Aureliano Sáinz
Magníficas las dos portadas de Azagala con las que se comienza el año 2017. Con la primera de ellas se confirma que el rojo es el color favorito de la Navidades, tal como vemos en la fotografía del número 88.
Un dato muy curioso que aparece en este número es la información en la que se indica que “el premio Gordo de la Navidad tocó en Alburquerque en 1965 y fue repartido en el Macareno” en la víspera del sorteo. Por cierto, el número era el 49.873, por si alguien quiere volver a tentar la suerte con ese número.
Destaco dos temas de política local: una de ellas en la que se indica que “Ipal se rebela contra un pueblo ‘sin vida ni esperanza’ y dice que los alburquerqueños no pueden esperar al 2030’en referencia al mensaje navideño de Vadillo en el que decía que Alburquerque estará en primera línea mundial en 2030”. [¡Nada menos, y, para colmo, había gente que se creía los disparates que salían de este personaje!] En la otra se apuntaba que “Ángel Rasero dice adiós a la política por motivos personales y para no eternizarse en el cargo”.
En la editorial del número 89, correspondiente a febrero, se apunta hacia el declive que se va apreciando en la fiesta de los Carnavales. Extraigo algunas líneas:
Por mucho que la organización del Carnaval, con todas sus buenas intenciones y ganas, se empeñe en recuperar aquella gran fiesta alburquerqueña de los años 80 y 90, la realidad es que esos tiempos ya pasaron… No estamos diciendo que el Carnaval esté muerto, ni que la organización no haya hecho esfuerzos por mejorarlo, ahí está la buena idea de recuperar el entierro de la sardina. Lo que manifestamos es que no es ni sombra de aquella gran fiesta, ni probablemente vuelva a serlo jamás.

Como no puede ser de otro modo, la portada correspondiente al número de abril tiene que estar dedicada a una de las escenas de la Pasión Viviente que se celebra en el pueblo. De este modo, se muestra imagen central de Cristo portando la cruz al tiempo que es socorrido por una mujer, bajo la atenta mirada de un soldado romano.
Pero si hay algo que quisiera destacar de este número 90 es una de las fotografías que aparece en la contraportada de la revista. Es una espléndida imagen tomada desde el aire de Alburquerque con el castillo al fondo, sobresaliendo de entre las brumas diurnas. Su autor, Sergio Pocostales, la firma con el título de “Emergiendo entre las nubes”.
Pienso que el pueblo y el castillo han sido fotografiados desde múltiples ángulos, por lo que no estaría mal elaborar un archivo con todas esas instantáneas singulares, que podrían servir para mostrar la belleza del pueblo, de su fortaleza y de los entornos que los rodean.
Otro tema a destacar es el que realiza Francis sobre Benavente y que tituló “Érase una vez Benavente, un pueblo feliz en el término de Alburquerque”. Quienes no lo han conocido directamente, caso del que esto escribe, le ayuda a acercarse a una realidad de la que siempre se escuchó pero que no se tuvo ocasión de palparla físicamente.
Sorprendente la portada el número 91. Según me dice Francis, autor la fotografía, se le ocurrió un día que subió con un paciente discapacitado, que solo salía de casa con él, y le llevó a lo alto de una sierra en la carretera de Villar del Rey. Allí le mostró la vista del castillo y vieron la vieja chimenea, de una casa en ruinas, que estaba tirada en el suelo y pensó que sería una imagen original… Al menos, digo yo, es un tanto sugestiva.
Uno de los atractivos que tenía Azagala eran las entrevistas que salían con cierta regularidad. En este número aparecen dos, ambas a doble página. Una de ellas se le hace a un alburquerqueño bajo la denominación de “Alberto Resmella en las maravillas de México” y, la otra, a Jesús González, con el título de “El alburquerqueño que ha convertido el corte de jamón en arte”
Apunto que por entonces la revista tenía 60 páginas y que la realización de las entrevistas implicaba un despliegue añadido de trabajo, de ahí el enorme esfuerzo para que saliera con total regularidad que, por cierto, nunca dejó de cumplirse.

Si hay algo que destacar del número 92, en cuya portada aparece una imagen parcial de la iglesia de San Mateo, cruzada por unas ramas, es la primera Semana Cultural que los familiares de Rafael Fenoll -Tito Morey- junto con el grupo folklórico Albahaca le dedicaron a su memoria. Un amplio número de páginas de Azagala se hizo eco de este evento a alguien tan querido en Alburquerque. La presentación la llevó a cabo Enrique Pírez, colaborador por entonces de la revista. Así comienza y se cierra su extenso escrito:
Vamos a trasladarnos a nuestra más tierna juventud conducidos por el alma aquí presente de quien fue nuestro maestro, en recuerdo de los bonitos momentos vividos junto a él, y como homenaje a la gran figura de Rafael Fenoll Cerdán, por todos conocidos como Tito… Transcurridos más de 40 años desde que nos conocimos, soy su portavoz para dejar constancia de que Tito fue quien sembró la semilla de lo que el grupo Antígona fue y de lo que los demás grupos de teatro que se han creado en nuestro querido pueblo han sido.
Inevitablemente, el número 93, correspondiente al mes de agosto, su portada estaba dedicada el Festival Medieval. En esta ocasión, aparece una niña en primer término mirando a la cámara, al tiempo que detrás de ella se encuentran tres niños ajenos a la lente que los escruta.
En la actualidad, ya todos sabemos que en La Alameda hay un grupo escultórico que denominamos El Caballero Medieval, obra del escultor Paco González Lapeña, nieto, por vía materna, de quien fuera uno de los conocidos maestros de Alburquerque: don Pablo Lapeña. De este modo, su nieto firma sus obras con el apellido de su abuelo.
Pero si hablamos de este magnífico escultor, cuyas obras están repartidas por el pueblo, se debe a que, el 15 de agosto de 2017, previamente se había inaugurado en la Avenida de los Emigrantes otro grupo escultórico formado por una pareja, con el personaje masculino portando una maleta, al tiempo que coge con la mano derecha a la de su acompañante, que a su vez lleva en su brazo una niña.
También en este número se recoge un extenso reportaje del décimo encuentro de Azagala. Sería en esta ocasión cuando José Manuel Leal, el actual presidente del Colectivo Cultural Tres Castillos y responsable de la edición digital de la revista, tomó contacto con una parte de su familia y, de modo especial, con quienes llevaban adelante la revista. Esto lo expresa en un escrito titulado “He vuelto a Alburquerque”, aunque, quizás, José Manuel, en esos momentos, no era consciente de que esa vuelta supondría la gran aventura de crear la edición digital de Azagala, entre otras muchas cosas.

Dos sorprendentes portadas, correspondientes a los números 93 y 94, cierran el año 2017. En ellas, emerge el Castillo de Luna entre brumas y nubes, aunque, bien es cierto, que la correspondiente a diciembre es un montaje de Sergio Pocostales.
Para no extenderme excesivamente, dado que me he alargado en los comentarios anteriores, solo quisiera citar a algunos de los colaboradores que seguían aportando sus trabajos: Eugenio López, Juan Francisco Campos, Antonio Rubio, Lázaro Rubiales, Elías Cortés, Ana Gamero, Antonio Telo, M.ª Cruz Mozo, Teo Collado, Juan y Pepe Toledano, Manuel Unión, Enrique Pírez, Julián Cano, Juan Díaz… Algunos de ellos, como podemos comprobar, ya no están con nosotros, pero su generosidad y sus escritos quedaron plasmados para siempre en las páginas de la revista que representa a Alburquerque.
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