JOSÉ NARCISO ROBLES ORANTOS
Entre 1750 y 1754 todas las poblaciones de “las Castillas” fueron sometidas a un interrogatorio con el fin de conocer su riqueza y ajustar así la carga impositiva a cada una de ellas. Fue conocido como el Censo del Marqués de la Ensenada.
De las respuestas facilitadas en el verano de 1753, en que le tocó el turno a Alburquerque, podemos hacernos una imagen bastante aproximada de la realidad social, económica y política de la villa en esa época.

En las siete páginas que publicamos en esta tercera entrega se describe, entre otras cuestiones, que no había biblioteca pública y en el convento de religiosos había un maestro de gramática, un lector de filosofía y uno de moral para seglares. También existían tres maestros de niños, sin salario, solo lo que los padres querían darle, y otras tres maestras de niñas, también sin salarios, que enseñaban a leer, escribir y coser.
Había una administración de correos, pero solo podían enviarse cartas para Valencia de Alcántara, San Vicente y Badajoz, una “Administración de Rentas Reales y Tabacos” y otra de “Real Lotería”.

Existían en Alburquerque dos familiares de Santo Oficio de la Inquisición de Llerena.
En otra de las páginas habla de la dotación militar que había en la villa, de la no existencia de personas que turbaran el orden o la paz, dos médicos, un cirujano y un boticario. No había hospicio ni casa de misericordia.
En otra página se citan de manera pormenorizada todas las cosechas existentes en aquel año 1753 y más adelante de los ríos y puentes y en este último caso solo existía el de Guadarranque.
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