de esta bodega.

Si pasamos al ámbito hispano, inevitablemente, debemos comenzar por el arquitecto, genial y también polémico, más conocido fuera de nuestras fronteras (todo con el permiso de nuestro Premio Pritzker Rafael Moneo). Nos estamos refiriendo a Santiago Calatrava, quien se encargó de las Bodegas Ysios en Laguardia (Álava). No voy a extenderme en este arquitecto, dado que es un nombre muy conocido.

Las nuevas generaciones de arquitectos españoles también se abren paso con propuestas innovadoras en la construcción de las bodegas. Es lo que acontece con Jesús Merino Pascual con el diseño que propuso y fue aceptado por la marca Bodegas Irius radicada en Barbastro (Huesca).

Cierro este breve repaso acerca de los nuevos diseños de bodegas con la que realizó el estudio, radicado en Madrid, que lleva el nombre de Paredes y Pedrosa (Ángela García de Paredes e Ignacio García Pedrosa). Fue un proyecto encargado por Bodegas Real ubicada en Valdepeñas (Ciudad Real).
Quizás, en otra ocasión, aborde proyectos de arquitectura contemporánea que puedan interesar a los lectores, pues siempre que he escrito en Azagala digital ha sido para tratar la arquitectura de la Edad Media, dado el interés que tiene para nuestro pueblo.
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